Espagueti de calabacín con salsa pesto

Necesitas:

  • 1 calabacín y ½ no muy gordos
  • 1 paquete de pasta fresca de 250 g
  • 1 diente de ajo
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • sal y pimienta
  • tomates cherry

Para las salsa pesto:

  • 20 g de hojas frescas de albahaca
  • 80 ml de aceite de oliva
  • 1 diente de ajo
  • 30 g de frutos secos
  • 20 g de queso parmesano rallado
  • 2 ó 3 cucharadas de agua
  • sal

Un estudio realizado por Google revela que en España las búsquedas de comida saludable crecen dos veces más rápido que las búsquedas de comida en general.

Por lo que se ve cada vez hay más interés por comer sano, por dejar a un lado los ultraprocesados y consumir comida real, la que se elabora con productos frescos y naturales.

Esta tendencia healthy (sana), que ya se ha convertido en un estilo de vida, ha encontrado en internet un gran aliado. Páginas web, blogs, canales de noticias, redes sociales, etc. facilitan que nos acerquemos a contenidos relacionados con las características y beneficios de una alimentación sana, equilibrada y variada, y que se compartan consejos y recetas para poder poner en practica estos conocimientos. Estos contenidos, que muchas veces corren por la web como la pólvora, y esta curiosidad por temas relacionados con la healthy food (comida saludable) han aumentado el interés por productos nuevos, de otras partes del mundo, en busca de soluciones más saludable —como la de recurrir a especias para reducir la necesidad de salsas preparadas, sal o azúcares—. Y también a otras formas de cocinar, aplicando técnicas diferentes a productos de siempre. Y este es el caso de esta receta de hoy.

Hacer tiras con un calabacín u otra hortaliza simulando pasta, imitando al espagueti o al tallarín, se ha puesto muy de moda. La blogosfera esta llena de recetas que invitan a cocinar los vegetales de esta forma tan divertida y saludable.

Para hacer las tiras del calabacín debes hacerte con algún cortador especifico (espiralizadores, cortadores dentados…), o con un poco de paciencia, si vas a utilizar el cuchillo.

No hace falta que peles el calabacín, déjale la piel porque le queda muy bien. En cambio puede ser que la parte central no te sirva porque se rompe con facilidad y no es difícil darle forma de espagueti. Mejor deja esta parte para otra preparación, como una crema, por ejemplo.

Para evitar que el espagueti de calabacín pierda su textura firme con el calor de la cocción —porque nos interesa que se parezca lo más posible al de pasta real—, enfríalo mucho antes de saltearlo, sumergiéndolo en agua con hielo, y sírvelo al dente.

Esta pasta vegetal se puede cocer o saltear, incluso se puede comer cruda. Hay una cosa que debes tener en cuenta cuando cocines este plato; como el calabacín suelta mucha agua y se cuece muy pronto, los tiempos de cocinado deben ser cortos.

Cuando quiero ponerlo como plato único, mezclo espagueti de pasta fresca con el espagueti de calabacín. Y si tienes niños o adolescentes, es un buen truco para que aprueben el plato al llevar un ingrediente que les encanta, al menos mientras sea una novedad.

Cómo se hace:

Para el pesto:
– La receta original del pesto lleva piñones, pero si no te gustan o te son difíciles de conseguir, sustitúyelos por cualquier otro fruto seco o por una mezcla de varios (los que más te gusten o tengas en casa ).
– Calienta una sartén (sin aceite) y tuesta ligeramente los 30 g de piñones o el fruto seco que hayas elegido. Reserva hasta que enfríen.
– Pon el diente de ajo con la piel en el micro diez segundos a máxima potencia. Si te gusta el sabor potente del ajo salta este paso y utilízalo crudo.
– Pon en la batidora los 20 g de albahaca lavada, el diente de ajo pelado (del micro o no), los 30 g de frutos secos tostados, las tres cucharadas de agua, una pizca de sal y 80 ml aceite de oliva. Tritura todo hasta obtener una pasta homogénea. Después añade 20 g de queso rallado, mézclalo con una cuchara y reserva.

Para el espagueti:
– Lava el calabacín, sécalo y córtalo en forma de espagueti o tallarín. Si tienes un espiralizador, que es un sencillo accesorio que funciona igual que un afilalápiz, deberás girar el calabacín como si fuera un lápiz para conseguir unas tiras largas y delgadas similares a la pasta. Pero si no tienes este «cacharrillo», con un pelador o una mandolina corta el calabacín en láminas y después corta tiras longitudinalmente, imitando los tallarines. Los menos hábiles podéis acercaros al super, a la sección de hortalizas, y comprar los que ya venden listos para utilizar.
– Prepara un bol con agua y hielo para sumergir la pasta vegetal a medida que la vayas cortando (Esto se hace para que conserve la textura).
– Pon agua en una olla para cocer la pasta fresca. Sabes que al ser fresca el tiempo de cocción en mucho más corto que la seca. Cuando esté cocida escúrrela y pásala a una ensaladera.
– Mientras lamina el diente de ajo y dóralo en dos cucharadas de aceite. A continuación añade el calabacín escurrido y saltéalo durante un minuto, revuélvelo con cuidado para que no se rompa.
– Incorpora a la sartén los tomates cherrys, deja unos enteros y otros córtalos a la mitad.
– Añade también dos o tres cucharadas de pesto y mezcla.
– Cuando esté a tu gusto pasa a la ensaladera o fuente en donde has dejado la pasta fresca recién cocida.
– Sirve inmediatamente y acompaña con lascas de queso parmesano o similar y frutos secos. Y pon el resto del pesto en una salsera para quien quiera añadir más.

Esta receta es muy fácil y rápida, e insistiendo en la importancia de llevar una alimentación saludable, la falta de tiempo y el no saber cocinar no es disculpa para dejarnos llevar por lo cómodo y caer en la tentación de comer los «primero que pillamos»

Sugerencias:

En importante que coordines bien los tiempos de cocción que necesitan ambas pastas para que una no tenga que esperar por la otra.

Pasa a una fuente o ensaladera la pasta vegetal después de que le hayas añadido el pesto para evitar que el calor residual de la sartén haga que el calabacín empiece a soltar agua.

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Crema de guisantes con espinacas e hierbabuena

Necesitas:

  • 350 g de guisantes congelados
  • 100 g de espinacas frescas
  • 250 g de patatas
  • 100 g de puerros
  • 30 g de chalotas o cebolla
  • 600 ml de caldo de verduras (o agua)
  • Hierbabuena, sal y pimienta
  • 20 ml de aceite para rehogar las hortalizas
  • Para adornar: yogur griego, semillas de sésamo tostadas, aceite de hierbabuena
  • Para el aceite de hierbabuena: 100 ml de aceite de oliva y hojas de hierbabuena

Todos sabemos lo importante que es incorporar productos de origen vegetal a nuestra dieta, lo fundamentales que son para tener una alimentación saludable. Existen estudios que sitúan la mala alimentación en lo más alto de la lista de factores de riesgo de muerte, al mismo nivel que el colesterol alto, el alcohol y el tabaquismo.

En nuestro país el consumo de vegetales está muy por debajo de los 400 gramos que recomienda la OMS por persona y día, entre frutas, verduras y hortalizas. Y otro tanto pasa con los cereales y legumbres, que preocupa la disminución de su consumo en los últimos 50 años.

Los expertos insisten en la necesidad de modificar nuestros hábitos, en la medida de lo posible, con el objeto de disminuir las enfermedades derivadas de una mala alimentación. Para ello es necesario reducir el consumo de sal, carnes rojas y productos con azúcar, e incluir más frutas, verduras, granos enteros y leguminosas en nuestras dietas.

Las legumbres, por su elevado contenido proteico, son una excelente alternativa a la proteína de origen animal y aunque lo recomendado es que se consuman 2 o 3 veces por semana, en dietas vegetarianas se podría aumentar hasta a 5 veces por semana.

Para que no nos aburran la clave está en cocinarlas de diferentes maneras, y las cremas son una buena forma de hacerlo. Esta de hoy, en que la legumbre es la protagonista, es un buen ejemplo de ello.

Puedes utilizar guisantes frescos, aprovechando que la temporada empieza ahora o comprarlos congelados, se encuentran con facilidad durante todo el año en cualquier super y salen más a cuenta. El resultado te va a encantar igualmente.

El aceite de hierbabuena le aporta aroma y frescor a esta delicada y sabrosa crema de intenso color verde. No te saltes este paso porque es ahí donde está la diferencia. Aquí te dejo también más recetas de aceites aromatizados.

¡Está tan rica que la vas a repetir!

Cómo se hace:

Para el aceite de hierbabuena. Pon en el vaso de la batidora un puñado de hojas de hierbabuena con los 100 ml de aceite de oliva y tritura. Reserva. (Si te sobra puedes guardarlo en la nevera y te durará más de una semana)
Para la crema. Rehoga en una olla con un poco de aceite de oliva las chalotas y los puerros troceados. Añádeles sal y pimienta. No lo hagas con prisas, ni con el fuego fuerte para evitar que se quemen, sobre todo el puerro, que enseguida se pasa. Cuando se vuelvan transparentes añade las patatas peladas y bastante troceadas.
– Después, incorpora las espinacas lavadas y rehógalas un par de minutos.
– A continuación, incorpora los guisantes —no es necesario que los descongeles, con que los enjuagues es suficiente—
– Añade el caldo o en su defecto el agua, cuando empiece a hervir baja el fuego y cocina durante 20 minutos.
– Antes de apagar añade unas diez hojas de hierbabuena a la olla y comprueba que la patata esté completamente cocida. Si todavía está algo dura, continua cocinando cinco minutos más.
– Antes de triturar la crema también deberás comprobar el punto de sal y la cantidad de caldo que ha quedado tras la cocción; es mejor que retires un poco y lo vayas añadiendo a medida que vas triturando, hasta conseguir la textura que te guste.
– Si la batidora es potente ya te quedará una crema lista para llevar a la mesa, si no, pásala por un colador o un chino.
– Sirve la crema con una cucharada de yogur, unas semillas de sésamo tostadas —puedes tostarlas en una sartén sin añadir nada de aceite— y unas gotas del aceite de hierbabuena.

Sugerencias:

– No dudes en usar guisantes congelados, suelen ser muy frescos; desde que se recolecta un producto hasta que se congela pasan muy pocas horas. Y otro tanto ocurre con la conserva, en lata o en bote de cristal (aunque en este caso pierden un poco el color)

Si lo piensas bien, parece que no es necesario comprar un guisante fresco maravilloso —¡y con el precio que tienen!— para espachurrarlo en una crema, yo por eso suelo utilizar uno congelado y reservo los guais para otras recetas.

– Uno de los éxitos de una crema consiste en no cocinar en exceso los productos (hortalizas, verduras…) porque pierden sabor, consistencia y propiedades. Por eso es conveniente atender a los tiempos que necesita cada ingrediente, y si por ejemplo como hoy, utilizamos patata, que tarda más en cocinarse, o bien la ponemos antes en la olla, o la troceamos más pequeña si lo vamos a poner todo junto.

– Si te sobra caldo de la cocción, no lo tires, guárdalo para una sopa o para otra preparación. Lo mejor es añadir desde el principio el agua justa, pero como esto es difícil, puedes tomar como referencia el cubrir dos dedos por encima los ingredientes cuando estén en la olla.

– Aunque no lo indico en todas las recetas, me gusta volver a hervir las cremas después de triturarlas, evita muchos problemas.

Recetas de postres de carnaval que son tradición en Galicia.

Si hacemos un recorrido por las distintas zonas de esta comunidad, encontraremos diferencias en la forma de celebrar estas fiestas, pero en todas ellas hay algo común, un fuerte vínculo con la gastronomía.

Durante el carnaval o «entroido», la cocina tradicional gira en torno a los productos de la matanza del cerdo y a una extraordinaria variedad de postres típicos. Destacaría, lo prolífico de estas fiestas en lo que a recetas dulces se refiere, una perdición para los más golosos: torrijas, flores, buñuelos, chulas, hojas de limón, bicas, etc. Sin olvidarnos de las famosas orejas y filloas.

El éxito de esta repostería probablemente se deba a la sencillez de las recetas y la simplicidad de los ingredientes. Con leche, huevos, harina y azúcar, y jugando con las proporciones, se elaboran estos sencillos dulces caseros que han ido pasando de generación en generación, y que a día de hoy creo que aún siguen gozando de una gran aceptación (solo hay que ver cómo están los escaparates de las pastelerías y confiterías en estas fechas).

Aquí te dejo una recopilación de las recetas que he ido publicando en el blog de los postres de carnaval más tradicionales. ¡Postres para el carnaval o para cualquier otro momento del año!

Filloas de leche


Orejas de carnaval (orellas de antroido)


Chulas gallegas de calabaza o calacú


Torrijas con merengue y natillas


Leche frita


Bica gallega


LECHE FRITA GALLEGA. Receta de Picadillo.

Necesitas:

  • 1 cuartillo de leche -1/2 litro
  • 1 cuarterón de azúcar -115 g.
  • 3 cucharadas de harina -60 g.
  • 4 yemas de huevo
  • Ralladura o piel de limón
  • 2 huevos –para rebozar
  • 1 vaso de pan rallado
  • Azúcar y canela (optativo)

Ya tenemos aquí otro Carnaval (Entroido en Galicia) —aunque este año será «…diferente y triste…», según dijo la concejala de Fiestas—.

Haciendo caso a las autoridades, que hacen un llamamiento a la prudencia y responsabilidad para seguir todas las medidas de seguridad, está claro que este año no será posible disfrutar de estas fiestas como en ediciones anteriores. La mayoría de los ayuntamientos invitan a disfrutar del Carnaval desde casa, adaptando sus programas al contexto actual de la COVID-19.

En esta Comunidad, donde la tradición une la celebración y las ganas de pasarlo bien con la gastronomía, ¡yo ya me he puesto a ello!

Hoy vengo con un postre de los de toda la vida, la leche frita, un delicado dulce que forma parte de un prolífico repertorio de recetas típicas de estas fiestas: torrijas, flores, buñuelos, chulas, hojas de limón, bicas…, sin olvidarnos de las famosas orejas y filloas.

Estas pequeñas porciones doradas de textura cremosa están tan deliciosas que, si no la has probado ¡ya estás tardando! Y si las has probado, pero porque alguien las ha hecho por ti (véase madre, abuelas, tías…), ¡también va siendo hora de que te pongas a ello! Los ingredientes son tan comunes que seguro que ya los tienes en la cocina.

Hay tantas recetas de leche frita: con harina o con maicena, con o sin huevo, con canela, con piel de limón o ambas, rebozada en harina o en pan rallado —¡y ahora haz combinaciones!—. Pues como te decía, ante tanta oferta he escogido esta de Picadillo, del recetario «la cocina práctica». Lo único que he cambiado es la forma del recipiente en donde enfriar la crema, aunque me salga de lo tradicional (por comodidad y estética he utilizado un molde para magdalenas en vez de una fuente, es una forma de conseguir porciones exactamente iguales).

En tu casa en estos Carnavales no puede faltar ninguno de los postres tradicionales, los de toda la vida. ¡Invitan a disfrutar!

Cómo se hace:


Picadillo aconseja mezclar todos los ingredientes, llevarlos al fuego y, sin dejar de revolver, esperar a que la mezcla espese. Después, dejar que enfríe antes de cortar, rebozar y freír.
Pero como me parece demasiado resumir, estos son los pasos detallados:
 
Calienta la leche con la ralladura de limón y la piel. No es necesario
que hierva. Reserva.
En una olla pequeña o un cazo que puedas llevar al fuego pon las yemas y el azúcar. Bátelas hasta que cambie de color la mezcla.
Añade la harina e incorpora un poco de la leche reservada. Poca —solo un chorrito—, la justa para integrar la harina a la mezcla. Revuelve, tiene que quedar con una consistencia muy espesa, —esta es la mejor manera de evitar que se formen grumos—. Ahora ya puedes añadir el resto de la leche. Cuélala antes, si no te gusta encontrar ralladura de limón en la masa.
Pon el cazo en el fuego y no dejes de revolver porque se pega con facilidad, ocurre igual que con la masa de las croquetas. Cocina a temperatura media hasta que espese.
Ahora es necesario que dejes reposar la masa para que enfríe; puedes pasarla a una fuente, estirarla uniformemente con una lengua y una vez fría cortarla y rebozarla; o puedes ponerla en moldes individuales, que solo habrá que volcar para rebozar. En ambos casos enharina ligeramente el recipiente para evitar que se pegue y cubre con papel film «a piel» (deberá tocar la masa) antes de guardar en la nevera.
Cuando haya enfriado y endurecido, vuelca la masa sobre un papel de horno con un golpe seco. (Si ves que se resiste pasa una puntilla todo alrededor)
Reboza la masa de leche frita primero en pan rallado, pasa después por los huevos batidos y otra vez por pan rallado, y fríe en abundante aceite. La temperatura no debe estar muy alta, lo justo para que se doren.
Tampoco añadas demasiada cantidad a la sartén, fríe dos o tres a la vez, primero por un lado y después dales la vuelta para que lo hagan por el otro.
Ve colocando la leche frita en papel absorbente y antes de que enfríe pásala por azúcar con canela.
 

Sugerencias:

Como Picadillo utiliza pan rallado para rebozar la leche frita, en el molinillo de café he molido, muy finito, un poco de pan atrasado que tenía en casa, ¡ha quedado perfecto!

Puedes utilizar harina en vez del pan rallado, queda muy bien, quizá incluso hace un dulce un poco más fino, pero yo no lo he hecho por ser fiel a la receta original.

Una buena idea es preparar la masa el día anterior, para que se enfríe y tome cuerpo durante la noche. Al otro día solo tendrás que rebozarla para freírla, esto simplifica bastante la labor. 

 

Pisto con patatas y huevos

Necesitas:

  • 1 cebolla -200 g
  • 3 dientes de ajo
  • ½ pimiento verde -150 g
  • ½ pimiento rojo -150 g
  • 1 calabacín -200 g
  • 3 ó 4 tomates maduros-350g
  • aceite de oliva
  • sal y pimienta
  • orégano y albahaca
  • azúcar (optativo)

El pisto es un plato muy popular en la gastronomía española. Así como es de popular, así es de fácil; no tiene más secreto que el rehogar unas hortalizas cortadas en trozos pequeños hasta que queden bien pochadas. Aunque el más conocido es el pisto manchego, puedes encontrar variantes de esta receta a lo largo de toda nuestra geografía, probablemente por la variedad de cultivos en las huertas de cada comarca.

La cebolla, el pimiento y el tomate (y a veces también el ajo) deben estar presentes en todo pisto que se precie. Partiendo de estos ingredientes principales, se le van añadiendo otros o cambiando proporciones, según las zonas, gustos y costumbres. Así por ejemplo; el pisto manchego lleva calabacín y a veces comino; en cambio al andaluz se le pone berenjena; al riojano se le añaden huevos batidos, que se revuelven hasta conseguir una mezcla cremosa; el escritor gastronómico gallego Picadillo, en «la Cocina Práctica», también le añade patatas y jamón a su pisto. Y así una larga lista…

Creo que independientemente de la procedencia de la receta, en cada casa se hará aquel que lleve los ingredientes que más gusten o que en ese momento se tengan a mano (ocasión estupenda para dar salida a esos que se van quedando en el fondo de la nevera).

El pisto tiene múltiples aplicaciones; si lo haces con patas fritas y huevos, como yo hoy, puede ser un “aplaudidísimo” plato principal; como guarnición de una carne o un pescado funciona muy bien; en casa nos encanta con pasta o con legumbres. Si lo tienes hecho con antelación, te puede ser muy cómodo para rellenar una lasaña o unas empanadillas, o resolverte un aperitivo de última hora si lo pones sobre una tosta de hojaldre o de pan .

Cómo se hace:

La receta es muy fácil y se le puede sacar mucho partido, como ya has visto. Únicamente debes tener en cuenta los tiempos de cocción de cada producto. Si añades primero a la sartén los que más tardan en hacerse, mantendrás una cocción uniforme. El punto te lo dará el tiempo y dependerá de tus gustos, si te gusta más o menos hecho. Pero, por lo demás…

Puedes cortar de antemano la hortalizas y tenerlas preparadas antes de que empieces a cocinar, o ir cortándolas a medida que las vas necesitando, aprovechando los tiempos que te dejan las distintas cocciones. Yo me quedo con el primero.

  • Pela y corta las patatas en cuadraditos. Déjalas en agua hasta que las necesites.
  • Corta la cebolla, los pimientos y el calabacín —con la piel—, en cuadraditos pequeños.
  • Pela los tomates y rállalos.
  • Pica el ajo muy finito.
  • En una olla o sartén alta calienta tres o cuatro cucharadas de aceite —probablemente a medio cocinado necesites añadir un poco más—.
  • Cuando esté caliente rehoga la cebolla y el ajo. Antes de que cojan color añade los pimientos, y saltéalos un par de minutos. Después baja el fuego y añádeles sal y pimienta.
  • Revuelve de vez en cuando para evitar que se pegue, pero no lo hagas en exceso porque corres el riesgo de que se deshagan los pimientos y se les separe la piel , lo que le dará al pisto una textura poco agradable .
  • A los diez minutos incorpora el calabacín. Si ves que lo necesita, añade un poco más de aceite. Cocina durante 5 minutos más.
  • Por último incorpora el tomate y las hierbas. Sube el fuego y mantenlo así hasta que empiece a burbujear, después cocina a fuego suave hasta que el tomate esté bien frito, unos 10/15 minutos. Esta vez añade agua en el caso de que consideres que necesita algo más de líquido.
  • Cuando las hortalizas estén blanditas prueba el punto de sal y rectifica si es necesario. En este punto también puedes añadir una cucharadita de azúcar, si lo encuentras algo ácido.
  • Escurre las patatas del agua y fríelas en abundante aceite. Fríe también los huevos.
  • A la hora de servirlo me gusta poner el pisto debajo, a continuación las patatas para que se mantengan secas y crujientes, y encima de las patatas el huevo. ¡Verás que fiesta cuando rompas la yema…!

Sugerencias:

Si crees que le vas a sacar partido, haz bastante cantidad. En la nevera, en un bote bien cerrado, aguanta hasta casi una semana. También puedes congelarlo en pequeñas cantidades

¡Y un consejito! Entre paso y paso de la receta no te quedes delante de la sartén, cuchara en mano, como si fueras un centinela con su arma haciendo guardia en una garita porque te vas a aburrir, o peor aún, a impacientar, y te vas a liar a revolver… y revolver…, y vas a dejar el pisto hecho una papilla (a no ser que te guste así). Eso no quiere decir que abandones el puesto de guardia —o cocina—, aprovecha para hacer algo: quita cacharros del fregadero, vacía el lavavajillas, organiza el cajón del pan… ¡yo qué sé!. ¡Pero revuelve lo justo! —¡A mí me da resultado!.—


LOS PASOS CLAVE:

Pela, corta las patatas en cuadraditos y déjalas en agua hasta que las necesites.
Corta la cebolla, los pimientos y el calabacín con piel, en cuadraditos pequeños.
Pela los tomates y rállalos. Y pica el ajo muy finito.
Pon un poco de aceite en el fondo de una sartén. Cuando esté caliente sofríe ligeramente la cebolla y el ajo.
Añade los pimientos y saltéalos un par de minutos. Ponles sal y pimienta. Cocina a fuego bajo unos 10 minutos.
Incorpora el calabacín a la sartén. Cocina durante 5 minutos. Revuelve de vez en cuando.
Por último sube el fuego y añade el tomate y las hierbas. Cuando hierva baja el fuego y cocina hasta que el tomate esté bien frito. Unos 10/15 minutos
Escurre las patatas y frielas en abundante aceite. Fríe también los huevos.
Sirve primero el pistos, cúbrelo con las patatas y encima de todo el huevo o los huevos fritos

¡¡¡Y a disfrutar!!!!!

Chocolate de Reyes con picatostes

Este año la Navidad, ya a punto de acabar, está siendo diferente. Para muchas familias la enfermedad y los duelos han teñido de gris estas atípicas Fiestas. Y para los que hemos tenido la suerte, por ahora, de no haber contraído el virus, nos hemos visto obligados a renunciar a muchas de nuestras costumbres navideñas. Y aunque las medidas restrictivas han limitado los desplazamientos, los reencuentros y los aforos de las celebraciones a exclusivamente los núcleos familiares, con cierta dosis de ilusión seguro que estas están siendo igualmente unas buenas Navidades. Este año tocó vivirla de otra manera, pero por delante quedan muchísimas Pascuas para que podamos celebrar como queramos y nos apetezca (aunque me han dicho por ahí que alguno le vio ventajas a esto de ser pocos a la mesa… y que de ahora en adelante…)

Esta vez tampoco habrá ni churros, ni roscón, pero si habrá picatostes, que son como la versión vaga del churro (Llevan los mismos ingredientes, harina, agua y sal. Para los churros hay que hacer una masa y para estos hay que trabajar menos, se utiliza pan del día anterior)

Como te decía, las fiestas de este año ya están rematando, pero aun queda la traca final, el día más esperado y emocionante del año para los más pequeños —y no tan pequeños—, el mágico día de Reyes. En mi casa un día completito. A la mañana de abrir e intercambiar regalos le sigue la merienda de la tarde; el clásico chocolate con churros, picatostes o roscón de reyes. Una reunión que empecé a celebrar cuando los niños eran muy pequeños. Recuerdo tardes en las que nos juntábamos hasta treinta personas entre abuelos, tíos , primos, padrinos y algún que otro amigo —Parece que lo estoy viendo: camas llenas de abrigos, papeles de regalo por todas partes, niños correteando con los juguetes nuevos, y los mayores en el salón tomando posición para disfrutar de un chocolate caliente y los tradicionales postres de rigor, infalibles para recuperarse del inevitable madrugón de las mañanas de Reyes—. Este año por primera vez en mucho tiempo no va a ser así, no vendrá nadie a casa, pero sí habrá chocolate con picatostes, para mi «núcleo familiar» y para compartir contigo.

CHOCOLATE:

Después de tantos años preparando el chocolate para el día de Reyes, con el tiempo he ido introduciendo cambios y probando distintas marcas y formas de cocinarlo, y esta es sin duda la que más me convence. No tiene una ciencia especial pero siempre lo alaban mucho. Suelo utilizar dos clases de chocolate, el específico para hacer chocolate a la taza y una pequeña parte de chocolate para postres, además de leche semidesnatada, y nunca nunca lo espeso con maicena, ni añado nata.

Necesitas:
  • Una tableta de chocolate para hacer a la taza de 300 g
  • 100 g de chocolate para postres
  • Litro y medio de leche
Como se hace:
  • Fíjate en las indicaciones del envoltorio del chocolate que hayas comprado, normalmente ya indican la cantidad de pastillas por tazas de leche y por persona, pero las cantidades que te doy te pueden servir de pauta.
  • Separa las pastillas del chocolate a la taza, reserva el otro (no hace falta que lo ralles como antiguamente).
  • En una olla amplia pon la leche y espera a que se caliente, pero que no hierva. Cuando la leche humee apaga el fuego y añade el chocolate troceado. Revuelve hasta que se disuelva. Vuelve a poner la olla al fuego y ármate de paciencia, a fuego medio y sin dejar de revolver espera hierva. Debe cocer durante un rato. Comprobarás que a medida que va cociendo se va oscureciendo y espesando. Ten mucho cuidado porque se pega con facilidad y coge enseguida sabor a quemado.
  • Cuando esté prácticamente hecho, lo notarás por la textura y por el agradable olor que impregnará tu cocina, añade el chocolate para postres y sigue revolviendo hasta que se funda completamente.
  • Aparta la olla del fuego y deja que repose. Irá espesando a medida que enfríe. Si cuando lo vayas a servir está muy espeso aligéralo con un poco más de leche.
  • Y no tiene más complicación.
Sugerencias:

Como lleva un poquito de tiempo puedes hacerlo con antelación, incluso de un día para otro, dejarlo en la nevera y calentarlo en el momento de servirlo.

PICATOSTES:

¡Receta fácil donde las haya!

A mi me gusta cortar el pan en rebanadas alargadas para facilitar que el picatoste entre sin dificultad en la taza, en el caso de que se quiera mojar en el chocolate. El picatoste debe quedar dorado y crujiente por fuera y jugoso por dentro, y eso se consigue bañando el pan en leche antes de freírlo. (¡Ojo, bañándolo no empapándolo! porque se te romperá)

Necesitas:
  • Pan de uno o dos días
  • 300 ml de leche
  • Aceite de oliva poco ácido
  • Azúcar
Como se hace:
  • Corta el pan en rebanadas largas y estrechas.
  • Si el pan está muy duro calienta un poco la leche en el micro. Si es del día anterior no hace falta.
  • Baña el pan en la leche, sumérgelo completamente. Después pásalo a un colador para que escurra el posible exceso que haya cogido.
  • En una sartén o cazo pon suficiente aceite de oliva y cuando esté caliente ve friendo el pan en tandas. Tan pronto se doren los picatostes retíralos a un plato con papel absorbente.
  • Espolvorea con azúcar antes de que enfríen.
Sugerencias:

Si no has probado así los picatostes, dales una oportunidad porque están buenísimos. Estoy convencida de que te van a encantar, como me pasó a mi la primera vez que los hice.

¡Si no te convencen mis argumentos, a lo mejor lo hace esta imagen!

¡Feliz tarde de reyes!

Rosada a la portuguesa

Necesitas:
  • Una rosada de 1 k, más o menos
  • 350 g de pimientos en tiras (rojo, verde, amarillo)
  • 400 g de cebolla cortada en plumas delgadas
  • 1 cucharada de pimentón dulce
  • Sal y aceite de oliva
  • ½ vaso de vino de blanco (Oporto sería ideal)
  • 100 g de harina para rebozar el pescado
  • 3 o 4 patatas
  • Perejil

El de hoy es un plato sencillo, con pocos ingredientes, pero muy sabroso. Es una receta típica del norte del país vecino que tradicionalmente se elabora con bacalao, producto del que el pueblo luso es el primer consumidor del mundo. Aunque no seas muy amante de este pescado, te aseguro que cocinado de esta manera no podrás resistirte. Si aun así tienes reservas y no te convence porque «no te gusta el bacalao ni de frente ni de lao», entonces prueba a sustituirlo por otro, por el que más te guste, verás que es una preparación que se adapta a cualquier pescado que elijas; merluza, salmón, rodaballo,…

Cuando voy a la compra puedo cambiar de idea sobre la marcha en función de las ofertas del día, y aunque en casa sí que nos gusta el bacalao, como has podido comprobar por los ingredientes al inicio de este post, lo he sustituido por una rosada, aprovechando que estaba a muy buen precio.

La rosada es un pescado blanco de carne firme y con muy pocas espina. Admite las mismas preparaciones de la merluza, y al cocinarla al horno se vuelve tersa y sabrosa.

Las tres clases de pimientos que he indicado arriba no son imprescindibles, yo los he utilizado porque se dio la casualidad de que los tenía en casa, pero el rojo y el verde son suficientes.

Las patatas las he hecho a parte en el microondas porque en casa las preferimos así, pero lo clásico es guisarlas con el pescado. En este caso tendrás que córtalas en ruedas de medio centímetro y freírlas antes que la rosada. Cuando las tengas, colócalas en el fondo de la fuente para ir poniendo encima el pescado y el resto de ingredientes, siguiendo la receta.

Este es un plato al que le sacarás mucho partido, te hará quedar bien en cualquier reunión familiar, con amigos, compañeros…

Como se hace:
  • Pide al pescadero que te limpie y corte el pescado en toros no demasiados delgados, así evitarás que se rompan con el cocinado. Ya en casa, lávalo ligeramente para eliminar restos de sangre o alguna escama que le haya podido quedar y sécalo bien con papel de cocina. (Como la cabeza no se va a utilizar puedes congelarla, te vendrá bien para el caldo o el fumet de otra receta)
  • Sofríe la cebolla y los pimientos por separado —si utilizas dos sartenes acabarás antes—. Pon un poquito de aceite de oliva en cada una y espera a que se calienten. En una sartén pon la cebolla y en la otra los pimientos. Añade sal a ambas y no te olvides de revolver con frecuencia.
  • Cuando los pimientos estén blanditos retíralos a un plato y reserva.
  • Como la cebolla tiene que estar muy bien pochada, deja que se siga cocinando. Mientras sala la dorada y rebózala ligeramente en harina. Añade un poco más de aceite a la misma sartén en la que habías rehogado los pimientos y fríe el pescado (no tiene que quedar totalmente frito, con que coja color es suficiente, porque se terminará de cocinar en el horno).
  • A estas alturas la cebolla ya estará bien pochada. Añádele una cucharada rasa de pimentón —baja el fuego para que no se queme—, revuelve para que se integre uniformemente. Después agrega el medio vaso de vino de Oporto y sube el fuego para facilitar que se evapore el alcohol. Cocina la cebolla unos tres minutos más antes de apagar el fuego.
  • En una fuente apta para el horno coloca el pescado, procura no amontonarlo. Cubre cada porción de rosada con la cebolla y reparte por encima los pimientos. Puedes espolvorear un poquito de harina de maíz o pan rallado para que los pimientos queden ligeramente crujientes, pero no es imprescindible.
  • Para acabar, enciende el horno a 160º C y cocina la rosada entre 15 y 20 minutos.
  • Mientras prepara las patatas. Pélalas, córtalas en gajos y ponlas en un recipiente que pueda ir al microondas. Añádeles sal, dos cucharadas de agua, una hoja de laurel y cuécelas en el micro durante 6 minutos a potencia máxima (programa primero 3 minutos, revuélvelas con cuidado para no romperlas, y después los otros 3)
  • Espolvorea un poco de perejil picado antes de llevar la rosada a la mesa. ¡Buen provecho!
Sugerencias:

La receta apenas tiene complicación, únicamente hay que estar muy pendiente de los tiempos para evitar que se quemen los pimientos, la cebolla, el pimentón, … o se pase el pescado. Un pequeño despiste arruinaría todo el plato.

Evitarás que se queme el aceite si sacudes cada toro de pescado, para eliminar el exceso de harina, antes de añadirlo a la sartén .


Los pasos clave:

Limpia y corta el pescado en toros no demasiados delgados. Lávalo y sécalo bien con papel de cocina. Sofríe la cebolla y los pimientos por separado. Añádeles sal y revuelve con frecuencia.
Cuando los pimientos estén blanditos retíralos a un plato y reserva.
Sala la dorada y rebózala ligeramente en harina. Añade un poco más de aceite a la misma sartén donde habías rehogado los pimientos y fríe el pescado.
Cuando la cebolla esté bien pochada, añádele una cucharada rasa de pimentón —baja el fuego para que no se queme— . Después agrega el medio vaso de Oporto y sube el fuego para que se evapore el alcohol. Cocina durante unos tres minutos más.
En una fuente para el horno coloca el pescado. Cubre con la cebolla y después reparte por encima los pimientos. Puedes espolvorear un poco de harina de maíz o pan rallado para quede más crujiente, pero no es imprescindible.
En el horno a 160º C cocina la dorada entre 15 y 20 minutos.
Mientras pela las patatas, córtalas y ponlas en un recipiente que pueda ir al microondas. Añádeles sal, dos cucharadas de agua y una hoja de laurel. Cuécelas en el micro durante 6 minutos (programa primero 3 minutos y después otros 3, revolviendo en medio)
Espolvorea un poco de perejil picado antes de llevar a la mesa.

Empanada gallega de atún, de la abuela Toñita

NECESITAS:

Para la masa:

  • 500 g de harina de fuerza + la que necesites para el amasado
  • 25 g levadura fresca (unos 6 g de levadura seca)
  • 2 huevos
  • 2 cucharadas de mantequilla (unos 60 g)
  • 1 vaso de leche (unos 200 g)

Para el relleno:

  • 500 g de cebolla
  • 1 lata grande de bonito o atún en aceite de oliva
  • 2 huevos cocidos
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • 60 g de aceite de oliva virgen extra
  • Sal

Que mi madre es muy buena cocinera, no es la primera vez que lo digo, ni la primera receta de ella que comparto. Aunque en general tiene buena mano para la cocina, es verdad que hay algunos platos que borda, y la empanada esta entre ellos, ¡la hace como nadie! Sea de lo que sea: de vieiras, de xoubiñas, de mejillones, de bacalao con pasas, de lomo, de pollo, de lacón con grelos… ¡cada cual más buena! Y por supuesto también, la superpopular empanada de atún, que, aunque rica,  no es una de mis favoritas. Mira si es conocida, que no tienes más que buscar en Google  «recetas de empanada» y verás que la gran mayoría son de atún. También podrás comprobar que hay gente que erróneamente piensa que es la empanada tradicional de Galicia —Según la suegra de mi hermana, el añadir atún a la «zaragallada» de la empanada es un invento reciente, ¡y ni que decir tiene que no le gusta nada!—

Además verás que se recogen muchas recetas diferentes bajo el título de empanada gallega (como suele suceder en todo lo relativo a la cocina…no hay una receta única). Y esto se debe a que no se hace igual en el interior que en la costa, que puede variar de una provincia a otra, e incluso llega a ser diferente dependiendo de la estación del año.

¡Así que voy ya con la receta de esta empanada gallega y algunos truquillos de mi madre, también gallega, para que te salga perfecta!

Empecemos por la masa, que tiene y su importancia: una mala masa es igual a una mala empanada. Para que el amasado sea un éxito, piérdele el miedo, ponle cariño y grama la masa, es decir, una vez amasada tienes que continuar el amasado añadiendo alguna grasa —mi madre lo hace con mantequilla— queda un poquito hojaldrada y riquísima. En cuanto al grosor, hay a quien opina que cuanto más fina mejor. A mí, particularmente, me gusta un poco gordita, pero aquí ya interviene el gusto de cada uno.

Para la farsa o «zaragallada», mi madre utiliza bastante cebolla muy picada, y la pocha mucho rato a fuego medio/bajo. También puede añadirle pimientos, rojo o verde, pero nunca le pone tomate.

Por último, el ingrediente principal, el atún o bonito, lo que prefieras. Normalmente utiliza uno en aceite, es más práctico.

Y antes de pasar a la receta, voy a hacer un resumen de las características más comunes, que he visto por ahí…, que pueden ser un distintivo de la empanada tradicional gallega:

  1.  No necesariamente tiene que estar rellena de atún, tradicionalmente se utilizaban productos de la zona, casi siempre de la huerta, del mar o matanza, y por supuesto restos de otra preparación —no hay que olvidar que la empanada de diario es una receta de aprovechamiento—.
  2.  La masa se solía gramar: con aceite, manteca, mantequilla, grasa de cerdo e incluso parte del aceite del mismo sofrito. Gramar= volver a amasar con una grasa.
  3.  Salvo alguna excepción, la farsa o «zaragallada» no llevaba tomate.
COMO SE HACE:

Masa de empanada:

– La que hace mi madre, como ya te he dicho, es una masa gramada con mantequilla —ella dice que antiguamente se empleaba manteca de vaca— ¡es riquísima, ya lo comprobarás!

– Puedes mezclar todos los ingredientes en un cuenco amplio o trabajarla sobre la mesa. Aunque lo primero es más cómodo, hoy lo he hecho sobre la mesa, al estilo tradicional.

– Calienta la leche, sin que llegue a hervir.

–  Haz una montaña con la harina, distribuye por encima la levadura fresca desmenuzada con las manos y la mitad de la mantequilla. (Si utilizas levadura seca sigue las instrucciones del fabricante)

– Añade la sal en una esquinita (unos 10 g), intenta que no toque la levadura para que esta no pierda eficacia.

– Haz un hueco en el centro, añade los dos huevos y ve removiendo con la mano y añadiendo la leche templada poco a poco. Trabájala hasta que integres todos los ingredientes. Lo difícil es que no se escapen los líquidos por los lados (¡Creo que lo del cuenco funciona mejor!). Al principio la masa estará un poco pegajosa, pero debes insistir con el amasado hasta que esté firme y elástica. Puedes añadir un poco de harina a la mesa si ves que el amasado se te resiste.

– Ahora vamos con el gramado. Estira la masa ligeramente, distribuye por encima la mantequilla reservada, y vuelve a juntar la masa envolviendo y atrapando la mantequilla. Trabájala hasta que absorba la grasa completamente. (¡Aunque creas que es imposible, ya verás como lo consigues!)

– Haz una bola, deja que repose en un bol enharinado y tapada con un paño lejos de corrientes de aire. Tenla así durante una hora, más o menos, para que doble su volumen. Mientras haz el relleno.

Relleno:

– Cuece dos huevos durante 10 minutos, contando desde que el agua rompa hervir.

– Pela las cebollas y pícalas muy pequeñas.

– Calienta el aceite en una sartén e incorpora las cebollas. Sofríelas a fuego medio/alto unos 3 minutos, después baja el fuego, añádeles sal y cocínalas durante 20/30 minutos. Revuelve de vez en cuando.

– Puedes añadirle un poco más de aceite si observas que el sofrito se ha secado durante el cocinado, puedes incluso utilizar un poco del aceite de la lata del atún.

– Transcurrido el tiempo de cocción, las cebollas estarán blanditas y algo doradas, incorpora una cucharadita pequeña de pimentón y el bonito o atún desmenuzado y bien escurrido.

– Corta los huevos, añádelos a la farsa o «zaragallada» y retira la sartén del fuego.

Montaje:

– Las cantidades de esta receta son para una empanada del tamaño de la bandeja estándar del horno.

– La masa habrá doblado su tamaño, córtala en dos. Enharina ligeramente la mesa de trabajo y con el rodillo estira la primera mitad hasta dejarla del tamaño de la bandeja del horno (pon papel de hornear en la bandeja antes de colocar la masa encima). Estírala más o menos, en función de lo gruesa que quieras que te quede la empanada, teniendo en cuenta que va a crecer un poco al hornearla. 

– Distribuye el relleno sobre la base procurando que no llegue a los bordes. Estira la otra mitad y tapa la empanada. La masa que sobre recórtala con un cuchillo, puedes utilizarla para hacer algún adorno.

– Por último, sella los bordes de la empanada con un retorcido, plisado, dobladillo… Pincela con un huevo batido la superficie (también puedes utilizar aceite). Y no te olvides de hacer un agujero pequeño en el centro, a modo de chimenea.

– Coloca la bandeja una ranura más abajo de la mitad del horno. Cuece en el horno precalentado a 180º  (con aire)/ y 200º (sin aire), hasta que la empanada esté dorada por encima y cocida en la base.

– Se puede comer caliente o fría. 

SUGERENCIAS:

– Al hablar de empanada de atún, no estamos hablando necesariamente de una empanada gallega, incluso puede ser una tarta o un pastel. Prueba a hacerla con una receta gallega y rellénala con otra cosas, te va a sorprender gratamente.

– Yo retiro todo el aceite de la lata del bonito antes de incorporarlo a la preparación para evitar que el relleno quede demasiado grasiento.

– Para mi es importante pochar y picar mucho la cebolla de las «zaragalladas». No me gusta demasiado comer una empanada con la cebolla crujiente, como si se hubiera rellenado con un salpicón. Y no digamos nada de esos trozos largos de cebolla que salen de la empanada y quedan colgando cada vez que le das un mordisco, es superincomodo —sobre todo cuando vas de tapas y la estás comiendo con las manos y de pie—.

– Les puedes dar la forma que quieras, redondas, cuadradas, rectangulares… Solamente tienes que tener la precaución de que te entren en el horno.😉

– Por cierto, y con el permiso de mi madre, te recomiendo que amases en un cuenco, por lo menos al principio. ¡Valiente engorro hacerlo en la mesa!

LOS PASOS CLAVE:
Masa:
En un cuenco amplio o sobre la mesa,pon la harina,
la levadura desmenuzada, la mitad de la mante-
quilla,la sal y los huevos. Ve removiendo y aña-
diendo la leche templada poco a poco. Mezcla hasta
integrar los ingredientes. Trabájala  hasta que la 
masa esté firme y elástica.
Para gramar la masa: estírala ligeramente, 
distribuye la mantequilla reservada y vuelve a 
juntar la masa envolviendo y atrapando la mante-
quilla. Amásala hasta que la absorba toda.
Haz una bola, deja que repose en el bol enharinado 
y tápala con un paño lejos de corrientes de aire, 
durante una hora.
Relleno:
Cuece los dos huevos.
Pela, pica muy pequeñas y sofríe las cebollas. 
Añádeles sal y cocina durante 20/30 minutos
Añade el pimentón y el bonito o atún escurrido.
Corta los huevos y añádelos a la «zaragallada»
Montaje:
Corta la masa en dos, estira sobre una mesa 
enharinada la primera mitad, que será la base.
Colócala sobre una bandeja de horno con papel 
sulfurizado.
Distribuye el relleno encima sin llegar al borde.
Estira la segunda mitad de masa y tapa la empa-
nada. Sella los bordes con un dobladillo.
Con los recortes sobrantes haz algún adorno.
Pincela la superficie con huevo batido y haz un 
agujero en el centro a modo de chimenea.
Cuece en horno precalentado a 180º (con aire) 
o 200º (sin aire) hasta que se dore.

Tarta Mimosa de piña (receta italiana)

NECESITAS:

Para los bizcochos

  • 8 huevos (2 horas como mínimo a temperatura ambiente)
  • 140 g de harina floja (la común)
  • 30 g de maicena
  • 125 g de azúcar
  • Ralladura de limón
  • Una pizca de sal (optativo)

Para la crema diplomática

  • 500 ml de leche
  • 4 yemas
  • 120 g de azúcar
  • 40 g de maicena
  • Piel de un limón
  • 250 g. de nata 35% MG
  • 300 g de piña en almíbar

En Italia tienen la tradición de regalar a las mujeres un ramito de mimosas el Día  de la Mujer, tradición que se inició en 1.946, y que simboliza de la energía femenina italiana. También tienen la tradición de elaborar una espectacular tarta cada 8 de marzo que simula una gran mimosa, de un alegre e intenso color amarillo.

Me gusta tanto esta idea que, aunque nació con la finalidad de conmemorar el Día de la Mujer, la he cogido prestada para celebrar otro día también muy especial para las mujeres. Una ocasión que este año viviremos de una manera diferente, porque este domingo 3 de mayo será el Día de la Madre en España, una fecha que estará marcada por el confinamiento y el coronavirus.

Pero no hay razón por la que no podamos celebrar el Día la Madre como se merece. Y te propongo hacerlo a través de la comida, poniendo en práctica todo lo aprendido durante el confinamiento, ¡que a muchos les ha dado por cocinar!

Aquí dejo una variante de esta clásica tarta mimosa, que es tan rica como fácil, y que cualquier pretexto te servirá de excusa para repetirla. Y si este domingo no vas poder celebrar esta festividad, por el motivo que sea, ve practicando la receta para cuando todo esto vuelva a la normalidad, porque lo cierto es que cualquier día es bueno para celebrar el día de la madre, o del padre, quien también lo tenga pendiente.

¡¡¡Feliz día de la Madre!!!

COMO SE HACE

Bizcochos:

– Engrasa los moldes con mantequilla y enharínalos, tanto la base como las paredes. He utilizado dos moldes; uno redondo 23 cm y otro rectangular de 11,5 x 25 cm . El  bizcocho redondo es para los pisos de la tarta y el rectangular para recortar en cuadraditos y adornar la tarta simulando las flores de la mimosa.

– En un bol grande bate los huevos, el azúcar, la ralladura de limón y la pizca de sal. Bate hasta que la mezcla blanquee y aumente su volumen. Tardará entre 12 y 15 minutos, dependiendo del tipo de batidora o robot que utilices. Sabrás que está cuando levantes las varillas y la mezcla escriba al caer (a este momento se llama punto de cinta).

– Mientras precalienta el horno. Yo utilizo aire a 170ºC, pero si utilizas horno convencional (arriba y abajo) ponlo a 190ºC.

– Junta la harina y la maicena. Tamiza las harinas sobre los huevos y unifica la mezcla, utilizando una lengua de silicona, con movimientos suaves y envolventes para que no pierda el aire que has metido al batir. Vierte la masa en los moldes e iguala la superficie con unos ligeros «meneos». Hornea los bizcochos unos 22 minutos (con aire)/ 30 minutos (sin aire)

– Transcurrido el tiempo, si se despegan ligeramente de las paredes de los moldes probablemente ya estén cocidos, pero para más seguridad, pínchalos en el centro con un  palillo largo, deberá salir limpio. Lo que no debes hacer es abrir el horno antes de los 20 primeros minutos de cocción porque se te bajaran los bizcochos por el centro, seguro.

– Cuando estén cocidos sácalos del horno y espera a que pierdan un poco de calor para demoldarlos — lo justo para que no te quemes— después colócalos en una rejilla para que se enfríen totalmente.

– El redondo córtalo en tres discos para rellenar.

– Al rectangular debes quitarle todos los bordes marrones, para que quede únicamente la parte amarilla. Córtalo en tiras y después en cuadraditos pequeños. Resérvalos para adornar la tarta.

Crema diplomática:

– Calienta la leche con la piel de limón (lo puedes hacer en el micro)

– Bate las yemas con el azúcar en un cuenco. Añade la maicena y mézclala bien.

– Agrega la leche al bol y revuelve hasta integrar los ingredientes perfectamente.

– Pasa la mezcla a un cazo  previamente colada para retirar las pieles de limón, un posible grumo o alguna  impureza de los huevos.

– Pon la olla al fuego y revuelve continuamente la crema con un batidor para evitar que se pegue. Cuando espese pásala a un recipiente de cristal para que enfríe y cúbrela con papel de film a piel (en contacto con la crema)

– Monta la nata ligeramente y guárdala en la nevera.

– Corta la piña en trocitos pequeños y ponlos en un colador para que escurra el almíbar (El almíbar no lo tires).

– Cuando la crema esté fría —métela un rato en la nevera si quieres acelerar el proceso— bátela hasta que esté suave. 

– Separa media taza de crema y media de nata para decorar y mézclalas. A la crema restante añádele los trozos de piña.

– Por último incorpora la nata con movimientos delicados.

Montaje:

– Coloca el primer disco sobre la fuente de la tarta. Mójalo con un pincel empapado en el almíbar de la piña. Cúbrelo con la mitad del relleno y repártelo hasta los bordes.

– Coloca encima el siguiente disco de bizcocho. Vuelve a pincelar con el almíbar y coloca el resto del relleno.

– Tapa la tarta con el tercer bizcocho y también bañado con el almíbar de la piña.

– Distribuye la crema reservada por toda la tarta (superficie y lados), hará de pegamento para los trocitos de bizcocho con los que deberás cubrir toda la tarta 

– Deja que repose la tarta en la nevera durante unas horas. Cuanto más tiempo esté mejor. Incluso la puedes dejar de un día para otro.

SUGERENCIAS:

– Los tiempos de cocción de los bizcochos son orientativos, cada horno es un mundo. Tendrás que experimentar con el tuyo hasta que lo conozcas un poco.

– Puedes prepara los bizcochos un día o dos antes. Si te anticipas con alguna de las preparaciones, te será aún más fácil y solo tendrás que armar la tarta.

– Puedes usar tanto piña enlatada como fresca, pero la enlatada tiene la ventaja de que ya no necesitas hacer un almíbar para bañar el bizcocho.

– Si empleas huevos de casa la tarta tendrá un amarillo más intenso.

 

Los pasos clave:
Bizcochos:
Engrasa y enharina 2 moldes. Uno redondo de 23 cm
y otro rectangular de 11,5×25 cm.
Bate huevos, azúcar, ralladura de limón y sal, 
hasta que la mezcla blanquee y aumente su volumen.
Mientras precalienta el horno(con aire a 170ºC y
sin aire a 190ºC.)
Añade las harinas tamizadas y mézclalas con movi-
mientos envolventes. Vierte la masa en los moldes
y hornea los bizcochos unos 22 con aire, y entre
30 y 35 sin aire.

Comprueba pinchando con un palillo cada bizcocho, 
tendrá que salir limpio para que estén cocidos.  
Desmolda los bizcochos y colócalos en una rejilla 
para que se enfríen.

El redondo córtalo en tres para rellenar.
Al rectangular debes quitarle todos los bordes 
marrones y utilizar únicamente la parte amarilla. 
Córtalo primero en tiras y después en cuadraditos 
pequeños.

Crema diplomática:
Calienta la leche con la piel de limón. 
Bate las yemas con el azúcar y añade la maicena,
mézclala bien. Agrega la leche al bol e intégrala 
con los otros ingredientes.
Cuela la mezcla en un cazo y ponlo al fuego.

Revuelve continuamente para que no se pegue. 
Cuando la crema espese pásala a un bol para que 
enfríe. Cúbrela con film. Puedes meterla en la 
nevera, si quieres acelerar el proceso.

Monta la nata ligeramente y guárdala en la nevera.
Corta la piña en trocitos pequeños y ponlos en un 
colador. Reserva el almíbar.
Bate la crema fría ya hasta que esté suave. 
Separa media taza de crema y media de nata para
decorar. A la crema restante añádele los trozos de
piña y la otra nata.

Montaje:
Coloca el primer disco de bizcocho sobre la fuente 
de la tarta, pincela con el almíbar de piña y 
cúbrelo con la mitad del relleno.

Coloca encima el siguiente disco de bizcocho, 
vuelve a bañar con almíbar y cubre con el resto 
del relleno.Tapa la tarta con el último bizcocho
y también pincela con almíbar.


Cubre toda la tarta con la crema reservada, 
superficie y lados.

Distribuye los trocitos de bizcocho por toda 
la tarta (se quedarán pegados a la crema)
Deja que repose en la nevera durante unas horas. 

Torrijas caramelizadas de sobaos

NECESITAS:

 

  • 6 sobaos cuadrados
  • 1 huevo
  • 200 ml de leche
  • piel de naranja
  • piel de limón
  • Ramita de canela

Para caramelizar:

  • 1 cucharada de mantequilla
  • Azúcar moreno

Si hay un postre «semanasantero» que destaca entre todos los postres tradicionales típicos de estas fechas, ese es sin duda la torrija. Un pan bañado en leche, rebozado y frito, es el dulce más demandado en España durante la Semana Santa.

La torrija nació como plato de aprovechamiento para no desperdiciar el pan sobrante, pero con el tiempo este plato, casero y sencillo, ha ido sufriendo variaciones; ha llegado incluso a ser versionado por chefs con estrellas Michelín (que ya ni las hacen con pan, ni las rebozan, ni las fríen, …) para acabar incluyéndolo en sus cartas de postres todos los días del año.

Creo que una buena receta de aprovechamiento es bienvenida en todo momento, pero más aún en estos días en los que debemos intentar ir al super justo lo imprescindible, para ello es necesario sacar el máximo partido a lo que hay en casa. En la mía, junto a la consigna de «quédate en casa» tenemos esta otra: «la comida no se tira».

Aprovechando que ya estamos en Semana Santa, he hecho estas torrijas con unos sobaos que llevaban un tiempo abiertos y que ya a nadie le apetecían (la bollería es un producto que no solemos comprar, pero parece que estos días se nos da por hacer cosas raras… ¡y no quiero mirar a nadie!). Unas torrijas riquísimas, siguiendo estas tendencias de no rebozar, ni freír… Realmente se parecen más a unas tostadas francesas. Ahora, si prefieres unas más tradicionales, hace tiempo compartí unas torrijas con merengue y natillas (una receta de Picadillo), más elaboradas, pero también riquísimas.

¡Como ya son casi las ocho, te dejo con la receta, que voy a salir al balcón a aplaudir!

COMO SE HACEN:

– Calienta la leche con las pieles de limón y naranja —sin la parte blanca— y la canela. No le he puesto azúcar porque los sobaos ya son dulces, pero si los vas a sustituir por pan, le deberás añadir un par de cucharadas de azúcar a esta mezcla. Puedes calentar la leche al fuego, o en el micro unos 90 segundos a potencia máxima.

– Espera a que la leche se enfrié para continuar porque si la añades caliente sobre los sobaos se van a desintegrar, literalmente.

– Bate el huevo y vierte encima la leche colada.

– Corta los sobaos a la mitad y pásalos por la mezcla de huevo. Esta labor la tienes que hacer de uno en uno y rápido —¡un remojón y fuera!— porque se rompen en un suspiro.

– Ve poniendo los trozos ya bañados en una fuente y métela en el congelador como mínimo una hora, de esta manera las torrijas se endurecerán y las podrás manipular con más facilidad.

– Calienta una sartén antiadherente con unos trocitos pequeños de mantequilla y tan pronto se funda, introduce con cuidado los sobaos, previamente rebozados en el azúcar.  Con la ayuda de dos espátulas ve girando las torrijas para que se doren por todas las caras. La temperatura del fuego deberá ser medio/bajo para que no se quemen, ten en cuenta que el azúcar quemado amarga ¡un horror!

– Vas a conseguir una torrija rectangular espectacular: con una cobertura crujiente y caramelizada que envuelve un interior suave y cremoso, pero tampoco demasiado dulce.

– Puedes acompañar estas torrijas con un helado, un coulis de fruta o una natillas (como he hecho yo hoy)

SUGERENCIAS:

– Me voy a adelantar yo antes de que me me lo digas tú; están riquísimas, pero no sanísimas (intenté contarles las calorías, pero cuando casi llegué a mil, paré.😜)

– Se pueden tomar calientes o frías.

– Suelen aguantar en buen estado solamente un par de días, ya que la leche fermenta.

– A parte de con los sobaos de hoy o el clásico pan, las torrijas también las puedes hacer con rosca, restos de un bizcocho, brioches, bollos de leche…. y bañarlas además de con leche, con vino (todo un clásico), almíbar, miel, licores de frutas, …

 

Los pasos clave:

Calienta la leche con las pieles de limón,
naranja y canela, al fuego o en el  micro.
Bate el huevo y vierte encima la leche colada.
Corta los sobaos por la mitad.Pasa los sobaos por la mezcla de los huevos.
Disponlos en una fuente y déjalos en el congelador
como mínimo una hora.
Reboza los sobaos en el azúcar.
Calienta una  a fuego medio/bajo sartén 
antiadherente con unos trocitos de mantequilla, tan 
pronto se funda, introduce los sobaos congelados. 
Ve girándolos con cuidado para que se caramelicen
por todas las caras.

Acompáñalas de unas natillas, o un helado, o…

 

Rollo de lomo relleno de espinacas y champiñones al horno

NECESITAS:

  • 1 ½ k. de cinta de lomo
  • 3 huevos
  • 100 g de cebolla
  • 50 g de pimiento rojo o verde
  • 350 g de champiñones
  • 100 g de espinacas
  • Sal y pimienta
  • Aceite de oliva
  • ½ vaso de vino blanco
  • Para el adobo: sal, pimienta, ajo y perejil

Guarnición de patatas (optativo)

  • 4 Patatas
  • ½ cebolla
  • Sal y pimienta

En estos días tan difíciles, en los que lo primordial es pensar en nuestra salud y en la de quienes nos rodean ¡quedémonos en casa!. Pero da miedo pensar en el futuro, en como lo afrontaremos cuando podamos salir de casa y en las consecuencias del confinamiento ¡Es Inevitable no inquietarse!

Los expertos opinan que en estos días es bueno ocupar la cabeza en otras cosas, en cosas que nos interesen o tengamos pendientes. A mí, cocinar me ayuda muchísimo a desconectar, tú también podrías aprovechar estos días para sacar al chef que llevas dentro y atreverte con esas recetas que has ido recopilando, por si algún día …  Y si no has recopilado ninguna, aquí tienes las mías. Podrías empezar por este lomo de cerdo, es mucho más fácil de lo que parece, es bastante económico, y está riquísimo. 

COMO SE HACE:

– Pica mucho la cebolla y el pimiento. Saltéalos en un poco de aceite durante unos minutos, añádeles sal y baja el fuego. Cuando la cebolla esté blandita añade los champiñones, también troceados. Deja que se cocine todo unos cinco minutos.

– En un mortero machaca un diente de ajo, unas ramitas de perejil, pimienta a gusto y una cucharadita de sal gorda.

– Corta el lomo en forma de libro — cuando lo compres puedes pedir en la carnicería que te lo hagan ellos y así te ahorras el trabajo, pero de todas formas es muy fácil—. Mira la pieza y divide mentalmente el lomo en tres capas horizontales, apoya el cuchillo en la primera linea imaginaria y corta a lo ancho la primera capa, sin llegar al final. Abre y gira toda la pieza —el giro es para facilitar el manejo del cuchillo— Donde has acabado el primer corte empieza a hacer el segundo, profundiza un poco con el cuchillo y corta por la segunda linea imaginaria para conseguir la otra capa, deja de cortar antes de llegar al final.

– Estira totalmente el lomo y adóbalo con el majado.

– Bate los huevos con una pizca de sal para hacer dos tortillas planas. Colócalas solapadas encima del lomo abierto. 

– Las espinacas lavadas y crudas distribúyelas sobre las tortillas.

– Por último, esparce el sofrito con champiñones sobre las espinacas.

– Enrolla la pieza de carne con cuidado, apretándolo bien. Átala para que no salga el relleno durante el cocinado.

– Dora el rollo de lomo en una sartén con muy poco aceite de oliva y colócalo en una fuente que pueda ir al horno.

– Si quieres acompañar el plato con unas patatas; pélalas, córtalas en trozos no muy pequeños y ponlas a en la fuente a los lados del lomo. Trocea la media cebolla, añádela sobre las patatas y salpimienta.

– Cuece en el horno a 180º C  de 1 hora a  1 hora y cuarto.

– A media cocción, a los 20 o 25 minutos, baña la carne con el medio vaso de vino blanco.

– Remueve de vez en cuando las patatas, para que se cocinen por igual. También tendrás que girar de vez en cuando el rollo de lomo.

– Cuando haya transcurrido el tiempo de cocción comprueba que las patatas estén blandas y la carne también. Si es así apaga y deja que repose el asado dentro del horno unos 10 minutos. 

SUGERENCIAS:

– Es bueno que transcurrida la hora o un poco menos de cocinado compruebes el punto del asado, porque aunque la carne de cerdo no debe quedar cruda, si se cocina en exceso se reseca demasiado. Puedes pinchar el rollo y si sale un liquido rosado es que aun necesita un poco más de tiempo en el horno.

– A la hora de atar el rollo te puedes ayudar de unos palillos para que te sea más fácil.

– Si no te apetecen las patatas en el horno las puedes hacer salteadas, que están buenísimas. También puedes hacer un arroz blanco o asar unas verduras, aprovechando que el horno ya lo tienes encendido.

Mucho ánimo y un abrazo.

 

Los pasos clave:


Pica muy finos la cebolla, el pimiento y los 
champiñones. Calienta un poco de aceite en una 
sartén y sofríe la cebolla y los pimientos 
hasta que se ablanden. Incorpora los champiñones 
y cocina todo durante 5 minutos.


Haz un majado con el ajo, perejil,pimienta, sal 
y adoba el lomo abierto.


Bate los huevos y haz dos tortillas. 
Colócalas sobre el lomo.


Distribuye las espinacas sobre las tortillas.


Por último, esparce el sofrito de champiñones 
sobre las espinacas.


Enrolla la carne y átala para que no se salga el 
relleno. Dora el rollo de lomo en una sartén con 
muy poco aceite de oliva y pásalo a una fuente 
que pueda ir al horno.


Pela, corta las patatas en trozos no muy pequeños 
y ponlas en la fuente con el lomo.Trocea la cebo-
lla y añádela sobre las patatas, salpimienta.
Cuece a 180º de 1 hora a 1 hora y cuarto.
A los 20 minutos de cocción, riega la carne con 
medio vaso de vino. Mueve de vez en cuando las
patatas y da la vuelta también al rollo. 
Cuando apagues deja que repose el asado unos diez 
minutos dentro del horno.


Chulas de calabaza o calacú gallegas

NECESITAS:

  • 300 g de puré de calabaza (unos 500 g. cruda)
  • 2 huevos
  • 175 g de harina
  • 120 ml de leche
  • ½ sobre de levadura química
  • 2 cucharadas colmadas de azúcar
  • Ralladura limón
  • Sal
  • Aceite para freír
  • Azúcar glas y canela para adornar

Chula, que en castellano quiere decir linda, bonita, graciosa, en Galicia se llama así a un postre parecido a una tortita que se fríe en abundante aceite. Su composición es muy similar, a base de huevos, leche y harina, los mismos ingredientes que también están presentes en las filloas, los fritos, buñuelos y bollos de sartén. Todas recetas muy sencillas y típicas de la repostería gallega.

Las chulas son un desayuno o merienda delicioso en cualquier momento del año; pero por carnavales en las casas gallegas se conserva la tradición de ponerlas como postre, junto a las famosas orejas y filloas. También es tradicional por estas fiestas, aunque no en todas las zonas de la geografía gallega, añadir calabaza a la masa, lo que las hace más suaves y jugosas.

Si de un tiempo a esta parte las recomendaciones nutricionales aconsejan el consumo de al menos cinco raciones de frutas y verduras al día, parece una buena idea intentar incluirlas en nuestros postres, y si con ello contribuyen además a que sean más sabrosos, pues mejor que mejor. — Es muy interesante que una receta de las de antes se ajuste tan bien a los tiempos de ahora—.

Para evitar las frituras, siguiendo las recomendaciones nutricionales, las chulas se pueden cocinar directamente sobre la sartén muy caliente, como las clásicas tortitas americanas. No son tan tradicionales, pero si más sanas.

¡A mis hijos les encantan!

COMO SE HACE:

– La receta es muy fácil, lo único que puede resultar un poco lioso es el cocinado de la calabaza. Se puede hacer de tres formas:

  1. Asada en el horno – corta la calabaza a la mitad, quítale las semillas y métela en el horno con la piel. Cuécela a 180º unos 40 minutos. Si ves que se empieza a dorar cúbrela con papel de aluminio. Comprueba que esté blanda y vacíala con una cuchara. 
  2. Cocida al fuego– trocea la calabaza tras haber eliminado las semillas y la piel. Ponla en una olla, cúbrela de agua fría y cuécela una media hora, hasta que ablande. Escúrrela muy bien en un colador antes de triturarla, para que no añada agua de más a la masa.
  3. Cocida en el micro– Elimina las semillas y corta la calabaza con la piel en trozos no muy pequeños. Ponla dentro de un recipiente apto para microondas y cuécela a potencia máxima primero 4 minutos. Después remuévela un poco y vuelve a cocinar otros 3 o 4 minutos. Espera un rato a que se enfríe y ya la puedes pelar.

¡Para mi la forma más fácil y rápida es la 3!

– Después del cocinado, sea cual sea el que hayas seguido, pon la calabaza en el vaso de la batidora y tritúrala.

– En un bol grande bate con unas varillas los huevos, el azúcar y la pizca de sal.

– Incorpora la calabaza triturada y la ralladura de limón, mezcla bien.

– Después añade la harina con la levadura. Obtendrás una mezcla muy espesa —tendrás que remover con ganas—. Este paso es importante para evitar que la masa haga grumos.

– Cuando la masa adquiera un aspecto uniforme y no se vea nada de harina, empieza a añadir la leche, poco a poco. Al final quedará una masa ligera que tendrás que dejar reposar en la nevera como mínimo una hora.

– Pon una sartén a fuego medio con abundante aceite (de oliva o girasol, el que prefieras) espera a que esté caliente y ve añadiendo cucharadas de la masa. Tan pronto se doren por un lado, con una pala y un tenedor, ve dándoles la vuelta para que lo hagan por el otro.

– Ve colocando las chulas en una fuente cubierta con papel para que absorba el exceso de aceite.

– Por último, espolvoréales por encima azúcar glas y canela..

– Lo ideal es tomarlas recién hechas porque estarán crujientes por fuera y tiernas por dentro, textura que pierden al enfriar, aunque frías siguen igualmente buenísimas.

SUGERENCIAS:

La masa ya hecha puede estar en la nevera bastantes horas, de la mañana para la tarde, o incluso para la noche. En una ocasión la deje hasta el día siguiente, pero no me convenció demasiado el resultado, para mí que pierden.

Es importante que controles la temperatura del aceite; si está bajo saldrán las chulas muy aceitosas, por el contrario, si está muy alto se doraran en exceso por fuera y aun estarán crudas por dentro.

Lo de añadir azúcar o canela al final es optativo, puedes no ponerles nada. Hay a quien le gusta bañarlas con miel, o sirope, al estilo americano.

La protagonista de Halloween no va a ser menos en Galicia que en el mundo anglosajón. El mismo día, el de Todos los Santos se celebra en esta Comunidad el Samaín —fin del verano— una festividad pagana de origen Celta, anterior al cristianismo, en la que se honraba a los antepasados y se usaban disfraces y máscaras para ahuyentar a los malos espíritus. Se vaciaban las calabazas, se esculpían calaveras y se iluminaban para dar miedo…¡No hay gran diferencia con la celebración del «truco o trato»!. Bueno, todo este rollo para decir que las chulas de calabaza no solo son típicas de la época de carnaval, también es muy común prepararlas por Todos los Santos (creo que por una cuestión de «economía doméstica», para no desperdiciar la carne de las calabazas que se vacían).

 

 

LOS PASOS CLAVE:
Cuece la calabaza y tritúrala.

Bate en un bol los huevos con el azúcar y la sal.
Añade a la mezcla la calabaza y la ralladura de 
limón.

Incorpora la harina y levadura en polvo. Mezcla 
hasta que se integre completamente.

Añade la leche poco a poco y deja la mezcla en la 
nevera como mínimo una hora.

Calienta aceite en una sartén a fuego medio y ve 
friendo cucharadas de la masa. Tendrás que dar- 
para que se frían por ambos lados.

Ponlas sobre papel absorbente para eliminar el
exceso de aceite.Espolvorea azúcar glas y canela.