Espagueti de calabacín con salsa pesto

Necesitas:

  • 1 calabacín y ½ no muy gordos
  • 1 paquete de pasta fresca de 250 g
  • 1 diente de ajo
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • sal y pimienta
  • tomates cherry

Para las salsa pesto:

  • 20 g de hojas frescas de albahaca
  • 80 ml de aceite de oliva
  • 1 diente de ajo
  • 30 g de frutos secos
  • 20 g de queso parmesano rallado
  • 2 ó 3 cucharadas de agua
  • sal

Un estudio realizado por Google revela que en España las búsquedas de comida saludable crecen dos veces más rápido que las búsquedas de comida en general.

Por lo que se ve cada vez hay más interés por comer sano, por dejar a un lado los ultraprocesados y consumir comida real, la que se elabora con productos frescos y naturales.

Esta tendencia healthy (sana), que ya se ha convertido en un estilo de vida, ha encontrado en internet un gran aliado. Páginas web, blogs, canales de noticias, redes sociales, etc. facilitan que nos acerquemos a contenidos relacionados con las características y beneficios de una alimentación sana, equilibrada y variada, y que se compartan consejos y recetas para poder poner en practica estos conocimientos. Estos contenidos, que muchas veces corren por la web como la pólvora, y esta curiosidad por temas relacionados con la healthy food (comida saludable) han aumentado el interés por productos nuevos, de otras partes del mundo, en busca de soluciones más saludable —como la de recurrir a especias para reducir la necesidad de salsas preparadas, sal o azúcares—. Y también a otras formas de cocinar, aplicando técnicas diferentes a productos de siempre. Y este es el caso de esta receta de hoy.

Hacer tiras con un calabacín u otra hortaliza simulando pasta, imitando al espagueti o al tallarín, se ha puesto muy de moda. La blogosfera esta llena de recetas que invitan a cocinar los vegetales de esta forma tan divertida y saludable.

Para hacer las tiras del calabacín debes hacerte con algún cortador especifico (espiralizadores, cortadores dentados…), o con un poco de paciencia, si vas a utilizar el cuchillo.

No hace falta que peles el calabacín, déjale la piel porque le queda muy bien. En cambio puede ser que la parte central no te sirva porque se rompe con facilidad y no es difícil darle forma de espagueti. Mejor deja esta parte para otra preparación, como una crema, por ejemplo.

Para evitar que el espagueti de calabacín pierda su textura firme con el calor de la cocción —porque nos interesa que se parezca lo más posible al de pasta real—, enfríalo mucho antes de saltearlo, sumergiéndolo en agua con hielo, y sírvelo al dente.

Esta pasta vegetal se puede cocer o saltear, incluso se puede comer cruda. Hay una cosa que debes tener en cuenta cuando cocines este plato; como el calabacín suelta mucha agua y se cuece muy pronto, los tiempos de cocinado deben ser cortos.

Cuando quiero ponerlo como plato único, mezclo espagueti de pasta fresca con el espagueti de calabacín. Y si tienes niños o adolescentes, es un buen truco para que aprueben el plato al llevar un ingrediente que les encanta, al menos mientras sea una novedad.

Cómo se hace:

Para el pesto:
– La receta original del pesto lleva piñones, pero si no te gustan o te son difíciles de conseguir, sustitúyelos por cualquier otro fruto seco o por una mezcla de varios (los que más te gusten o tengas en casa ).
– Calienta una sartén (sin aceite) y tuesta ligeramente los 30 g de piñones o el fruto seco que hayas elegido. Reserva hasta que enfríen.
– Pon el diente de ajo con la piel en el micro diez segundos a máxima potencia. Si te gusta el sabor potente del ajo salta este paso y utilízalo crudo.
– Pon en la batidora los 20 g de albahaca lavada, el diente de ajo pelado (del micro o no), los 30 g de frutos secos tostados, las tres cucharadas de agua, una pizca de sal y 80 ml aceite de oliva. Tritura todo hasta obtener una pasta homogénea. Después añade 20 g de queso rallado, mézclalo con una cuchara y reserva.

Para el espagueti:
– Lava el calabacín, sécalo y córtalo en forma de espagueti o tallarín. Si tienes un espiralizador, que es un sencillo accesorio que funciona igual que un afilalápiz, deberás girar el calabacín como si fuera un lápiz para conseguir unas tiras largas y delgadas similares a la pasta. Pero si no tienes este «cacharrillo», con un pelador o una mandolina corta el calabacín en láminas y después corta tiras longitudinalmente, imitando los tallarines. Los menos hábiles podéis acercaros al super, a la sección de hortalizas, y comprar los que ya venden listos para utilizar.
– Prepara un bol con agua y hielo para sumergir la pasta vegetal a medida que la vayas cortando (Esto se hace para que conserve la textura).
– Pon agua en una olla para cocer la pasta fresca. Sabes que al ser fresca el tiempo de cocción en mucho más corto que la seca. Cuando esté cocida escúrrela y pásala a una ensaladera.
– Mientras lamina el diente de ajo y dóralo en dos cucharadas de aceite. A continuación añade el calabacín escurrido y saltéalo durante un minuto, revuélvelo con cuidado para que no se rompa.
– Incorpora a la sartén los tomates cherrys, deja unos enteros y otros córtalos a la mitad.
– Añade también dos o tres cucharadas de pesto y mezcla.
– Cuando esté a tu gusto pasa a la ensaladera o fuente en donde has dejado la pasta fresca recién cocida.
– Sirve inmediatamente y acompaña con lascas de queso parmesano o similar y frutos secos. Y pon el resto del pesto en una salsera para quien quiera añadir más.

Esta receta es muy fácil y rápida, e insistiendo en la importancia de llevar una alimentación saludable, la falta de tiempo y el no saber cocinar no es disculpa para dejarnos llevar por lo cómodo y caer en la tentación de comer los «primero que pillamos»

Sugerencias:

En importante que coordines bien los tiempos de cocción que necesitan ambas pastas para que una no tenga que esperar por la otra.

Pasa a una fuente o ensaladera la pasta vegetal después de que le hayas añadido el pesto para evitar que el calor residual de la sartén haga que el calabacín empiece a soltar agua.

Crema de guisantes con espinacas e hierbabuena

Necesitas:

  • 350 g de guisantes congelados
  • 100 g de espinacas frescas
  • 250 g de patatas
  • 100 g de puerros
  • 30 g de chalotas o cebolla
  • 600 ml de caldo de verduras (o agua)
  • Hierbabuena, sal y pimienta
  • 20 ml de aceite para rehogar las hortalizas
  • Para adornar: yogur griego, semillas de sésamo tostadas, aceite de hierbabuena
  • Para el aceite de hierbabuena: 100 ml de aceite de oliva y hojas de hierbabuena

Todos sabemos lo importante que es incorporar productos de origen vegetal a nuestra dieta, lo fundamentales que son para tener una alimentación saludable. Existen estudios que sitúan la mala alimentación en lo más alto de la lista de factores de riesgo de muerte, al mismo nivel que el colesterol alto, el alcohol y el tabaquismo.

En nuestro país el consumo de vegetales está muy por debajo de los 400 gramos que recomienda la OMS por persona y día, entre frutas, verduras y hortalizas. Y otro tanto pasa con los cereales y legumbres, que preocupa la disminución de su consumo en los últimos 50 años.

Los expertos insisten en la necesidad de modificar nuestros hábitos, en la medida de lo posible, con el objeto de disminuir las enfermedades derivadas de una mala alimentación. Para ello es necesario reducir el consumo de sal, carnes rojas y productos con azúcar, e incluir más frutas, verduras, granos enteros y leguminosas en nuestras dietas.

Las legumbres, por su elevado contenido proteico, son una excelente alternativa a la proteína de origen animal y aunque lo recomendado es que se consuman 2 o 3 veces por semana, en dietas vegetarianas se podría aumentar hasta a 5 veces por semana.

Para que no nos aburran la clave está en cocinarlas de diferentes maneras, y las cremas son una buena forma de hacerlo. Esta de hoy, en que la legumbre es la protagonista, es un buen ejemplo de ello.

Puedes utilizar guisantes frescos, aprovechando que la temporada empieza ahora o comprarlos congelados, se encuentran con facilidad durante todo el año en cualquier super y salen más a cuenta. El resultado te va a encantar igualmente.

El aceite de hierbabuena le aporta aroma y frescor a esta delicada y sabrosa crema de intenso color verde. No te saltes este paso porque es ahí donde está la diferencia. Aquí te dejo también más recetas de aceites aromatizados.

¡Está tan rica que la vas a repetir!

Cómo se hace:

Para el aceite de hierbabuena. Pon en el vaso de la batidora un puñado de hojas de hierbabuena con los 100 ml de aceite de oliva y tritura. Reserva. (Si te sobra puedes guardarlo en la nevera y te durará más de una semana)
Para la crema. Rehoga en una olla con un poco de aceite de oliva las chalotas y los puerros troceados. Añádeles sal y pimienta. No lo hagas con prisas, ni con el fuego fuerte para evitar que se quemen, sobre todo el puerro, que enseguida se pasa. Cuando se vuelvan transparentes añade las patatas peladas y bastante troceadas.
– Después, incorpora las espinacas lavadas y rehógalas un par de minutos.
– A continuación, incorpora los guisantes —no es necesario que los descongeles, con que los enjuagues es suficiente—
– Añade el caldo o en su defecto el agua, cuando empiece a hervir baja el fuego y cocina durante 20 minutos.
– Antes de apagar añade unas diez hojas de hierbabuena a la olla y comprueba que la patata esté completamente cocida. Si todavía está algo dura, continua cocinando cinco minutos más.
– Antes de triturar la crema también deberás comprobar el punto de sal y la cantidad de caldo que ha quedado tras la cocción; es mejor que retires un poco y lo vayas añadiendo a medida que vas triturando, hasta conseguir la textura que te guste.
– Si la batidora es potente ya te quedará una crema lista para llevar a la mesa, si no, pásala por un colador o un chino.
– Sirve la crema con una cucharada de yogur, unas semillas de sésamo tostadas —puedes tostarlas en una sartén sin añadir nada de aceite— y unas gotas del aceite de hierbabuena.

Sugerencias:

– No dudes en usar guisantes congelados, suelen ser muy frescos; desde que se recolecta un producto hasta que se congela pasan muy pocas horas. Y otro tanto ocurre con la conserva, en lata o en bote de cristal (aunque en este caso pierden un poco el color)

Si lo piensas bien, parece que no es necesario comprar un guisante fresco maravilloso —¡y con el precio que tienen!— para espachurrarlo en una crema, yo por eso suelo utilizar uno congelado y reservo los guais para otras recetas.

– Uno de los éxitos de una crema consiste en no cocinar en exceso los productos (hortalizas, verduras…) porque pierden sabor, consistencia y propiedades. Por eso es conveniente atender a los tiempos que necesita cada ingrediente, y si por ejemplo como hoy, utilizamos patata, que tarda más en cocinarse, o bien la ponemos antes en la olla, o la troceamos más pequeña si lo vamos a poner todo junto.

– Si te sobra caldo de la cocción, no lo tires, guárdalo para una sopa o para otra preparación. Lo mejor es añadir desde el principio el agua justa, pero como esto es difícil, puedes tomar como referencia el cubrir dos dedos por encima los ingredientes cuando estén en la olla.

– Aunque no lo indico en todas las recetas, me gusta volver a hervir las cremas después de triturarlas, evita muchos problemas.

Pisto con patatas y huevos

Necesitas:

  • 1 cebolla -200 g
  • 3 dientes de ajo
  • ½ pimiento verde -150 g
  • ½ pimiento rojo -150 g
  • 1 calabacín -200 g
  • 3 ó 4 tomates maduros-350g
  • aceite de oliva
  • sal y pimienta
  • orégano y albahaca
  • azúcar (optativo)

El pisto es un plato muy popular en la gastronomía española. Así como es de popular, así es de fácil; no tiene más secreto que el rehogar unas hortalizas cortadas en trozos pequeños hasta que queden bien pochadas. Aunque el más conocido es el pisto manchego, puedes encontrar variantes de esta receta a lo largo de toda nuestra geografía, probablemente por la variedad de cultivos en las huertas de cada comarca.

La cebolla, el pimiento y el tomate (y a veces también el ajo) deben estar presentes en todo pisto que se precie. Partiendo de estos ingredientes principales, se le van añadiendo otros o cambiando proporciones, según las zonas, gustos y costumbres. Así por ejemplo; el pisto manchego lleva calabacín y a veces comino; en cambio al andaluz se le pone berenjena; al riojano se le añaden huevos batidos, que se revuelven hasta conseguir una mezcla cremosa; el escritor gastronómico gallego Picadillo, en «la Cocina Práctica», también le añade patatas y jamón a su pisto. Y así una larga lista…

Creo que independientemente de la procedencia de la receta, en cada casa se hará aquel que lleve los ingredientes que más gusten o que en ese momento se tengan a mano (ocasión estupenda para dar salida a esos que se van quedando en el fondo de la nevera).

El pisto tiene múltiples aplicaciones; si lo haces con patas fritas y huevos, como yo hoy, puede ser un “aplaudidísimo” plato principal; como guarnición de una carne o un pescado funciona muy bien; en casa nos encanta con pasta o con legumbres. Si lo tienes hecho con antelación, te puede ser muy cómodo para rellenar una lasaña o unas empanadillas, o resolverte un aperitivo de última hora si lo pones sobre una tosta de hojaldre o de pan .

Cómo se hace:

La receta es muy fácil y se le puede sacar mucho partido, como ya has visto. Únicamente debes tener en cuenta los tiempos de cocción de cada producto. Si añades primero a la sartén los que más tardan en hacerse, mantendrás una cocción uniforme. El punto te lo dará el tiempo y dependerá de tus gustos, si te gusta más o menos hecho. Pero, por lo demás…

Puedes cortar de antemano la hortalizas y tenerlas preparadas antes de que empieces a cocinar, o ir cortándolas a medida que las vas necesitando, aprovechando los tiempos que te dejan las distintas cocciones. Yo me quedo con el primero.

  • Pela y corta las patatas en cuadraditos. Déjalas en agua hasta que las necesites.
  • Corta la cebolla, los pimientos y el calabacín —con la piel—, en cuadraditos pequeños.
  • Pela los tomates y rállalos.
  • Pica el ajo muy finito.
  • En una olla o sartén alta calienta tres o cuatro cucharadas de aceite —probablemente a medio cocinado necesites añadir un poco más—.
  • Cuando esté caliente rehoga la cebolla y el ajo. Antes de que cojan color añade los pimientos, y saltéalos un par de minutos. Después baja el fuego y añádeles sal y pimienta.
  • Revuelve de vez en cuando para evitar que se pegue, pero no lo hagas en exceso porque corres el riesgo de que se deshagan los pimientos y se les separe la piel , lo que le dará al pisto una textura poco agradable .
  • A los diez minutos incorpora el calabacín. Si ves que lo necesita, añade un poco más de aceite. Cocina durante 5 minutos más.
  • Por último incorpora el tomate y las hierbas. Sube el fuego y mantenlo así hasta que empiece a burbujear, después cocina a fuego suave hasta que el tomate esté bien frito, unos 10/15 minutos. Esta vez añade agua en el caso de que consideres que necesita algo más de líquido.
  • Cuando las hortalizas estén blanditas prueba el punto de sal y rectifica si es necesario. En este punto también puedes añadir una cucharadita de azúcar, si lo encuentras algo ácido.
  • Escurre las patatas del agua y fríelas en abundante aceite. Fríe también los huevos.
  • A la hora de servirlo me gusta poner el pisto debajo, a continuación las patatas para que se mantengan secas y crujientes, y encima de las patatas el huevo. ¡Verás que fiesta cuando rompas la yema…!

Sugerencias:

Si crees que le vas a sacar partido, haz bastante cantidad. En la nevera, en un bote bien cerrado, aguanta hasta casi una semana. También puedes congelarlo en pequeñas cantidades

¡Y un consejito! Entre paso y paso de la receta no te quedes delante de la sartén, cuchara en mano, como si fueras un centinela con su arma haciendo guardia en una garita porque te vas a aburrir, o peor aún, a impacientar, y te vas a liar a revolver… y revolver…, y vas a dejar el pisto hecho una papilla (a no ser que te guste así). Eso no quiere decir que abandones el puesto de guardia —o cocina—, aprovecha para hacer algo: quita cacharros del fregadero, vacía el lavavajillas, organiza el cajón del pan… ¡yo qué sé!. ¡Pero revuelve lo justo! —¡A mí me da resultado!.—


LOS PASOS CLAVE:

Pela, corta las patatas en cuadraditos y déjalas en agua hasta que las necesites.
Corta la cebolla, los pimientos y el calabacín con piel, en cuadraditos pequeños.
Pela los tomates y rállalos. Y pica el ajo muy finito.
Pon un poco de aceite en el fondo de una sartén. Cuando esté caliente sofríe ligeramente la cebolla y el ajo.
Añade los pimientos y saltéalos un par de minutos. Ponles sal y pimienta. Cocina a fuego bajo unos 10 minutos.
Incorpora el calabacín a la sartén. Cocina durante 5 minutos. Revuelve de vez en cuando.
Por último sube el fuego y añade el tomate y las hierbas. Cuando hierva baja el fuego y cocina hasta que el tomate esté bien frito. Unos 10/15 minutos
Escurre las patatas y frielas en abundante aceite. Fríe también los huevos.
Sirve primero el pistos, cúbrelo con las patatas y encima de todo el huevo o los huevos fritos

¡¡¡Y a disfrutar!!!!!

Crema de calabaza y castañas

NECESITAS:

  • 500 g de calabaza
  • 1 cebolla mediana
  • 18 o 20 castañas
  • 1 litro de caldo de verduras
  • 1 cucharadita de curri
  • Nuez moscada
  • Sal y pimienta
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Nata liquida
  • Pipas de calabaza

 

¡Tan hartos estamos de lluvia que ya no sabemos hablar de otra cosa!. Vayas a donde vayas y estés con quien estés, sale el tema meteorológico a colación —Creo que nunca ha llovido tanto y tanto tiempo seguido como este otoño—. Está empezando a afectarme, lo digo en serio; es imposible salir a la calle porque te empapas, es imposible organizar nada porque nadie se apunta. Como dicen en la tele, solo apetece sofá y manta.

Aun así, hemos hecho una escapadita para recoger castañas, las últimas de la temporada, pero hemos traído muy pocas, eso sí, a cambio hemos pillado una buena mojadura.

¿Y que te parece el uso que le he dado a tan preciado tesoro?  —más alguna otra cosa que había por la nevera—,  una riquísima y reconfortante crema de castañas y calabaza que, como te puedes imaginar, después del remojón nos ha sentado de maravilla.

Ahora que ya empezamos con la vorágine de las celebraciones navideñas, este plato puede ser una buena opción para un primero, sobre todo si en casa hay niños o personas mayores.

COMO SE HACE:

-Comienza pelando las castañas, que es lo más engorroso de la receta. Deberás quitarles las dos pieles, la exterior más dura y la otra, no importa que se rompan.

-Pon una olla mediana al fuego con cuatro cucharadas de aceite de oliva y sofríe la cebolla troceada hasta que quede blandita.

-Mientras, quítale la piel y las semillas a la calabaza y trocéala también. Rehógala junto con la cebolla, procura que no se dore porque la crema adquiriría un tono parduzco poco apetecible.

-Le toca el turno ahora a las castañas, añádelas a la olla y cocínalas unos minutos.

-Añade a la preparación una cucharadita de curri y una pizca la nuez moscada, remueve inmediatamente para evitar que se quemen e incorpora casi todo el caldo, que cubra un dedo por encima los ingredientes —reserva un vaso más o menos, por si necesitaras rectificar al final—. Añade también sal y pimienta. Tan pronto hierva coloca la tapa medio torcida y deja que cueza a fuego lento una media hora.

-Antes de apagar el fuego pincha una castaña, que es el ingrediente más duro, y si está blandita tritura todo hasta obtener un puré homogéneo.

-Pasa el puré por un chino o un colador y añádele 100 ml. de nata para transformarlo en la irresistible crema de calabaza con castañas que estás preparando.

-Vuelve a poner la olla al fuego, pero antes comprueba el punto de sal por si tuvieras que rectificar y la consistencia de la crema por si necesitaras añadirle algo más de caldo. Cuando vuelva a hervir ya estará lista para emplatar y servir.

Adórnala como más te guste, yo lo he hecho con un chorrito de nata y unas pipas de calabaza saladas.

Sírvete un  plato de esta rica crema tan otoñal y «Que llueva, que llueva …»

¡Espero que te guste tanto como a nosotros! 

LOS PASOS CLAVE:



Deberás tener los ingredientes previamente 
pelados, sin pepitas y troceados.



En una olla con un poco de aceite sofríe la 
cebolla hasta que se ablande.



Añade la calabaza, rehógala sin que llegue a 
dorarse. 



y a continuación incorpora las castañas. 
Cocínalas durante unos minutos.



Incorpora el curri, nuez moscada, sal y 
pimienta.
Añade el caldo y cuece media hora, con la 
tapa mal puesta.



Tritura y cuela. Añade 100 ml. de nata y 
comprueba el punto de sal y consistencia 
por si necesitara más caldo.
Lleva a ebullición otra vez y sirve acompañada 
de un chorrito de nata y pipas de calabaza 
saladas.




SUGERENCIAS:

-Disfrutar de recetas en las que puedas sacarle partido a los productos de temporada no es que solo sea más ecológico, es que también es bueno para tu salud, el paladar y el bolsillo.

-La calabaza es una hortaliza rica en vitaminas y fibras, y pobre en grasas. Y la castaña, como todos los frutos secos, es rica en minerales, pero es más pobre en grasas y más rica en agua que la mayoría de frutos secos. Si prescindes en la receta de la nata o la sustituyes por un poquito de leche desnatada tendrás en un plato muy poco calórico.

-Si quieres utilizar una olla rápida o la exprés acortaras mucho el tiempo de cocinado, con diez minutos de cocción desde que suba la válvula será más que suficiente,

 

Crema de calabaza y pimiento rojo

Necesitas:
  • ½ calabaza violín
  • 1 pimiento rojo
  • 1 cebolla
  • 2 cucharadas de queso fresco, tipo Philadelphia
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta
  • Nuez moscada

 

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Una de las formas más sencillas de incorporar hortalizas y verduras a nuestro menú es mediante los purés y las cremas. Una crema caliente en días fríos constituye un reconfortante primer plato y un saludable plato único en la cena, y en verano fría no tienen precio.

Aunque para algunos pecan de sosas y aburridas, a mí no me lo parecen para nada, la clave está en la receta que utilices, así que toma nota de ésta y de algunos consejos y podrás preparar de forma sencilla una dulce, sabrosa y suave crema de calabaza y pimientos rojos  y que te quede perfecta.

¡Espero que te guste!

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como se hace:

Pon una olla al fuego con unas tres cucharadas de aceite y rehoga la cebolla troceada, a fuego medio.

Mientras tanto pela y corta la calabaza y los pimientos, no hace falta que los trozos sean pequeños ni regulares porque después habrá que triturarlos. — ¡Echa un ojo a la cebolla!, remuévela de vez en cuando para que no se queme—

Cuando la cebolla comience a ablandarse añade primero los pimientos, deja que se hagan unos minutos y después incorpora la calabaza, — ¡aunque no te lo recuerde, no te olvides de revolver!—

Baja el fuego, añade la sal, pimienta y nuez moscada, y deja que se pochen lentamente las hortalizas. No tengas prisa en este paso, es fundamental para que el plato consiga el sabor suficiente, sin necesidad de recurrir a la “pastillita de caldo”. —¡No dejes de revolver!— 

Observarás como los ingredientes van adquiriendo un tono ligeramente dorado.  En este punto añade agua hasta que los cubra los ingredientes dos dedos por encima. Cuece de 20 a 30 minutos.

Antes de pasar todo por la batidora cerciórate de que no haya demasiado liquido en la olla o te quedará una crema demasiado suelta.  Para ir sobre seguro retira una parte a un vaso y ve rectificando según necesites.  En este paso añade el queso —opcional—. Cuando esté todo bien triturado y hayas conseguido una crema homogénea puedes pasarla por el chino, si quieres un resultado más suave.

Vuelve a poner la crema al fuego y espera a que hierva para evitar que se estropee . —Este paso también es importante—

Los pasos clave:

En una olla con 3 cucharadas de 
aceite rehoga la cebolla troceada, 
unos minutos.
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Mientras trocea los pimientos y la
calabaza e incorpóralos a la olla.
Primero los pimientos

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Y unos minutos más tarde la calabaza
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Sofríe lentamente y añade la sal, 
pimienta y nuez moscada. 
Cubre con agua y cuece hasta que
ablanden, 20/30 minutos.
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Tritura primero con la batidora 
y después pasa por el chino.
Si quieres una crema muy suave.
En este paso añade el queso, si
es que has decidido ponérselo

crema-calabaza-y-pimiento

Sugerencias:

Si quieres puedes añadir una patata a la olla y la crema tendrá más consistencia.

El queso fresco puedes sustituirlo por el clásico quesito en porciones o por un chorro de nata, o simplemente pasar…

Haz bastante cantidad y consérvala en botes individuales de cristal, de esta manera tendrás raciones para cuando te apetezcan o necesites una solución rápida. Los botes de mermelada son los ideales; llena los botes con la crema hasta el borde inmediatamente después de hervirla, ponles las tapas y deja que enfríen boca abajo, después guárdalos en la nevera. Aguantan hasta 7 días.

Ratatouille con patata.

 

 

Necesitas:
  • 1 berenjena
  • 1 calabacín
  • 2 patatas
  • 2 tomates pera
  • 1 cebolla
  • Sal y pimienta
  • Queso rallado

Salsa:

  • Aceite de oliva
  • 1 tomate maduro
  • 1 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 1 pimiento mediano asado o 6 del piquillo
  • Hierbas provenzales o las aromáticas: tomillo, romero, orégano, albahaca, laurel, mejorana, …
  • Sal, pimienta y azúcar

 

Conquistarás a los más peques de la casa con este plato que además tienen nombre de peli de dibujos.

Esta receta es una variante de la ratatouille tradicional, un guiso francés típico de la Provenza, en el que asan hortalizas (berenjenas, calabacines, tomates, cebollas, pimientos,…) en el horno con aceite de oliva y hierbas aromáticas, ingredientes que no suelen estar entre los favoritos de los niños, pero si le añades patata y queso la cosa cambia —aunque los puristas se pueden llevar las manos a la cabeza—, conseguirás que se los tomen sin rechistar.

La ratatouille es un plato saludable y vegetariano, que gana en sabor si lo dejas reposar toda una noche. Aunque muchos intentamos imitar, a veces con un dudoso éxito, la vistosa presentación de la peli — unos finos discos vegetales colocados en espiral de forma intercalada sobre un sofrito —, en la receta original las hortalizas van cortadas de forma más basta. Algunos cocineros son partidarios de cocinar los vegetales por separado para juntarlos al final, y otros de hacerlo todo junto desde el primer momento, pero en ambos casos se obtiene un resultado que recuerda mucho al pisto español de toda la vida.

Como se hace:

Empezaremos por la salsa:

-Pica finamente la cebolla y el ajo, sofríelos en una sartén con un poco de aceite de oliva a fuego medio, deja que se vayan pochando. Mientras pela y trocea el tomate y añádelo al sofrito, cocínalo durante unos minutos. Por último, porque ya están asados, incorpora los pimientos también troceados y las hierbas aromáticas que te gusten, sal, pimienta y una cucharada de azúcar. Deja que se cocine todo a fuego lento unos 15 o 20 minutos, revolviendo de vez en cuando para que no se pegue. Puedes dejar así la salsa o pasarla por la batidora para que los niños no le encuentren tropezones.

-Es interesante que compres los vegetales de un tamaño similar, por cuestiones estéticas. Corta finamente las hortalizas en rodajas, si dispones de una mandolina te será más fácil y ahorrarás mucho tiempo, deberán ser de un mismo grosor, así la cocción será uniforme. 

-Cubre la base de una fuente de horno con la salsa que ya tienes preparada. Coloca encima los vegetales de forma ordenada y alterna, siguiendo un patrón, por ejemplo; patata, tomate, calabacín, cebolla, berenjena, y vuelve a empezar…, patata, tomate, calabacín, cebolla, berenjena.

-Prepara un aliño con dos cucharadas de aceite de oliva, un diente de ajo muy picado, sal, pimienta, hierbas provenzales y riega el contenido de la fuente con esta mezcla. Por último espolvorea el queso rallado.

-Cubre el guiso con un papel para evitar se queme por encima. Introduce la ratatouille en el horno y cuécela durante unos 30 minutos a 180º (arriba y abajo). Transcurridos los primeros 20 minutos retira el papel y deja que se siga cocinando otros 10 minutos más. La hortalizas deben quedar blanditas, perfectamente cocinadas pero no quemadas ni deshidratadas, para ello puedes abrir el horno las veces que consideres necesario (no pasa nada, no es un bizcocho) y así comprobar si ya están listas antes de sacarlas.

 

LOS PASOS CLAVE:

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 En una sartén con aceite de oliva sofríe la 
cebolla y el ajo finamente troceados.


 Añade a media cocción el tomate también troceado 
y pelado.

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Incorpora el pimiento en trozos pequeños, sal, 
pimienta, la hierbas y el laurel.

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Corta las hortalizas del mismo grosor.
Cubre la base de la fuente con la salsa y coloca 
de forma ordenada los vegetales encima.

Ratatouille-con-patatas-43.jpg-1

Riega con un aliño hecho con dos cucharadas de 
aceite, un diente de ajo picado, sal, pimienta y 
hierbas aromáticas.

Espolvorea el queso rallado


Hornea a 180º durante más o menos 30 minutos.

Sugerencias:

A parte de estas hortalizas puedes utilizar otras, pimientos, zanahorias, puerros, calabaza, … Compra los productos lo más frescos que puedas, sobre todo si vas a utilizar la mandolina, de lo contrario tendrás problemas para cortarlos.

Para que este plato tenga el autentico sabor de la Provenza son fundamentales las hierbas. Si no encuentras las provenzales que ya venden mezcladas haz tu una combinación con las que tengas en casa.

Este plato lo puedes servir caliente o frío, como plato principal vegetariano o como guarnición de una carne o un pescado.

La ratatouille se puede cocinar el día anterior y guardarla en la nevera hasta dos días, es más, los entendidos recomiendan no comerla recién hecha, opinan que el reposo de toda la noche le favorece, el sabor es más intenso cuando se recalienta al día siguiente.

Volviendo al tema de la presentación, puedes optar por la espiral como en la peli, en línea como he hecho yo o algo más tradicional; trocea los vegetales en cubos más o menos de un tamaño similar, ásalos en el horno y mezclándolos con la salsa.

 

 

 

 

Verduras y hortalizas asadas

Hortalizas-asadas-12.jpg-1

 

         Con la llegada de cada nuevo año llega también una lista interminable de buenos propósitos, el de mejorar nuestras costumbres para tener una vida más saludable suele estar entre ellos.

Tras los excesos navideños —los aperitivos, las comidas copiosas, la amplia oferta de dulces, los brindis y las largas charlas de sobremesa— lo más aconsejable es volver a la normalidad, recuperar la rutina y los buenos hábitos o mejorarlos, si cabe. Los expertos aconsejan dormir las horas recomendadas, hacer algo de ejercicio y tener una alimentación sana, ligera y equilibrada, basada en productos frescos y de temporada —preferiblemente locales—, e insisten en la importancia del consumo diario de frutas y verduras.

Si el comer más vegetales en general es también uno de tus propósitos este año que empieza, te propongo esta técnica práctica, sencilla y saludable de cocinar tus verduras y hortalizas, asarlas en el horno. Al cocinarlas de esta manera se potencian los sabores, más que si simplemente las cueces. 

Puedes optar por asarlas añadiéndoles nada más que un poco de sal, y conseguirás un resultado excelente, ligeramente dulzón gracias a la caramelización de los azucares que contienen, pero a mi me gusta añadirles un toque extra con hierbas aromáticas, especias y sobre todo con un buen aceite de oliva para realzar su sabor.

A las verduras así preparadas se les puede sacar mucho partido porque puedes servirlas de plato principal acompañadas de una vinagreta, por ejemplo, o como base de otras recetas; desde tortillas, sándwiches, pizzas, o para acompañar una pasta, un arroz, unas legumbres, …

Necesitas:

 

  • 3 zanahorias
  • 1 calabacín
  • 1 cebolla
  • 1 puerro
  • 1 pimiento rojo y 1 verde
  • 1 piña de brecol
  • 3 tomates medianos
  • 1 diente de ajo
  • Aceite de oliva virgen
  • Hierbas: orégano, tomillo, albahaca
  • Sal y pimienta

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Como se hace:

 

– Elige las hortalizas que más te gusten, no tienen que ser necesariamente las que yo he utilizado. Lo que si debes hacer es cortarlas de un tamaño similar para que se hagan todas a la vez. Y ten en cuenta que si haces trozos muy pequeños  corres el riesgo de que se te quemen, pero si por el contrario, son demasiado grandes, se tostaran por fuera y por dentro se quedarán crudas.

– Lava y seca las hortalizas, y pela las que lo necesiten. Córtalas como ya te he indicado, ponlas en un bol, añádeles el aceite, la sal, las hierbas y especias que hayas elegido. Muévelas para que se impregnen bien y pásalas a una fuente de horno.

– El horno debe estar precalentado entre 180º y 200º. Deberás  revolver con frecuencia y comprobar el punto de cocción que le quieras dar. A mí me gustan al dente, pero si te gustan más hechas déjalas el tiempo que consideres —puedes cubrirlas con un papel si te parece que se están quemando y por dentro todavía están crudas—.  Entre 30 y 45 minutos puede ser el tiempo indicado, aunque dependerá del tamaño a que las hayas cortado y de su contenido en agua.

 

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Sugerencias:

 

Asar así  las verduras en el horno te ayudará a ahorrar tiempo y trabajo, sobre todo si haces bastante cantidad cada vez. Aguantan en la nevera, bien tapadas, 4 o 5 días.

Verás que con esta sencilla receta encontrarás una alternativa a las ensaladas, si es que ya te aburren o no te apetecen en los meses fríos.

Experimenta con los condimentos. Antes de añadir el aceite aprovecha para agregar otras especias y hierbas, aunque no estén en la receta: pimentón, curry, clavo, ras el hanout, romero, laurel, hierbabuena,  salvia —secos o frescos—, pero también ralladura de limón o lima, vinagre, ajo, jengibre…

¡Apuesta por una alimentación cada vez más sana!

 

Crema de puerros

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         Con la llegada del frío hemos dicho adiós a los vegetales en ensaladas y sopas frías y les damos la bienvenida en cremas y sopas calientes, pero igual de saludables

 Haga frío o calor no debemos descuidar el consumo de vegetales y hortalizas, por ser bajos en calorías y ricos en fibras, vitaminas y minerales.  Y dentro de este grupo quiero destacar las propiedades beneficiosas que tiene el puerro para nuestra salud. Esta hortaliza, de la misma familia que la cebolla, es rica en agua, fibra, potasio y magnesio, es saciante, depurativa y con escaso contenido de hidratos de carbono, ayuda a combatir la retención de líquidos y protege el sistema cardiovascular.

 Sabiendo todo esto  ¿No te parece que tendría que estar más presente en nuestra dieta, y no destinarlo únicamente a formar parte de los miles de ingredientes de un sofrito, o a robarle alguna que otra hoja para añadirla a una sopa?

 Hoy el puerro es el protagonista indiscutible de esta suave y sabrosa crema, muy fácil de preparar y económicamente asequible, que es algo a tener en cuenta.

Si la sirves muy fría también está riquísima, pero ya no sería una crema de puerros, sería una vichyssoise.

 ¡Pruébala y comprueba lo que se puede conseguir con  tan pocos ingredientes!

Necesitas:

 

  • 4 puerros
  • Media cebolla pequeña
  • 1 patata
  • Un vaso de leche
  • Agua
  • Aceite
  • Mantequilla
  • Jengibre
  • Azafrán
  • Sal y pimienta
Como se hace:

 

Haz cortes longitudinales en la parte blanca de los puerros, sin llegar a separarlos del todo de la zona de la raíz —así son más fáciles de manipular— Lávalos para eliminar la tierra que suelen traer y córtalos en trozos pequeños.

Trocea también la patata pelada y la cebolla.

En una olla pon una cucharada de mantequilla y dos de aceite, y rehoga la cebolla y los puerros. Baja el fuego y deja que cojan un poco de color —unos cinco minutos— Remueve de vez en cuando. Después añade las patatas y rehógalas también.

Ralla el jengibre —una cucharadita— e incorpóralo a la olla junto con unas hebras de azafrán. 

Ya inmediatamente vierte el vaso de leche y pon agua hasta cubrir todos los ingredientes. Añade sal y pimienta. Espera a que hierva, da unas vueltas para mezclarlo  todo bien, baja el fuego, pon la tapa y deja que cueza durante  15/20 minutos.

Transcurrido este tiempo comprueba que las patatas estén bien cocidas, si es así apaga el fuego y espera a que se enfríe ligeramente antes de pasar por la batidora —es interesante que retires un poco del caldo de la cocción y lo reserves por si necesitaras rectificar en el caso de que creas que la crema te quedo muy espesa— 

Esto es importante;  pasa la crema por un colador o un chino, para eliminar posibles hebras de puerro, que siempre queda alguna. Con esto conseguirás una crema mucho más fina y elegante.

Vuelve la crema ya colada a la olla y ponla otra vez al fuego hasta que hierva. Después ya la puedes servir.

Antes de triturarla puedes añadir un par de quesitos en porciones si te gustan las cremas untuosas —he de confesar que yo algunas veces lo hago y otras no—

Acompáñala de picatostes, crujiente de jamón serrano o una juliana crujiente del mismo puerro. Unas gotas de aceite de oliva virgen o incluso un chorrito de nata o yogur griego (sin azúcar) le dan un toque especial.

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Para la juliana crujiente de puerros; lava una capa  del puerro y sécala bien, córtala en juliana y métela en el microondas con unas gotas de aceite y una pizca de sal entre 3 y 4 minutos.

Sugerencias:

 

Las parte del puerro que no hayas usado no las tires, utiliza el tallo parra algún  sofrito y las hojas añádelas a tus caldos de verduras.

Puedes sustituir el agua por un caldo de pollo, sobre todo si te animas por la vichyssoise fría.

Patatas salteadas en mantequilla

 

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             Esta es una sugerencia buenísima —o eso creo yo— para los más patateros. Para los que la patata está siempre presente en su dieta, utilizándola indistintamente como guarnición, como entrante o como plato principal, y que de entre todas la formas posibles de prepararlas suelen escoger las fritas.

¡Unas mini-patatas salteadas — escapando un poco de tanta fritangada— es mi propuesta!

Y te propongo además dos modalidades, una clásica y otra más cañera, acordándome de los amantes del picante. Estoy segura de que cualquiera de las dos te va a encantar porque, aparte de muy monas, están buenísimas y no son nada complicadas,  ni siquiera para los que » no habéis sido provistos de gracia en el manejo de las artes culinarias» ¡y no miro a nadie!.

Necesitas:

 

Versión clásica

  • 4 o 5 patatas
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 cucharadas de mantequilla
  • Sal
  • Perejil
  • Pimienta

Versión picante

  • 4 o 5 patatas
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 cucharadas de mantequilla
  • Sal
  • Cilantro
  • Pimienta
  • 1 limón
  • 1 chile

 

Como se hace:

 

Escoge unas patatas grandecitas y después de pelarlas y lavarlas, con la ayuda de una cuchara parisina o sacabolas , ve haciendo bolas lo más regulares posible.

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Pon las bolitas de patata en una olla con abundante agua fría. Cuando comience a hervir añade sal y reduce. Cuece durante 15 minutos, de todas formas pruébalas a los 10, porque no todas las patatas son igual de duras. Cuando claves con facilidad una puntilla —me refiero a un cuchillo, no al encaje de Camariñas— o una aguja,  retíralas del agua inmediatamente.

En una sartén amplia pon las dos cucharadas de aceite de oliva y las otras dos de mantequilla, espera a que ésta se derrita e incorpora  las patatas escurridas. Intenta no removerlas demasiado para que no se rompan. Deja que se hagan a fuego medio y vigílalas para que no se quemen. Cuando veas que se va formando una capita crujiente alrededor de cada bolita, apaga el fuego y colócalas en una fuente. Sala y espolvorea las patatas con perejil picado.

Esta es la forma clásica pero prueba a hacerlas más cañeras; pica fino un chile, ralla la piel de un limón y añádelos a la sartén mientras rehogas las patatas. Cuando las saques esparce un poco de cilantro por encima y … listo.

¡Espero que te gusten!

 

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Sugerencias:

 

Con el resto de la patata que no hayas utilizado en la receta puedes hacer mil cosas — tirarlas sería la mil una y esa no cuenta—. Lo más fácil es aprovecharlas en algún puré de verduras o para hacer una tortilla de patatas. Guárdalas en la nevera cubiertas de agua. Aguantan perfectamente un par de días.

En vez de cocer las bolitas de patatas en una olla prueba a hacerlo en el microondas. Mételas en un pírex con tapa o un recipiente tapado con film (apto para mico) durante 6/8 minutos a potencia máxima. Después añádelas a la sartén con el aceite y la mantequilla y continúa con la receta.

Estas patatas son una excelente guarnicion de cualquier plato de pescado o carne. Son muy fáciles de hacer y como ya te dije una alternativa estupenda de las típicas patatas fritas.

¡Ana creo que hasta tu podrías hacerlas con éxito!.

Mermelada de pimientos rojos

 

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¡Hay que ver cómo es esto de la globalización…! Ya no es necesario esperar a la temporada de un producto para elaborar un plato, hoy puedes conseguir de casi todo en cualquier época del año.

Sin ir más lejos, el otro día encontré el una oferta de pimientos rojos y aproveche para hacer esta mermelada, aunque en España no estamos en temporada de pimientos, ni de hacer conservas -más propia del final del verano-.  pero no me pude resistir. ¿¡Te has fijado  que color tan espectacular!? ¡Pues espera a probarla!

Anímate a hacerla, porque es muy fácil, y está riquísima. Te sorprenderá lo bien que queda con las carnes de cerdo, sobre todo con el solomillo, y con los quesos, a mi particularmente me encanta con el de cabra. Ponla en tus tostas o en algún aperitivo, como por ejemplo unas canastillas de queso – te dejo abajo la receta-.

Un consejito; para un excelente resultado te recomiendo que esperes al verano, que es cuando los pimientos están en su mejor momento. Además creo que es importante tener en cuenta las ventajas del consumo del producto local y de temporada. Así que entono el «mea culpa» por esta compra un tanto impulsiva.

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Necesitas:

 

  • 500 gs de pimientos rojos
  • 200 gs de azúcar
  • 30 ml de vinagre de manzana o zumo de limón
  • 70 ml de agua
  • Una cáscara de limón
  • sal
Como se hace:

 

Lava bien los pimientos, sécalos y quítales la piel con la ayuda de un pelador.

Elimina completamente las semillas. Córtalos en trocitos pequeños y ponlos en una cacerola. Cubre con el azúcar, el vinagre o zumo y el agua. Introduce la cáscara de limón y un pellizco de sal.

Deja que hierva y baja el fuego. Remueve de vez en cuando para que no se pegue y deja que cueza entre 30 y 35 minutos, si te gusta encontrar trocitos en la mermelada. Si la prefieres con una textura más fina, cuecela entre 20 y 25 minutos, luego pásala por la batidora y vuelve a cocer otros 5 minutos. Tanto de una forma como de otra ¡ya está lista para envasar!, acuérdate de retirar la piel del limón antes de triturarla, en un caso y de envasar en el otro.

Para conservarla, lo mejor es que lo hagas en tarros de cristal, previamente higienizados (hiervelos durante 10 minutos) Llenalos con la mermelada muy caliente hasta el borde -cuidado con quemarte- Enrosca la tapa al máximo -ayúdate de un guante- y déjalos que enfríen boca abajo, unas 24 horas, para que haga el vacío.

 

CANASTILLAS DE TRES QUESOS CON MERMELADA DE PIMIENTOS ROJOS   

 

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Compra unas canastillas pequeñas, rellenalas de una mezcla de quesos (a por ser tres distintos) y pon por encima queso rallado enmental, o el que te guste. Cuece en el horno a 180º hasta que los quesos se hayan fundido y la masa esté dorada.

canastillas de tres quesos con mermelada de pimientos rojos

Sácalas del horno y cubre con un poco de la mermelada de pimientos. Sírvelos templados.

 

 

 

Guiso de judías con otras hortalizas

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      Me gustan mucho las recetas en las que los vegetales son los ingredientes principales y esta es una de ellas, además de las tradicionales «de toda la vida». Es superfácil  y apenas lleva trabajo, no hay preparaciones previas, todos los ingredientes van en en crudo; hay que lavar y cortar las hortalizas, colocarlas por capas en la olla, condimentar y al fuego, ¡nada más!. Al final, si quieres, las puedes acompañar de un huevo poché (en papel film).

Para mi hay platos que te impresionan a simple vista y después están los que hay que probar para que te lleves una buena impresión. Este es de los segundos, y estoy convencida de que cuando lo hagas me vas a dar la razón.

Necesitas:
  • 1 cebolla mediana
  • 3 patatas
  • ½ kilo de judías verdes
  • 2 zanahorias
  • un ramo de brécol o brócoli -optativo-
  • un tomate
  • 2 dientes de ajo
  • ½ vaso de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • sal y pimienta
  • huevos
Como se hace:

Prepara una olla preferiblemente baja y ancha y que disponga de tapadera. Yo suelo utilizar una sartén.

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Corta la cebolla en pumas y ponla en el fondo de la olla.

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Pela y lava las patatas y córtalas en rodajas de un centímetro. Ponlas por encima de la cebolla.

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Lava las judías, quítales las puntas y las hebras, córtalas a la mitad y en dos. Cubre con ellas las patatas.

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Ahora es el turno de la zanahoria. Pélalas y córtalas en juliana gordita. Esparce por encima de las judías.

Lava el brécol y sepáralo en ramos. No se lo pongo siempre, solo si coincide que lo tengo

Lava el tomate, córtalo en láminas y colócalo por encima.

En el mortero machaca los dientes de ajo, añádeles el pimentón, la sal, la pimienta y el aceite, Remueve y esparce el majado sobre los vegetales.

Pon la olla al fuego con la tapadera, al principio a fuego medio/alto y a los cinco minutos bájalo. Cuece sobre 35/40 minutos. Devuélvelo de vez en cuando. Comprueba el punto de cocción antes de apagar y retira cuando estén listas. Deja que reposen otros 5 minutos.

Mientras ve escalfando los huevos.

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Sugerencias:

Este plato no hace falta que te diga que es bastante sano y natural. Apenas lleva grasas, y si quieres puedes prescindir de las patatas ahora que nos acercamos al verano, que parece que la patata siempre va asociada a kilo…, a kilo de más que se me instala donde no me interesa…

Yo propongo 40 minutos de cocción, que es lo que tarda mi cocina en cocer completamente las hortalizas de esta receta, pero si te gustan más al dente, con 30 minutos es suficiente.

Quizá creas que al no añadir agua los ingredientes se puedan quemar y te entre la tentación de añadírsela tu. No lo hagas porque con el calor los vegetales sueltan la suficiente como para que eso no pase, de lo contrario encharcarías las hortalizas y ya no se estofarían.

Caldo Gallego (con trampa)

 

El refrán «no hay atajo sin trabajo» no siempre está acertado y esta es una prueba.

 

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Ya estamos en otoño, decimos adiós al buen tiempo y a las frescas ensaladas y damos la bienvenida al tiempo desapacible y a los platos de cuchara.

Y en Galicia que mejor que un caldo . Lo he hecho en poco tiempo, sin haber preparado previamente un cocido, sin apenas trabajo, con pocos ingredientes y menos presupuesto. El truco, he utilizado ayuda.

Hay  tantas recetas de caldo gallego como casas que lo preparan y esta es la mía .

Sabes que normalmente para el caldo gallego se parte del agua del cocido en donde se han cocinado las distintas carnes saladas de cerdo; costilla, espinazo, lacón, jamón, cacheira (cabeza), tocino, panceta… y chorizos en cualquiera de sus variedades, algo de carne de ternera, generalmente morcillo o jarrete y también pollo o gallina.  Además de patatas, garbanzos, habas, repollo y los riquísimos grelos o nabizas. No es imprescindible poner todo esto pero un cocido que se precie…  Y aunque no es un plato difícil necesita sus tiempos; tiempos de remojo, tiempos de cocción y tiempos para limpiar y lavar verduras.

Teniendo en cuenta el ajetreo diario y la falta de tiempo, este no es un plato muy adecuado para un día que no sea un domingo, por eso te propongo que para cualquier día de semana te saltes todos estos pasos y que pruebes a hacerlo de esta manera.  Se que estás dudando del resultado pero créeme te vas a sorprender y si lo haces la víspera ¡no te lo vas ni a creer!.

Necesitas:

 

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  • tetabrik de caldo de cocido de 1 litro
  • ½  litro de agua
  • 4 ó 5 patatas pequeñas
  • un bote de grelos ya cocidos
  • un chorizo
  • sal
Como se hace:

 

Pela las patatas y córtalas en tozos pequeños, pero no les hagas cortes limpios, antes de llegar al final haz palanca con el cuchillo y rómpelas «chascalas». De esta forma al cocer desprenderán algo de almidón y conseguirás un caldo más espesito.

Saca los grelos de la lata y trocéalos finamente. El agua no la tires.

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En una olla pon el agua, el contenido del tetrabrik y el liquido del bote de los grelos.

Añade las patatas y el chorizo y deja que cueza a fuego medio. 

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Transcurridos 10 minutos agrega los grelos y rectifica la sal si es necesario. Cuece otros 10 minutos. Retira del fuego y déjalo reposar.

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Como todos los platos de cuchara al día siguiente está mucho mejor.

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Pon manos a la obra, no le digas a nadie como lo has hecho y que opinen.

¿Es auténticamente casero?

 

Sugerencias:

 

Le he llamado «caldo con trampa» como podía haberle llamado «medio casero» o  cualquier otra cosa que dé a entender que no es el tradicional caldo gallego hecho a fuego lento…

Si te gustan las habas puedes añadir un puñadito ya cocidas ¡de bote claro!, lo espesaran un poquito.

Tradicionalmente este plato lleva unto, producto con el que yo «no me llevo nada bien», pero es apropiado y según Picadillo imprescindible, por eso si quieres ponerlo añádelo a la olla al principio.

El chorizo no debe estar demasiado curado para que al cocer suelte algo de grasa y este colorcito rojo flotando en el agua le da un toque más casero, aparte de sabor.

Hazlo de un día para otro y si te sobra lo puedes congelar.