Quiche de salmón

NECESITAS:
  • 250 g. de salmón fresco
  • 1 puerro pequeño -50 g
  • 1 chalota
  • 100 g. de calabacín
  • ¼ pimiento rojo -30 g
  • 3 huevos
  • 150 ml de leche
  • 100 ml de nata
  • 75 g de queso rallado (opcional)
  • 3 o 4 cucharadas de aceite de oliva
  • Sal, pimienta, nuez moscada y eneldo
  • 1 lámina de masa quebrada o filo, si es comprada

 Para la masa quebrada si prefieres hacerla tú:

  • 250 g de harina
  • 125 g de mantequilla
  • 1 huevo
  • 30 ml de agua fría
  • Sal

 

Sé que al buscar una receta, vayas o no con prisa, lo que realmente interesa es la elaboración del plato y la lista de los ingredientes que la componen, por si son de nuestro gusto o los tenemos todos en casa. Por eso hoy me he propuesto no liarme demasiado con esta entrada. Pasar de enumerar las muchas excelencias de una quiche ¡aunque las tenga!, de enrollarme con sus peculiaridades… y su historia… Intentaré hacer un par de puntualizaciones y pasar ya a la receta —¡A ver si lo consigo!—

Este tipo de elaboración que nos llega de la cocina  francesa y se ha hecho popular en muchísimos países—¡uff, veo que ya me estoy empezando a liar!—, da muchísimo juego, admite gran variedad de rellenos, puedes añadir sin miedo lo que más te guste o lo que tengas más a mano porque se integrará a la perfección en la receta, probablemente esta sea la razón de que la quiche tenga tanta aceptación. Y tanto caliente como fría te garantiza un éxito seguro.

Originariamente esta receta se elaboraba con una crema a base de huevos batidos y nata fresca, esta mezcla se vertía sobre una base de masa y se horneaba hasta que se cuajara por completo. Con el tiempo se le han ido añadiendo otros ingredientes hasta llegar a la gran variedad de recetas que nos encontramos hoy.

¡Una sola puntualización y paso a la receta! —si no te apetece tanto rollo ve más abajo, al texto azul. Y si tienes mucha prisa, al final del post, a los pasos clave—. Si quieres una quiche diez debes contar con:

1- Una buena base de masa quebrada (o brisa) que deberás hornear “en blanco”, es decir, antes de ponerle el relleno. Con esto se consigue una base crujiente y que pueda soportar el peso del relleno sin que se rompa cuando la sirvas. Aunque yo creo que es preferible utilizar masas caseras — ya sabes que en general «todo lo hecho en casa sabe mejor y es de más confianza»—, puedes recurrir a las masas preparadas,en versión refrigerada o congelada, el resultado no es lo mismo, pero que tire la primera piedra quien no lo haya hecho alguna vez.

2- Un relleno a base de huevos y algún lácteo (leche, nata, yogur, crema fresca, leche evaporada, …) al que podrás añadir hortalizas, carnes, pescados o alguna verdura. Para conseguir un resultado cremoso deberá existir un cierto equilibrio entre las proporciones de líquidos y sólidos. Una buena proporción sería; por cada 200 ml de lácteo 3 huevos, y los otros ingredientes no deberían superar la mitad de la mezcla de los líquidos.

Aunque ya he compartido otras recetas de quiches (las puedes ve aquí)    ¡Esta es mi favorita!   Y ya voy al lío.

COMO SE HACE:

La masa quebrada

– Este paso, como es lógico, sáltatelo si utilizas una masa comprada. De no ser así, coloca en un bol amplio la harina con la sal y la mantequilla muy fría cortada en cuadraditos. Con los dedos ve uniendo los ingredientes hasta formar unas migas gordas. Incorpora el huevo y el agua, integra estos últimos elementos manipulando la masa lo menos posible para no calentarla demasiado. Haz una bola y estírala con el rodillo sobre una superficie enharinada.

– Engrasa un molde para quiche, o ponle papel sulfurizado si luego la vas a desmoldar, coloca encima la masa quebrada estirada cubriendo fondo y laterales. Presiona bien las paredes para que se ajuste a la forma del molde y no se deforme con la cocción. Recorta los bordes con un cuchillo afilado, si quieres puedes hacer algún adorno con la masa sobrante, pero sin que sobresalga demasiado porque lo más probable es que se rompa durante la cocción. Pincha con un tenedor toda la base y deja el molde en el congelador una media hora. Deberá estar muy fría cuando la metas en el horno. (Aquí puedes ver la receta de masa quebrada con más detalle).

– Mientras se enfría la base corta el salmón en trozos no demasiado pequeños, añádele sal y eneldo. Reserva.

– Lava los puerros y córtalos en rodajas finas. Pica mucho la chalota y el pimiento, pela el calabacín y rállalo o córtalo también en trocitos pequeños.

– En tres o cuatro cucharadas de aceite saltea primero la chalota y el pimiento, que son más duros. Después de unos cinco minutos de cocinado incorpora el puerro, revuelve con frecuencia para que no se queme, y al ratito el calabacín. Añade sal, pimienta y deja que se cocinen las hortalizas hasta que estén blandidas. 

– Enciende el horno, espera a que alcance la temperatura de 200º C.

– Saca el molde con la masa del congelador. Antes de meterlo en el horno deberás cubrir con papel  la base y esparcir encima unos garbanzos o habas secas para que hagan peso y evitar que se deforme con la cocción (el papel es para retirar las legumbres después con facilidad). Hornea durante 12/15 minutos, a 160º/180ºC si utilizas aire y 180º/200ºC sin aire, en la parte del horno de la mitad hacia abajo. Transcurrido este tiempo retira el papel con las legumbres y deja que la base se enfríe —no tiene que quedar demasiado dorada—

– En un cuenco amplio bate los huevos con la leche, la nata, la nuez moscada, la sal y el queso rallado, si es que has decidido utilizarlo. Coloca sobre la base de la tarta, una vez fría, una primera capa con el sofrito, también frío. Cúbrelo con los trozos de salmón y vierte por encima la mezcla de los huevos.

– Vuelve a meter el molde en el horno, esta vez a 150ºC unos 45 minutos. Un poco antes de que acabe el tiempo comprueba con un pincho o tenedor si la quiche está cuajada. Lo del tiempo es un poco orientativo, depende de cada horno. 

– Si no tienes demasiada prisa conseguirás una quiche mucho más cremosa.

Acompaña esta quiche de una ensalada para tener un plato completo.

SUGERENCIAS:

Bate bien los huevos con la nata o el lácteo que utilices para conseguir que la crema sea más suave.

Escurre muy bien los ingredientes sólidos antes de añadirlos a la mezcla.

Si tu horno no cuece por igual cubre la quiche con papel de aluminio o una placa de horno colocada en la rendija inmediatamente superior.

Las quiches se pueden servir calientes, templadas e incluso hay quienes las prefieren como plato frío. Y se pueden presentar desmoldadas sobre una fuente, para lo cual el papel facilita mucho la labor o dejarla  en el mismo molde donde se ha cocinado, pero para ello deberás  utilizar uno especifico para este tipo de preparaciones.

Los pasos clave:

Para la masa quebrada

Pon en un bol la harina con la sal y mantequilla.

Con los dedos forma una migas 

e incorpora el huevo y el agua.

Mezcla hasta que se integren los ingredientes.

Estira la masa con un rodillo y cubre el
fondo y laterales de un molde para quiches 
previamente engrasado.
Deja en el congelador una media hora.


Para el relleno

Corta el salmón y ponle sal y eneldo. 
Trocea muy fino el pimiento y la chalota. Corta
en aros el puerro y ralla el calabacín.

Saltéalas la hortalizas, por este orden, en muy 
poco aceite. Salpimienta y cocina hasta que estén 
blanditas.

Saca la base del congelador. Cubre con papel de
horno y unas legumbres secas para que hagan peso
y suba de forma uniforme.
Cuece a 180º entre 12 y 15 minutos. 

En un bol bate la leche, la nata, la nuez moscada,
el queso rallado y sal, y reserva.
Pon el sofrito en la base ya fría, 

cubre con los trozos de salmón 

y vierte por encima la mezcla de huevos.

Cuece en el horno a 150º unos 45 minutos. 
Comprueba con un pincho o tenedor que esté cuajada 
antes de apagar el horno.

¡Ahora a disfrutar!

Polvorones caseros de almedra

 

INGREDIENTES:
  • 500g. de harina de trigo
  • 250g de azúcar glas o molido
  • 250g de manteca de cerdo a temperatura ambiente
  • 200g de almendra molida
  • 1 cucharadita de canela molida
  • Azúcar glas para adornar

 

A todo correr, porque voy a mil, te dejo esta receta de polvorones.

Yo ya los vengo haciendo desde hace unos años y en principio no me había planteado subir la receta al blog (hay miles en la blogosfera), pero esta mañana, día de Noche Buena, recogiendo los últimos encargos para la cena de esta noche, escuche una conversación entre varias personas que hablaban del precio de los polvorones. Al parecer casi salían a dos euros la unidad de los de la marca de un antiguo monarca. ¡Que están riquísimos!, eso nadie lo discute, pero estos que comparto lo están igualmente y mucho más asequibles.

Ya sé que para esta noche no llegó, pero aún quedan las celebraciones de Fin de Año y Reyes — si lo celebras—, ¡o qué caray!, cualquier otro día del año.

También sé que no es obligatorio que haya polvorones en todas las casas, hay otros dulces de navidad tan buenos y tan tradicionales como esta variedad de mantecados, pero por qué no hacerlos en casa si nos gustan, salen más a cuenta y se puede elegir el tamaño y formato que más se adapte a nuestros gustos. La elaboración es muy fácil, solo tienes que tener en cuenta un par de cosas.

En general los polvorones están elaborados a base de harina de trigo, almendra molida, manteca de cerdo, azúcar y algún aromatizante. Todos ingredientes de uso común.

Para conseguir su sabor tan característico debes tostar la harina y la almendra, lo que le da al polvorón una consistencia tan delicada que obliga a envolverlos individualmente en papel de seda.

COMO SE HACE:

Como ya te he dicho es importante tostar la almendra molida y la harina.

Hoy para acelerar, he tostado la harina en la fuente del horno; colócala bien extendida en la bandeja, a 170º unos 20 minutos, debes removerla de vez en cuando. Mientras se tostaba la harina he utilizado una sartén antiadherente para hacer lo mismo con la almendra porque es más delicada y se tuesta antes, así resulta más fácil de controlar; el fuego debe estar suave y debes removerla bastante a menudo. 

La harina adquirirá un tono ligeramente más oscuro y la almendra se volverá parduzca.  Cuando ya estén frías, debes esperar a que pierdan todo el calor para continuar con la receta, mezcla la harina y la almendra en un bol —después de haberlas tamizado—, añade la manteca, el azúcar glas o molido y la canela. Mezcla hasta que se integren todos los ingredientes y se forme una bola homogénea. Este proceso puedes hacerlo a mano o utilizar una amasadora. Envuélvela en film y déjala en la nevera durante una hora, más o menos.

Después del reposo estira la masa entre dos papeles de film, o de horno, o un silpat y film,… Si tienes dos guías, como las que se utilizan para las galletas decoradas, mejor que mejo, así saldrán todos de la misma altura.  Si crees que es imposible estirar y dar forma al «amasijo» que acabas de poner encima de la mesa porque se desmiga, se agrieta en exceso y no obedece gran cosa, ¡no te rindas porque vas bien!, es así. Únicamente necesitas un poco de paciencia y verás como lo consigues.

Utiliza un cortapastas para cortar los polvorones, si no tienes puedes utilizar un vaso pequeño o lo que tengas a mano.

Pon todos los polvorones en la bandeja del horno forrada con papel sulfurizado. Hornea a 180º hasta que cojan un poco de color, unos 15/20 minutos.

Con mucho cuidado— en este momento son muy delicados—pásalos a una rejilla para que enfríen. Por ultimo espolvoréalos con azúcar glas y si quieres envuélvelos en papel de seda.

SUGERENCIAS:

Para este año ya nada, pero para el que viene hazlos unas semanas antes de las Fiestas, verás que ganan muchísimo con el tiempo, les pasa como a los buenos vinos. Deberás guardarlos en botes o latas herméticos. Yo suelo hacerlos en el puente de la «Inmaculada Constitución», el del 6 de diciembre.

Puedes utilizar el azúcar glas comprado o moler en casa el azúcar con molinillo de café, thermomix o similar, …

Si puedes, compra la manteca de cerdo ibérica, no hay mucha diferencia en el precio, pero el resultado es mucho mejor.

Si quieres envolver los polvorones, compra varios pliegos de papel de seda en la librería y córtalos en rectángulos teniendo en cuenta el tamaño del polvorón.

 

 

 

 

Crema de calabaza y castañas

NECESITAS:

  • 500 g de calabaza
  • 1 cebolla mediana
  • 18 o 20 castañas
  • 1 litro de caldo de verduras
  • 1 cucharadita de curri
  • Nuez moscada
  • Sal y pimienta
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Nata liquida
  • Pipas de calabaza

 

¡Tan hartos estamos de lluvia que ya no sabemos hablar de otra cosa!. Vayas a donde vayas y estés con quien estés, sale el tema meteorológico a colación —Creo que nunca ha llovido tanto y tanto tiempo seguido como este otoño—. Está empezando a afectarme, lo digo en serio; es imposible salir a la calle porque te empapas, es imposible organizar nada porque nadie se apunta. Como dicen en la tele, solo apetece sofá y manta.

Aun así, hemos hecho una escapadita para recoger castañas, las últimas de la temporada, pero hemos traído muy pocas, eso sí, a cambio hemos pillado una buena mojadura.

¿Y que te parece el uso que le he dado a tan preciado tesoro?  —más alguna otra cosa que había por la nevera—,  una riquísima y reconfortante crema de castañas y calabaza que, como te puedes imaginar, después del remojón nos ha sentado de maravilla.

Ahora que ya empezamos con la vorágine de las celebraciones navideñas, este plato puede ser una buena opción para un primero, sobre todo si en casa hay niños o personas mayores.

COMO SE HACE:

-Comienza pelando las castañas, que es lo más engorroso de la receta. Deberás quitarles las dos pieles, la exterior más dura y la otra, no importa que se rompan.

-Pon una olla mediana al fuego con cuatro cucharadas de aceite de oliva y sofríe la cebolla troceada hasta que quede blandita.

-Mientras, quítale la piel y las semillas a la calabaza y trocéala también. Rehógala junto con la cebolla, procura que no se dore porque la crema adquiriría un tono parduzco poco apetecible.

-Le toca el turno ahora a las castañas, añádelas a la olla y cocínalas unos minutos.

-Añade a la preparación una cucharadita de curri y una pizca la nuez moscada, remueve inmediatamente para evitar que se quemen e incorpora casi todo el caldo, que cubra un dedo por encima los ingredientes —reserva un vaso más o menos, por si necesitaras rectificar al final—. Añade también sal y pimienta. Tan pronto hierva coloca la tapa medio torcida y deja que cueza a fuego lento una media hora.

-Antes de apagar el fuego pincha una castaña, que es el ingrediente más duro, y si está blandita tritura todo hasta obtener un puré homogéneo.

-Pasa el puré por un chino o un colador y añádele 100 ml. de nata para transformarlo en la irresistible crema de calabaza con castañas que estás preparando.

-Vuelve a poner la olla al fuego, pero antes comprueba el punto de sal por si tuvieras que rectificar y la consistencia de la crema por si necesitaras añadirle algo más de caldo. Cuando vuelva a hervir ya estará lista para emplatar y servir.

Adórnala como más te guste, yo lo he hecho con un chorrito de nata y unas pipas de calabaza saladas.

Sírvete un  plato de esta rica crema tan otoñal y «Que llueva, que llueva …»

¡Espero que te guste tanto como a nosotros! 

LOS PASOS CLAVE:



Deberás tener los ingredientes previamente 
pelados, sin pepitas y troceados.



En una olla con un poco de aceite sofríe la 
cebolla hasta que se ablande.



Añade la calabaza, rehógala sin que llegue a 
dorarse. 



y a continuación incorpora las castañas. 
Cocínalas durante unos minutos.



Incorpora el curri, nuez moscada, sal y 
pimienta.
Añade el caldo y cuece media hora, con la 
tapa mal puesta.



Tritura y cuela. Añade 100 ml. de nata y 
comprueba el punto de sal y consistencia 
por si necesitara más caldo.
Lleva a ebullición otra vez y sirve acompañada 
de un chorrito de nata y pipas de calabaza 
saladas.




SUGERENCIAS:

-Disfrutar de recetas en las que puedas sacarle partido a los productos de temporada no es que solo sea más ecológico, es que también es bueno para tu salud, el paladar y el bolsillo.

-La calabaza es una hortaliza rica en vitaminas y fibras, y pobre en grasas. Y la castaña, como todos los frutos secos, es rica en minerales, pero es más pobre en grasas y más rica en agua que la mayoría de frutos secos. Si prescindes en la receta de la nata o la sustituyes por un poquito de leche desnatada tendrás en un plato muy poco calórico.

-Si quieres utilizar una olla rápida o la exprés acortaras mucho el tiempo de cocinado, con diez minutos de cocción desde que suba la válvula será más que suficiente,

 

Conejo en salsa fácil

 

 

NECESITAS: (para dos personas)
  • ½ conejo troceado
  • 1 cebolleta pequeña
  • ¼ pimiento verde y rojo
  • 1 tomate pequeño
  • 1 diente de ajo
  • 1 vaso pequeño de vino blanco
  • ½ vaso de agua
  • aceite de oliva
  • sal y pimienta
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • perejil y laurel
  •  romero y tomillo (optativa)

¡Uf!. Hace bastante tiempo que no publico nada ¡Vergüenza me da!, y es que te lías con una cosa y con otra y no das encontrado el momento de retomar la normalidad. Ahora ya parece que las cosas vuelven a su cauce, pero en todo este tiempo hemos sufrido algunos cambios en casa; hemos hecho una pequeña reforma, Marta ha vuelto después de estar un año fuera de España y la abuela Paquita nos ha dejado, hace ya algo más de un mes. Tan encima del uno de noviembre me acuerdo de ella, de su manera de hacer las cosas, de sus expresiones tan graciosas…, y he pensado que estaría bien compartir esta receta que a ella le salía fenomenal. —Parece que la estoy viendo recorriendo el pasillo de su casa toda pizpireta, derechita a su cocina, ella que odiaba cocinar….—

Este plato es muy fácil y un clásico de la cocina tradicional. —Y «mato así dos pájaros de un tiro», apoyando de paso este tipo de cocina, un poco pasada de moda, sí, pero platos que se deberían conservar y transmitir porque forman parte de nuestro patrimonio gastronómico y porque son la base de la cocina moderna y de vanguardia—

Cuando mi suegra ponía el conejo en salsa, el plato consistía en el conejo guisado y como acompañante la salsa, sin ningún otro tipo de guarnición. Hoy yo lo he acompañado de la típica ensalada de lechuga, tomate y cebolla, que según ella es la «ensalada verdadera», el resto de las ensaladas se negaba a probarlas. Recuerdo que en una ocasión que le había puesto manzana, por variar un poco, me dijo toda seria que la fruta se ponía de postre.

Anécdotas a parte, el conejo así cocinado le salía muy rico, aunque el pollo al horno lo bordaba.

COMO DE HACE:

– Lava y seca el conejo después de troceado. Intenta eliminar las astillas y los huesitos sueltos que pueda tener, para evitar problemas.

– Maja en un mortero el diente de ajo, el perejil y las otras hierbas, si es que has decidido añadirlas, con un poco de sal gorda que te facilitará la labor. Y con este majado adoba el conejo.

– En una cazuela con un poco de aceite dora el conejo por ambos lados, a fuego alto.

– Y mientras pica la cebolla y los pimientos y añádelos a la olla. Baja el fuego y rehoga hasta que la cebolla se ablande.

– Pela el medio tomate, trocéalo e incorpóralo al guiso.

– Haz un hueco con una cuchara para que se vea el fondo de la olla y dora ahí el pimentón. Incorpora inmediatamente, para que no se queme, el vaso de vino, sube el fuego y espera que se evapore el alcohol.

– Añade el agua y la hoja de laurel. Cuando hierva reduce el fuego, coloca la tapa de la olla un poco torcida y deja que se cocine el conejo durante media hora más. Comprueba que este tierno antes de apagar.

– Mi suegra unas veces servía así el guiso y otras veces pasaba la salsa por la batidora. Eso ya es cuestión de gustos.

– Sirve el conejo en salsa caliente antes de llevarlo a la mesa.

LOS PASOS CLAVE:

Lava y seca el conejo
Adoba la carne con un majado de ajo, perejil, 
hierbas y sal.Dora el conejo.

Pica la cebolla y los pimientos y añádelos a la 
olla.Pela y trocea el tomate y añade también.

Incorpora el pimentón y el vaso de vino. 
Espera a que se evapore el alcohol para agregar
el agua y la hoja de laurel.

Cuece durante media hora, hasta que este tierno el 
conejo. Tritura la salsa si quieres.

Calienta el guiso antes de servirlo.

 

 

Aunque hace casi dos meses que Paquita se fue, la tenemos presente en el día a día, a través de un perfume, una canción, alguna foto o como hoy con una de sus recetas.

Mousse de mango

Necesitas:
  • 500 ml de nata para montar 35% MG
  • 350 g de pulpa de mango —dos mangos maduros—
  • 50 g de claras de huevo —3 claras—
  • 100 g de azúcar
  • 3 hojas de gelatina o 5 g de gelatina en polvo
  • Zumo de ½ limón
  • Para adornar: fresas, maracuyá, pastas, chocolates, … —lo que tengas en casa—                                   mousse-de-mango-44

¿Cuantos tipos de mousses conoces? ¿Y recetas? ¿Te gusta más la de chocolate o la de fruta? ¿La prefieres ligera o más cremosa? ¿Con pocos ingredientes o con una variedad generosa?… Y así podría estar preguntándote hasta mañana, pero la cuestión es: ¿Has preparado alguna vez alguna?,¿y que tal el resultado?,¿no te habrá parecido una elaboración complicada? ;porque si es así probablemente has escogido la receta equivocada.

Vamos a pasar de las recetas para expertos, con cremas inglesas, natillas, termómetros, etc. —por está vez— y vamos a centrarnos en una con ingredientes básicos y de elaboraciones sencillas. Con seguir las indicaciones de cada paso conseguirás un postre que cautivará a los más exigentes.

Como se hace:

-Antes de empezar te recuerdo que para montar nata sin problemas deberá estar muy fría, en cambio las claras deberán estar a temperatura ambiente.

-Hidrata la gelatina en agua fría unos cinco o diez minutos.

-Quítale la piel a los mangos, trocéalos, ponlos en el vaso de la batidora, añade el zumo de limón y tritúralos hasta conseguir un puré muy fino. Puedes colarlo si no te gusta encontrar trocitos de fruta en la mousse.

-Calienta en el micro una parte del puré de mango —un poco más de medio vaso— y añade la gelatina bien escurrida, remuévela hasta que se disuelva completamente.

-Monta ligeramente la nata muy fría con unas varillas y guárdala en la nevera hasta que la necesites. (No la montes del todo porque al manipularla cuando la mezcles con el resto de la preparación si está montada muy firme se puede  “cortar”)

-Junta ambos purés, el que tiene la gelatina y el otro, e intégralos completamente.

-Bate las claras con el azúcar hasta conseguir un punto de nieve firme. (Vuelca el recipiente donde las estés batiendo, si no se caen has conseguido el punto perfecto)

-Añade el puré al merengue, mézclalos con movimientos suaves y envolventes para que no se bajen las claras.

-Por ultimo une con cuidado la nata reservada a la mezcla, hazlo progresivamente para que no pierda el aire acumulado.

-Vierte la mousse en vasos individuales y guárdala en la nevera .

-Como adorno utiliza frutas, diferentes galletitas, chocolates, …, lo que te guste, te quedará muy vistosa.

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Sugerencias:

– Si la preparas el día anterior estará perfecta y tu quedarás más libre, sin necesidad de preocuparte por el postre. Si te decides a hacerla el mismo día, prepárala a primera hora, cuenta que necesitarás como mínimo 4 horas en reposo en frío para que adquiera la textura deseada, pero en ambos casos adórnala siempre en el último momento.

– Una mousse es una excelente idea para utilizar frutas de temporada y con la misma receta disfrutar de postres diferentes, o para aprovechar la que nos ha quedado demasiado madura.

– Como en la mayor parte de las elaboraciones de las mousses caseras hay huevo crudo, es importante  que tengas la precaución de consumirla pronto y mantenerla refrigerada en todo momento.

Los pasos clave:

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Pela, trocea y tritura los mangos con 
el zumo de limón y cuela si no quieres
encontrar trocitos de fruta.
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Hidrata la gelatina en agua fría. 
Calienta en el micro una parte del puré
y disuelve la gelatina escurrida.
Junta ambos purés.
Monta ligeramente la nata y guárdala en
la nevera.
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Monta las claras a punto de nieve firme.
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Añade el puré a las clara y une con
movimientos suaves y envolventes.
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Por ultimo une progresivamente la nata
a la  mezcla.
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Vierte la mousse en vasos y adorna a tu
gusto.

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Crema de calabaza y pimiento rojo

Necesitas:
  • ½ calabaza violín
  • 1 pimiento rojo
  • 1 cebolla
  • 2 cucharadas de queso fresco, tipo Philadelphia
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta
  • Nuez moscada

 

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Una de las formas más sencillas de incorporar hortalizas y verduras a nuestro menú es mediante los purés y las cremas. Una crema caliente en días fríos constituye un reconfortante primer plato y un saludable plato único en la cena, y en verano fría no tienen precio.

Aunque para algunos pecan de sosas y aburridas, a mí no me lo parecen para nada, la clave está en la receta que utilices, así que toma nota de ésta y de algunos consejos y podrás preparar de forma sencilla una dulce, sabrosa y suave crema de calabaza y pimientos rojos  y que te quede perfecta.

¡Espero que te guste!

crema-calabaza-y-pimiento

como se hace:

Pon una olla al fuego con unas tres cucharadas de aceite y rehoga la cebolla troceada, a fuego medio.

Mientras tanto pela y corta la calabaza y los pimientos, no hace falta que los trozos sean pequeños ni regulares porque después habrá que triturarlos. — ¡Echa un ojo a la cebolla!, remuévela de vez en cuando para que no se queme—

Cuando la cebolla comience a ablandarse añade primero los pimientos, deja que se hagan unos minutos y después incorpora la calabaza, — ¡aunque no te lo recuerde, no te olvides de revolver!—

Baja el fuego, añade la sal, pimienta y nuez moscada, y deja que se pochen lentamente las hortalizas. No tengas prisa en este paso, es fundamental para que el plato consiga el sabor suficiente, sin necesidad de recurrir a la “pastillita de caldo”. —¡No dejes de revolver!— 

Observarás como los ingredientes van adquiriendo un tono ligeramente dorado.  En este punto añade agua hasta que los cubra los ingredientes dos dedos por encima. Cuece de 20 a 30 minutos.

Antes de pasar todo por la batidora cerciórate de que no haya demasiado liquido en la olla o te quedará una crema demasiado suelta.  Para ir sobre seguro retira una parte a un vaso y ve rectificando según necesites.  En este paso añade el queso —opcional—. Cuando esté todo bien triturado y hayas conseguido una crema homogénea puedes pasarla por el chino, si quieres un resultado más suave.

Vuelve a poner la crema al fuego y espera a que hierva para evitar que se estropee . —Este paso también es importante—

Los pasos clave:

En una olla con 3 cucharadas de 
aceite rehoga la cebolla troceada, 
unos minutos.
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Mientras trocea los pimientos y la
calabaza e incorpóralos a la olla.
Primero los pimientos

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Y unos minutos más tarde la calabaza
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Sofríe lentamente y añade la sal, 
pimienta y nuez moscada. 
Cubre con agua y cuece hasta que
ablanden, 20/30 minutos.
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Tritura primero con la batidora 
y después pasa por el chino.
Si quieres una crema muy suave.
En este paso añade el queso, si
es que has decidido ponérselo

crema-calabaza-y-pimiento

Sugerencias:

Si quieres puedes añadir una patata a la olla y la crema tendrá más consistencia.

El queso fresco puedes sustituirlo por el clásico quesito en porciones o por un chorro de nata, o simplemente pasar…

Haz bastante cantidad y consérvala en botes individuales de cristal, de esta manera tendrás raciones para cuando te apetezcan o necesites una solución rápida. Los botes de mermelada son los ideales; llena los botes con la crema hasta el borde inmediatamente después de hervirla, ponles las tapas y deja que enfríen boca abajo, después guárdalos en la nevera. Aguantan hasta 7 días.

Rape al horno con patatas

Necesitas:

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  • Una cola de rape
  • 3 o 4 patatas
  • 1 cebolla
  • 1 puerro —la parte blanca—
  • ¼ pimiento rojo
  • ½ pimiento verde
  • Azafrán
  • ½ vaso de Oporto —o cualquier otro vino que te guste—
  • Sal
  • Aceite de oliva
  • Harina para rebozara el pescado

Apuesta por cocinar pescado en el horno porque es una apuesta ganadora. Complicándote muy poco puedes obtener un plato exquisito que encantará a todos en casa. Escoge entre los más habituales, merluza, dorada, salmón, lubina, bacalao, … y conviértelos en el plato estrella con el que brillarás en una ocasión especial, o en otro día cualquiera.

Hoy he utilizado el rape —aunque si eliges otra clase de pescado el resultado será igual de bueno— porque como la amiga que me dio la receta la hace con rape, con rape la comparto. ¡Queda espectacular!

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Como se hace:

-Corta la cebolla, el puerro y los pimientos en cuadraditos pequeños (brunoise).

-Limpia las pieles finas que rodean la cola del rape —o pídele al pescadero que te lo haga el—, para evitar que encoja cuando lo cocines. También córtalo en rodajas gorditas, sala y reserva.

-Pela y lava las patatas y córtalas en láminas de medio centímetro (más o menos). Pon una sartén al fuego con abundante aceite, espera a que se caliente y ve friéndolas en tandas, no las añadas a la satén todas de golpe o se romperán. No es necesario que esperes a que se cocinen del todo porque aún tendrán que ir un rato al horno y es aquí donde se acabarán de hacer. Cuando comiencen a cambiar de color retirarlas con una espumadera y ve poniéndolas en la fuente del horno, sala y reserva. Deja sitio para el pescado.

-Enharina el rape y en la misma sartén fríelo brevemente (vuelta y vuelta). Colócalo en la fuente entre las patatas.

-Sofríe la cebolla, puerro y pimientos en el aceite que queda —si crees que es demasiado aceite retira un poco—. Añade sal y espera a que se ablanden.

-En este momento ya puedes ir encendiendo el horno, a 190º arriba/abajo y aire, para que vaya cogiendo temperatura.

-Cuando los vegetales estén bien pochados añade las hebras de azafrán y el vino, sube el fuego para que se evapore el alcohol, un par de minutos, después baja la temperatura y deja que se cocinen unos 5 o 6 minutos más.

-Cubre el pescado con el sofrito y ya puedes colocar la fuente en el horno con la parrilla en la posición central. Cuece durante unos 20 minutos. Transcurrido este tiempo a paga el horno y espera a que el asado repose un ratito dentro antes de servirlo.

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Los pasos clave:

Pela,lava las patatas y córtalas en 
láminas de medio centímetro. Fríelas 
ligeramente y pásalas a una fuente de 
horno. 
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Limpia el pescado, córtalo en rodajas 
y ponle sal. Enharínalo y fríe 
vuelta y vuelta. Colócalo en la fuente 
entre las patatas.
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Corta las cebolla, puerro y pimientos 
en cuadraditos pequeños y póchalos en 
la misma sartén. 
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Añade el azafrán y el vino,sube el 
fuego para que se evapore el alcohol 
y cocina durante un par de minutos más.
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Cubre el pescado con el sofrito y 
hornea en horno precalentado durante 
unos 20 minutos.
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Sugerencias:

Preparar un pescado al horno en bastante sencillo y una solución muy práctica cuando hay invitados en casa.

Aunque puedes poner todos lo ingredientes en crudo sobre una fuente y llevarla así al horno, el hecho de pasarlos antes por la sartén nos lleva a ahorrar tiempo de horno y a asegurar el gusto extra que le proporciona la fritura.

Si tienes dudas de cómo conseguir el punto óptimo del pescado —ni crudo ni seco, lo ideal es que la carne pegada a la espina se despegue con facilidad— te puede ayudar el calcular 20 minutos de cocción por el primer kilo y 10 minutos más por cada kilo a mayores de la pieza.

Como siempre, la calidad del producto, fresco o congelado, es importante para un buen resultado, así como también es importante en el congelado el proceso de descongelación. Lo mejor es pasarlo a la nevera la noche anterior, pero si se te fue el “santo al cielo” prueba a meterlo en una bolsa hermética y sumergirlo en un recipiente con agua caliente —la del grifo—, verás cómo en media hora, más o menos, estará prácticamente descongelado. Después lávalo ligeramente y añádele unas arenas de sal. Yo prefiero esta opción a la del microondas.

 

 

 

Tarta crumble de crema y mermelada de frutos rojos

Necesitas:

Base o crumble

  • 400 g de harina
  • 2 huevos
  • 150 g de azúcar
  • 120 g de mantequilla
  • 8 g polvo de hornear (levadura en polvo)
  • 1 pizca de sal
  • Extracto de vainilla

Relleno de crema

  • 500 ml de leche
  • 4 yemas
  • 45 g de maicena
  • 125 g de azúcar
  • Cáscara de un limón o vainilla
  • Mermelada de frutos rojos
  • Azúcar glas para adornar


Esta tarta de migas crujientes —crumble— con un corazón de delicada crema y mermelada de frutos rojos te conquistará desde el primer minuto. Si la pones de postre y sobra seguro que no puedes resistir el coger un trocito a media tarde, y hasta te apetecerá en el desayuno, ¡eso si no desparece antes!

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Si no has tenido ocasión de probar este tipo de elaboraciones no dejes de hacerlo porque creo que te estás perdiendo algo delicioso.

El crumble es un pastel de origen anglosajón, una receta tradicional que tanto se puede degustar de postre como de merienda. Es el clásico dulce de los desapacibles y húmedos días del otoño o invierno británico, de ahí la preferencia de disfrutarlo recién hecho o templado.

Lo que lo hace tan especial es la dulce galleta desmigada y crujiente que cubre un relleno, generalmente una fruta ácida. Esta cubierta se hace con una masa a base de harina, mantequilla y azúcar, muy parecida a la quebrada —aunque admite también otros ingredientes; huevos, frutos secos, copos de avena …— que se desmiga sobre un relleno, y al cocerla en el horno se transforma en una capa deliciosamente crujiente, como la de una galleta hecha migas.

En los últimos años, creo que no hay café ni restaurante español que no haya añadido a su carta de postres un crumble, por eso mismo creo también que tú deberías incluirlo entre tus recetas de postres favoritos.

Es muy fácil y no se requiere una habilidad especial para
obtener un gran resultado, cualquier inexpert@ lo puede conseguir simplemente siguiendo la receta.

Tengo que decir que la versión más clásica de este dulce es una capa de fruta fresca cubierta por la masa de migas, que se hornea y se suele servir templada acompañada de helado de vainilla o un chorrito de crema inglesa, pero esta tarta es un poco diferente, la combinación de mermelada y crema pastelera del relleno la convierten en algo especial, se la vi a Valentina del blog Ho voglia di Dolce. (Si no lo conoces te dejo el enlace por si quieres pasar a echar un vistazo).

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Como se hace:

Base o crumble

-Pon en un bol amplio los ingredientes secos; azúcar, harina, levadura y sal. Mézclalos bien.

-Añade los huevos, la vainilla y la mantequilla fría cortada en dados.

Si haces la masa a mano ve frotando con los dedos los ingredientes y verás como poco a poco se van a ir formando unas migas un poco gorditas —¡no caigas en la tentación de amasar a dos manos para acabar antes porque calentarás la mantequilla y no conseguirás la textura adecuada!—

Si utilizas un robot ve deteniendo varias veces la marcha, hasta conseguir las migas del grosor adecuado.

-Cuando esté hecha la masa divídela en dos. Forra con papel de hornear el molde en el que vayas a cocer la tarta y extiende la mitad de la masa, con la base de una cuchara, por el fondo y las paredes. Guarda en la nevera tanto el molde forrado como la otra mitad de masa.

Crema

-Calienta casi toda la leche con la piel del limón o la vainilla, para que infusionen.

-En una olla que pueda ir al fuego pon las yemas y el azúcar, remueve hasta conseguir una pasta ligera.

-Disuelve la maicena en el resto de la leche reservada y añádela a la mezcla de los huevos, revuelve con unas varillas y ve añadiendo poco a poco la leche caliente, pero retira antes la piel del limón. Lleva al fuego la olla y sin dejar de remover espera a que espese.

Montaje

-Recupera el molde que habías dejado en la nevera. Cubre la base con la mermelada de frutos rojos, teniendo la precaución de que no llegue al borde, déjala como un centímetro adentro para evitar que al incorporar la crema salga por encima y se mezclen porque estéticamente hace sucio.

-Cubre la crema con la otra mitad de la masa, pero esta vez deja las migas sueltas por encima.

-Cuece en horno ya precalentado a 180º durante 45 minutos, o hasta que coja un color dorado.

-Espera a que se enfríe un poco para desmoldar la tarta. Adorna simplemente espolvoreando azúcar glas.

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                  ¡Sencillamente deliciosa!

Sugerencias:

Si ves que la masa se vuelve compacta, introdúcela en la nevera envuelta en film y cuando este fría rállala para conseguir las migas.

Si cuando este en el horno observas que la tarta se dora demasiado por los bordes cúbrela con un papel de aluminio.

Si te sobra masa  la puedes congelar  y usar en otra ocasión.



                 Los pasos clave:

En un bol amplio pon todos los ingredientes secos 
y mézclalos. Añade los huevos, la vainilla y la 
mantequilla fría cortada en dados.
Mezcla con los dedos hasta formar unas migas gordas. 
Divide la masa en dos. 

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Con la primera mitad cubre la base y paredes de un molde 
forrado con papel de hornear.
Haz la crema pastelera y monta la tarta. Empieza poniendo 
una capa generosa de mermelada en la base.

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Vierte la crema sobre la mermelada con cuidado para que
no se mezclen.

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Por ultimo cubre con la otra mitad de la masa la tarta
esparciéndola en forma de migas.

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Cuece la tarta en horno precalentado, a 180º durante 45 minutos. 

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Espolvorea azúcar glas para adornar.

 

Pollo a la cerveza fácil (en olla rápida)

Necesitas:
  • Un pollo troceado 
  • Un botellín de cerveza
  • 1 cebolla
  • ½ pimiento rojo
  • 2 dientes de ajo
  • Perejil, preferiblemente fresco
  • Aceite de oliva
  • Hierbas, según tus gustos (laurel, tomillo, orégano, albahaca,…)
  • Sal y pimienta

Después de tanto tiempo sin compartir ninguna receta y teniendo en cuenta las fechas en las que estamos, parece que lo más normal sería que volviera con un plato navideño, pero he preferido inclinarme por uno más atemporal, uno valido para cualquier día del año, un pollo a la cerveza. No es una preparación de fiesta –o sí– pero estoy convencida de que se convertirá en una de tus recetas favoritas por sabrosa, rápida y económica.

He pensado en este clásico porque en medio de tantas decoraciones navideñas, compras, reuniones, regalos, comidas y cenas, y probablemente con invitados en casa, necesitamos sacar tiempo de donde no lo hay. Ten en cuenta que si de los 15 días que duran estas fiestas, contando como pistoletazo de salida el día de la lotería,  eliminamos los  seis días más señalados  –Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo, Noche de Reyes y Día de Reyes– , quedan otros nueve en los que también hay que comer.

Anímate a preparar este pollo, es una receta muy agradecida, ideal tanto para principiantes en esto de la cocina, como para los que no os queréis complicar demasiado en estos días de tanto ajetreo.

Como se hace:

–  En el mortero machaca un diente de ajo, sal, pimienta y perejil. Lava y seca el pollo con papel de cocina (a mí también me gusta eliminarle bastante parte de la piel) y adóbalo con el majado de ajo.

– Pon una olla a fuego medio-alto, cubre el fondo con aceite y sofríe el pollo, si es mucho y no cabe sin que se amontone hazlo en dos tandas. Muévelo de vez en cuando para que coja color por todas partes. Cuando esté bien dorado retíralo a un plato y resérvalo. Estará dorado por fuera, pero continuará crudo por dentro.

– En el mismo aceite que queda en la olla pocha la cebolla, el otro diente de ajo y el pimiento, muy picados. Añade un poco de sal y rehógalos, a fuego medio-bajo, hasta que cambien de color.

– Incorpora el pollo a la olla junto con los jugos que haya desprendido. Mézclalo con las hortalizas y añade las hierbas que hayas elegido, rehoga todo junto unos tres minutos.

– Añade ahora la cerveza, deberá cubrir ligeramente el pollo, si no lo cubre añade un poco de agua o caldo, pero no suele ser necesario. Sube el fuego y deja que se evapore el alcohol. Coloca la tapa y cierra la olla, espera a que suba la válvula, baja el fuego y cuece durante diez minutos.

– Mientras prepara una guarnición para acompañar a este sabroso pollo, unas patatas fritas o una ensalada le quedarán perfectas, sin complicarte demasiado.

– Si cuando abras la olla compruebas que la salsa está muy ligera y la prefieres más espesa, retira el pollo a una fuente y pon de nuevo la olla al fuego, deja que hierva unos minutos a fuego vivo para que se evapore parte del líquido (revuelve de vez en cuando, para que no se pegue). También puedes añadir una nuez de mantequilla a la salsa, antes de incorporar el pollo, le dará mucho brillo.

Sugerencias:

¿Quieres que tu pollo tenga un aspecto mas elegante, más de fiesta?. Pasa el pollo con la salsa a una fuente que resista temperaturas elevadas y mételo en el horno precalentado  a 180º durante unos 10 minutos o hasta que se dore por todos lados, para ello deberás girarlo de vez en cuando.

Ni que decir tiene que cuanto mejor sea la calidad del pollo, mejor estará el guiso.

Puedes añadir agua o caldo a la preparación, pero en la cocción a presión apenas se evaporan los líquidos, con lo que no suele ser necesario.

No especifico el tipo de cerveza porque eso es cuestión de gustos, yo he utilizado una rubia que es más suave, pero una negra o tostada le queda de maravilla.

El cocinar en las ollas rápidas tienen muchas ventajas, lo que más, ahorro de tiempo y energía, cosa que notarás al final de mes en la factura de la luz o gas.

LOS PASOS CLAVE:

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Lava y seca el pollo troceado.
Adóbalo con un majado de sal, ajo, 
pimienta y perejil.

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Dora el pollo y retíralo a una fuente.

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Pocha la cebolla, ajo y pimiento finamente 
picados.

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Incorpora a la olla el pollo y los jugos 
que haya desprendido.
Añade la cerveza hasta cubrir el pollo. 
Sube el fuego hasta que se evapore el alcohol.
Cierra la olla y cuece durante 10 minutos 
después de que haya subido la válvula.


¡Y ya está, listo para ir a la mesa!

Ratatouille con patata.

 

 

Necesitas:
  • 1 berenjena
  • 1 calabacín
  • 2 patatas
  • 2 tomates pera
  • 1 cebolla
  • Sal y pimienta
  • Queso rallado

Salsa:

  • Aceite de oliva
  • 1 tomate maduro
  • 1 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 1 pimiento mediano asado o 6 del piquillo
  • Hierbas provenzales o las aromáticas: tomillo, romero, orégano, albahaca, laurel, mejorana, …
  • Sal, pimienta y azúcar

 

Conquistarás a los más peques de la casa con este plato que además tienen nombre de peli de dibujos.

Esta receta es una variante de la ratatouille tradicional, un guiso francés típico de la Provenza, en el que asan hortalizas (berenjenas, calabacines, tomates, cebollas, pimientos,…) en el horno con aceite de oliva y hierbas aromáticas, ingredientes que no suelen estar entre los favoritos de los niños, pero si le añades patata y queso la cosa cambia —aunque los puristas se pueden llevar las manos a la cabeza—, conseguirás que se los tomen sin rechistar.

La ratatouille es un plato saludable y vegetariano, que gana en sabor si lo dejas reposar toda una noche. Aunque muchos intentamos imitar, a veces con un dudoso éxito, la vistosa presentación de la peli — unos finos discos vegetales colocados en espiral de forma intercalada sobre un sofrito —, en la receta original las hortalizas van cortadas de forma más basta. Algunos cocineros son partidarios de cocinar los vegetales por separado para juntarlos al final, y otros de hacerlo todo junto desde el primer momento, pero en ambos casos se obtiene un resultado que recuerda mucho al pisto español de toda la vida.

Como se hace:

Empezaremos por la salsa:

-Pica finamente la cebolla y el ajo, sofríelos en una sartén con un poco de aceite de oliva a fuego medio, deja que se vayan pochando. Mientras pela y trocea el tomate y añádelo al sofrito, cocínalo durante unos minutos. Por último, porque ya están asados, incorpora los pimientos también troceados y las hierbas aromáticas que te gusten, sal, pimienta y una cucharada de azúcar. Deja que se cocine todo a fuego lento unos 15 o 20 minutos, revolviendo de vez en cuando para que no se pegue. Puedes dejar así la salsa o pasarla por la batidora para que los niños no le encuentren tropezones.

-Es interesante que compres los vegetales de un tamaño similar, por cuestiones estéticas. Corta finamente las hortalizas en rodajas, si dispones de una mandolina te será más fácil y ahorrarás mucho tiempo, deberán ser de un mismo grosor, así la cocción será uniforme. 

-Cubre la base de una fuente de horno con la salsa que ya tienes preparada. Coloca encima los vegetales de forma ordenada y alterna, siguiendo un patrón, por ejemplo; patata, tomate, calabacín, cebolla, berenjena, y vuelve a empezar…, patata, tomate, calabacín, cebolla, berenjena.

-Prepara un aliño con dos cucharadas de aceite de oliva, un diente de ajo muy picado, sal, pimienta, hierbas provenzales y riega el contenido de la fuente con esta mezcla. Por último espolvorea el queso rallado.

-Cubre el guiso con un papel para evitar se queme por encima. Introduce la ratatouille en el horno y cuécela durante unos 30 minutos a 180º (arriba y abajo). Transcurridos los primeros 20 minutos retira el papel y deja que se siga cocinando otros 10 minutos más. La hortalizas deben quedar blanditas, perfectamente cocinadas pero no quemadas ni deshidratadas, para ello puedes abrir el horno las veces que consideres necesario (no pasa nada, no es un bizcocho) y así comprobar si ya están listas antes de sacarlas.

 

LOS PASOS CLAVE:

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 En una sartén con aceite de oliva sofríe la 
cebolla y el ajo finamente troceados.


 Añade a media cocción el tomate también troceado 
y pelado.

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Incorpora el pimiento en trozos pequeños, sal, 
pimienta, la hierbas y el laurel.

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Corta las hortalizas del mismo grosor.
Cubre la base de la fuente con la salsa y coloca 
de forma ordenada los vegetales encima.

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Riega con un aliño hecho con dos cucharadas de 
aceite, un diente de ajo picado, sal, pimienta y 
hierbas aromáticas.

Espolvorea el queso rallado


Hornea a 180º durante más o menos 30 minutos.

Sugerencias:

A parte de estas hortalizas puedes utilizar otras, pimientos, zanahorias, puerros, calabaza, … Compra los productos lo más frescos que puedas, sobre todo si vas a utilizar la mandolina, de lo contrario tendrás problemas para cortarlos.

Para que este plato tenga el autentico sabor de la Provenza son fundamentales las hierbas. Si no encuentras las provenzales que ya venden mezcladas haz tu una combinación con las que tengas en casa.

Este plato lo puedes servir caliente o frío, como plato principal vegetariano o como guarnición de una carne o un pescado.

La ratatouille se puede cocinar el día anterior y guardarla en la nevera hasta dos días, es más, los entendidos recomiendan no comerla recién hecha, opinan que el reposo de toda la noche le favorece, el sabor es más intenso cuando se recalienta al día siguiente.

Volviendo al tema de la presentación, puedes optar por la espiral como en la peli, en línea como he hecho yo o algo más tradicional; trocea los vegetales en cubos más o menos de un tamaño similar, ásalos en el horno y mezclándolos con la salsa.

 

 

 

 

Strudel de manzana y hojaldre

 

Necesitas:
  • 2 láminas de hojaldre
  • 4 o 5 manzanas
  • 4 cucharadas soperas de azúcar
  • 2 cucharadas de mantequilla
  • 1 cucharadita de canela
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • ½ vaso de uvas pasas
  • 1 puñado de nueces peladas
  • 2 cucharadas de ron
  • 6 galletas desmenuzadas
  • 1 huevo batido
  • Harina
  • Azúcar glas

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               El Strudel (significa remolino en alemán) es un famoso pastel de origen Centro-europeo, consta en una masa muy fina que envuelve un relleno dulce o salado.

En el strudel la masa es algo muy característico y se diferencia del resto de las masas en su elasticidad, es posible estirarla hasta lo imposible, hasta convertirla en una capa casi transparente —dicen los entendidos que se tendría que poder leer una hoja del periódico a través de ella—, y una vez cocinada se vuelve ligera y crujiente. Harina común y una grasa, aceite o mantequilla (aunque en algunas recetas puede llevar un huevo), son los ingredientes con los que se obtiene esta masa tan singular. A pesar de que estos ingredientes son muy comunes y la elaboración no es compleja, el procedimiento para estirarla exige un poco de pericia, tiempo y paciencia, de ahí que en muchas recetas, por comodidad, se sustituya por la pasta filo o el hojaldre.

El más popular de los strudel es el que está relleno de manzanas especiadas y frutos secos, lo que los vieneses llaman apfelstrudel o apple strudel, y tiene dos virtudes, que es un delicioso postre y una elección muy acertada si vas con el tiempo justo, porque lo puedes servir recién hecho, cuando aún está todavía caliente —con un poco de helado la combinación es perfecta—, también lo puedes dejar enfriar, en ese caso cúbrelo con abundante azúcar glas, ya una vez frío, y acompáñalo con nata montada. Para los amantes de los postres de manzana ambas son todo un homenaje.

Como hoy voy muy mal de tiempo cogeré algún atajo; para salir del apuro emplearé un hojaldre comprado, aunque también podría haber utilizado una pasta filo; si te fijas en la relación de ingredientes, para que aun sea más rápida la elaboración, ni siquiera los peso, utilizo las medidas para “perezosos”: cucharadas y puñados. .

Como se hace:

-Hidrata las pasas en el ron: pon las dos cosas en un cuenco y reserva.

-Desmenuza las galletas y resérvalas también.

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-Pela las manzanas, trocéalas y ponlas en un cazo al fuego con la mantequilla. Incorpórales el azúcar, la canela y la vainilla, revuelve de vez en cuando para que no se peguen. Cuando la manzana este ligeramente blanda añade las uvas con el licor, espera a que éste se evapore y apaga el fuego. Deja que la compota se enfríe. (Puedes utilizar el microondas para esta elaboración).

-Superpón las láminas de hojaldre en una mesa ligeramente enharinada y con un rodillo estíralas hasta dejarlas lo más delgadas que puedas. 

Hay varias cosas que debes tener presente cuando trabajes con hojaldre; que  la masa debe estar lo más fría posible, que siempre se debe cocinar en horno precalentado y que nunca se le debe poner un relleno caliente.

-Cuando ya tengas bien estirada la masa puedes ponerla con cuidado sobre un paño, te facilitará el enrollado.

-Espolvorea toda la superficie de hojaldre con azúcar y la mitad con la galleta —lo de la galleta se hace para evitar que la masa coja demasiada humedad— y también reparte parte de las nueces. Coloca encima la compota de manzana, dejando los bordes libres y cúbrela con el resto de las nueces y la otra mitad de la galleta.

-Con la ayuda del paño ve enrollado la masa, como si fuera un brazo de gitano. Cierra bien los extremos para que no se salga el relleno durante la cocción y colócalo en una placa del horno forrada de papel, con las uniones hacia abajo.

-Haz unos cortes poco profundos en oblicuo en la parte de encima del strudel y barnízalo con el huevo batido.

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-Cuece en el horno precalentado a 180º unos 20/25 minutos, o hasta que el hojaldre esté dorado.

-Puedes servir el strudel con una bola de helado de vainilla o con un poco de nata montada —aunque a mi me gusta así, templado y sin nada más—.  

Sugerencias:

En muchas recetas rellenan el strudel con la manzana sin haberla cocinado previamente, la trocean y la mezclan con las especias. Pero como el hojaldre se cuece bastante rápido, prefiero no arriesgarme a que se quede cruda y la cuezo un poco antes.

El proceso de cocinar la manzana con las especias puedes hacerlo en el microondas, acortarás tiempo.

Puedes sustituir el huevo por mantequilla para pincelar el hojaldre, yo he utilizado huevo para no sumar más grasa al postre.

Como ves es una receta muy fácil, para principiantes, diría yo. No hay escusas para no poder quedar como un “señ@r” —¡aunque sea con un poco de trampa!—

Guiso de ternera -ragout- con patatas, zanahorias y guisantes

 

 

Necesitas:

 

  • 600 g de carne de ternera
  • 1 cebolla
  • 1 puerro pequeño —parte blanca—
  • 2 dientes de ajo
  • ½ pimiento verde
  • Aceite
  • 100 ml de vino tinto
  • 200 ml de caldo de pollo o agua
  • 3 patatas grandes
  • 3 zanahorias
  • Guisantes —frescos, congelados o en lata—
  • Mantequilla
  • Sal, pimienta y pimentón
  • Hierbas a tu elección: tomillo, romero, clavo, comino, laurel, perejil…

 

              En un recetario tradicional no puede faltar el popular guiso de ternera con patatas; una preparación que lleva el cartel de comida casera y familiar, de receta de la abuela que se pasa de generación en generación.

A este clásico plato le tengo un especial cariño porque me traslada a cuando era pequeña, a cuando volvía del cole al mediodía y en el portal un apetecible olor a guiso inundaba la escalera,  y recuerdo que cruzaba los dedos para que el origen de tan apetecible olor fuera mi casa.

Este sabroso guiso, ragú o ragout , o gulash de ternera, en su infinidad de variantes, conquista a quien lo prueba y su elaboración es muy simple, no tiene apenas secretos; el cocinarlo poco a poco, a fuego lento, para conseguir el punto idóneo de la carne,   y el contar con una buena materia prima, es todo lo que se necesita. Por lo demás, la receta es muy sencilla y empieza precisamente en la carnicería. Elige bien la pieza de carne que vas a utilizar; si compras, por ejemplo, la de filetes, el resultado no va a ser bueno, ¡ya sé que se ve muy limpita y más apetecible!, pero precisamente por esto, al no tener apenas grasa te va a quedar como una suela, y por encima es más cara. Para mí la mejor es el jarrete o morcillo, la parte de la aguja, el rabillo, o lo que en Galicia llamamos croca (cadera), cualquiera de ellas es mucho más jugosa.

Aprovecha ahora que estamos en primavera para utilizar guisantes frescos, que están en temporada.

Si no te lo tomas con prisas obtendrás un sabrosísimo guiso que conquistará al más exigente.

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Como se hace:

 

-Corta la carne en dados grandes o pide al carnicer@ que lo haga,  y adóbala con el clásico majado de sal, pimienta, un diente de ajo y perejil. Reserva en la nevera.

-Corta también la cebolla, el puerro, el otro diente de ajo y el pimiento. Si tienes niños pequeños —o una pareja que como si lo fuera— a los que no les gusta nada encontrar trozos de vegetales por el guiso adelante, haz trocitos muy pequeños, en el proceso de la cocción desaparecerán. Calienta 3 o 4 cucharadas de aceite en una sartén y rehoga las hortalizas troceadas, añádeles un poco de sal. Antes de que cojan un color oscuro retíralas, escúrreles bien el aceite y pásalas a una olla.

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-Añade ahora la carne adobada a la sartén con el aceite de haber rehogado las hortalizas, si no te llega añade un poco más. Cuando esté dorada incorpórala a la olla con los vegetales.

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-En la misma sartén y sin apagar el fuego, agrega el vino, espera a que se evapore el alcohol y añade el caldo o el agua. Deja que hierva un par de minutos.

-Mientras pon la olla con la carne al fuego e incorpora dos clavos de olor, una cucharadita de pimentón, una pizca de comino, la hoja de laurel y revuelve.

-Vierte encima de la carne el contenido de la sartén con el vino y el caldo. Espera a que hierva para bajar el fuego y coloca la tapadera. Deja que cueza así a fuego lento durante 50/60 minutos.

-Pela las patatas y córtalas. Haz lo mismo con las zanahorias, (aunque yo hoy he utilizado zanahorias baby congeladas —que no hay que hacerles nada porque ya vienen escaldadas—).

-En una sartén limpia pon una cucharada de mantequilla con dos o tres de aceite de oliva, cuando este caliente incorpora las patatas y las zanahorias —si utilizas las zanahorias congeladas debes añadirlas más tarde, junto con los guisantes—. Agrégales la sal, romero y tomillo. Saltéalas durante un rato. Espera a que la patata coja una capita crujiente para reducir el fuego y tápalas. Remueve de vez en cuando. A los diez minutos, más o menos, añade los guisantes. Rehoga durante unos minutos más y reserva.

-Una vez transcurridos los 45 primeros minutos de cocción de la carne incorpora las hortalizas al guiso. Mezcla bien todos los ingredientes y sigue cocinado el tiempo que falta. 

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-Deja que repose unos diez minutos y ya lo puedes de llevar a la mesa.

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Sugerencias:

 

Sofríe bien los vegetales antes de añadir los demás ingredientes, de esta forma aportaran más sabor al guiso.

Si utilizas guisantes frescos tienes que sacarlos de la vaina y cocerlos en agua hirviendo con sal durante 4 o 5 minutos, lo mismo que si te decides por unos congelados (sigue las instrucciones del envase). Si por el contrario, has optado por los de lata, únicamente deberás lavarlos antes de añadirlos a las patatas.

Una buena idea, por falta de tiempo, es hacer el guiso en dos partes; empieza el día anterior guisando la carne y guárdala en la nevera y añadir la guarnición el día que la vayas a consumir.

Como todas las carnes que se cocinan en salsas, ganan en sabor y están más tiernas si se cocinan de un día para otro.