Masa de pizza (siempre sale)

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¿Para ti “el secreto de la pizza está en la masa”… o en el relleno? ¿O en ambos?

Desde luego lo del relleno es cuestión de gustos pero… ¿y la masa?

¿Has intentado hacer la base en casa alguna vez? ¿Y qué tal…? Porque no veas la de veces que lo he intentado yo, y siempre con muy poca fortuna.

¡La de recetas que habré utilizado… antes de dar con esta!  Y la descubrí por casualidad, que es como suelen ocurrir estas cosas, buscando la receta de unas crêpes sucettes en unos libros de cocina europea que apenas utilizo. Mientras hojeaba el tomo de la cocina francesa delante de la misma estantería, convencida de que no valía la pena trasladarlo a ningún sitio, porque no me iba a solucionar gran cosa, el correspondiente a la cocina italiana se descolocó y no sé de que manera fue a acabar encima de uno de mis pies, dejándome el dedo gordo en un estado lastimoso —durante unos días solo me pude calzar una zapatilla de mi marido— Tras unos saltitos a la pata coja a lo largo del pasillo, unos cuantos resoplidos y otros tantos lamentos, como ya podrás imaginar, busque al culpable de mi desgracia y allí estaba, con el lomo pegado al suelo, abierto en dos, y adivina en que pagina, la de «la receta de la masa para pizza» ¿Sería una señal?

La probé —con poca fe, he de confesar— y ¡sorpresa!, ¡qué éxito!. Desde entonces ya no he probado con más recetas,  siempre utilizo esta.

Intentaré explicártela lo más detalladamente posible para que cuando la hagas no haya fallos. Te aseguro que cuando la pruebes no volverás a utilizar una base comprada y muchísimo menos unas de esas pizzas ya listas para meter en el horno.

Me voy a centrar únicamente en el amasado, que es lo más complicado, los ingredientes para el relleno los dejo a tu elección.

Necesitas:

 

  • 325 gr de harina de fuerza (debe tener más de 12% de proteína—lo encontrarás indicado en el paquete—)
  • 50 gr de harina, a mayores,  para amasar
  • 15 gr de levadura fresca de panadería (5 gr de levadura seca granulada)
  • 200 ml de agua tibia (un vaso)
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen
  • Sal y azúcar (un pellizco generoso de cada)
Como se hace:

 

Pon la levadura en una taza y dilúyela con un poco del agua templada, si utilizas una fresca desmenúzala antes con los dedos. 

Pon la harina tamizada con la sal en un cuenco amplio, haz un hueco en el centro y añade el azúcar, el agua con la levadura y el aceite. Con la ayuda de una espátula o una cuchara de madera ve mezclando los ingredientes de fuera hacia adentro y añadiendo el resto del agua poco a poco, sin dejar de mezclar, hasta que obtengas una masa homogénea —este proceso es mucho más rápido si utilizas una máquina de amasar, aunque no es imprescindible— 

Una vez integrados todos los ingredientes vuelca la masa sobre la mesa enharinada, tendrá una textura bastante pegajosa. Trabájala enérgicamente con las manos; aplánala un poco, haz presión, estírala hacia adelante y recógela plegándola hacia atrás,  repite estos movimientos varias veces. Después gira la masa sobre la mesa 90º y vuelve a realizar la misma operación, estirando y recogiendo…

Cuando la masa ya no se pegue tanto alterna el amasado con golpes; coge la masa con las dos manos, tírala con fuerza desde lo alto contra la mesa, repite varias veces y sigue amasando, esto ayuda a que la masa se relaje y quede más suave y elástica.  —Durante todo el proceso de amasado, que puede durar unos 10 minutos, ve espolvoreando repetidamente la mesa con harina para evitar que se pegue—.

Da forma de bola a la masa, colócala en un cuenco tapada con film y déjala de dos a tres horas en un sitio cálido y sin corrientes, para que repose —el horno apagado es un buen sitio— y duplique su tamaño. Transcurrido este tiempo de reposo vuelca la masa otra vez sobre la mesa enharinada, aplástala con el rodillo o las manos para eliminar el aire acumulado durante la fermentación y colócala sobre la placa del horno cubierta con un papel sulfurizado, ve estirándola con los dedos y llevándola hacia los bordes, dejando estos un poco más gruesos. Riégala con aceite de oliva o salsa de tomate y vuelve a dejar que repose,  fuera de las corrientes, esta vez solo unos  diez minutos.

 

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Esta masa te da para dos pizzas medianas gorditas o dos grandes más delgadas.

Ahora puedes proceder de dos maneras; una,  precocina únicamente  la base con el aceite o la salsa de tomate y alguna hierba, orégano o albahaca por ejemplo, durante 5 minutos en el horno precalentado a 200º, después distribuye el relleno y vuelve a meter la pizza en el horno hasta que los ingredientes estén hechos y los bordes de la masa dorados. Y dos, coloca los ingredientes del relleno encima de la base con la salsa de tomate y hornea todo a la vez  a 220º unos 30 minutos o hasta que, igual que en el caso anterior, esté dorada y los ingredientes perfectamente cocinados.

Sugerencias:

 

Esta masa no la limites únicamente a las bases de tus pizzas, te funcionará muy bien en tus tartas vegetales, cocas saladas, calzonne, stromboli…. ¡Todo lo que se te ocurra, porque siempre sale bien!

Como la cantidad que sale de esta receta es bastante, puedes utilizar la mitad y congelar la otra mitad. Envuélvela bien en film antes de meterla en el congelador y para descongelarla deberás sacarla como mínimo cinco horas antes, si la dejas a temperatura ambiente o pasarla a la nevera la noche anterior.

Si me preguntas que resulta mejor ¿hornear primero la masa o cocinarlo todo a la vez?, te diré que yo lo hago indistintamente en función de la prisa que tenga o de lo “inspirada” que esté en ese momento.  Por lo general para las pizzas vegetales y las cocas prefiero hornear la masa antes, porque me aseguro el conseguir una base muy crujiente. En cambio si lo que voy a hacer es la típica pizza margarita o la de jamón y queso, suelo hornear todo junto, igual que para los calzone o stromboli, como es obvio. Creo que es una cuestión de gustos y te animo a que pruebes y experimentes.

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Quiche de pimientos y atún (sin lactosa)

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¿En tu casa hay alguien que sufra algún tipo de intolerancia alimentaria?

¡Verdad que da penita cuando hay que prepararles algo diferente a lo que se va a comer en casa ese día por culpa de la dichosa alergia!

¡Y la carita que ponen cuando algo les apetece y son conscientes (¡y más les vale!) de que no lo pueden ni probar!

Hoy aprovecho para compartir la receta de una quiche que pueden disfrutar los que son intolerantes a la lactosa y los que no lo son. Y digo disfrutar porque es ¡riquísima…!, así como muy suave y ligera. ¡Una de mis favoritas! y espero que a partir de hoy también de las tuyas.

(Una nota aclaratoria; en la receta de la masa quebrada que he utilizado hoy he sustituido la mantequilla normal por una sin lactosa, pero la puedes hacer con aceite de oliva si te ofrece más garantías. Aquí te dejo el enlace de una masa quebrada con aceite de oliva.)

Necesitas: 

 

Pasta brisa o quebrada:

  • 350 g de harina floja
  • 250 g de margarina sin leche o mantequilla sin lactosa
  • 1 huevo
  • Sal
  • Pimienta
  • Ralladura de medio limón

Relleno:

  • Un pimiento rojo mediano  o medio grande
  • Un pimiento verde mediano o medio grande
  • Una cebolla mediana
  • Un puerro
  • Una lata de atún pequeña
  • Tres huevos
  • Dos yogures naturales sin lactosa
  • Queso rallado sin lactosa (opcional)
  • Aceitunas para adornar
  • Aceite de oliva, sal, pimienta, orégano

 

Como se hace: 

 

Para la masa quebrada fácil.

Pon en un bol la mantequilla a temperatura ambiente y montala con las varillas. Añade la harina, el huevo entero y los demás ingredientes. Mezclalos, hasta que se integren completamente, con la ayuda de una espátula. Cuando la masa se despegue de las paredes del bol haz una bola y guárdala en la nevera envuelta en film, como mínimo media hora. También puedes utilizar una batidora con el accesorio de amasar, acabarás antes.

Engrasa el molde que vayas a utilizar, por seguridad, para evitar disgustos innecesarios a la hora de servirla. Transcurrido el tiempo de reposo enharina una superficie de trabajo, estira la masa lo más fina que puedas y colócala en el molde. Si se te rompe remiéndala con un pegote de masa, no se notará. Recorta los bordes,  si te sobra masa puedes hacer algún adorno. Deja reposar otro rato en la nevera.

Precalienta el horno a 200º.

Saca de la nevera la base de la quiche y hornéala en blanco, o lo que es lo mismo, cuécela sin el relleno; para ello pincha la base con un tenedor, pon un papel de horno encima y cubre con alguna legumbre que tengas destinada para este fin — ya sabes que se pueden guardar de una vez para otra— así evitarás que con la cocción se bajen las paredes de la tarta o suba en exceso.

Hornéala a 190º 10 minutos. Apaga el horno, retira el papel y las legumbres y déjala de nuevo en el horno apagado otros 5 minutos. Aunque no esté cocida del todo, lo acabará de hacer con el relleno. Es importante que aún no esté dorada.

Para el relleno;

Aprovecha los tiempos de reposo de la masa para ir elaborando el relleno. Con la ayuda de un pelador quita la piel a los pimientos. Elimina las semillas y córtalos en tiras finas.

Corta la cebolla en juliana y el puerro en brunoise (dados pequeñitos). Añade también algo de la parte verde.

En una sartén con muy poquito aceite rehoga la cebolla y el puerro. Incorpora los pimientos y la sal. Baja el fuego y deja que se pochen lentamente.

Mientras bate los huevos con el yogur añade el orégano, la pimienta y el atún desmigado y bien escurrido.

Monta la quiche.

En el fondo de la quiche esparce las hortalizas pochadas, cubre con la crema de yogur y espolvorea el queso. Adorna con las aceitunas.

Cuece a 180º unos 20 minutos o hasta que al pinchar una brocheta, esta salga limpia.

Sírvela, como siempre, fría o caliente y acompañada de alguna ensalada. Tendrás un plato único super completo.

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Sugerencias:

 

Esta cantidad de masa a mi me da para una quiche grande con algún adorno o para dos medianas. También puedes congelar la mitad y utilizarla en otra ocasión.

Si no tienes problemas de alergias  puedes utilizar una masa comprada, hay algunas marcas que están bastante ricas. Ahorraras mucho tiempo.

Si tienes la costumbre de asar hortalizas, y tienes alguna ya asada por la nevera, utilízala en la quiche, le dará un sabor más intenso y seguirás acortando trabajo.

Por último, al utilizar yogur desnatado en vez de leche o nata, aparte de disminuir calorías, conseguirás una tarta la mar de ligera.

¡Pruébala y compara! —como decían en el anuncio aquel…—

Tarta de vegetales en espiral

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Están de moda los tejidos de ante, las sandalias romanas, la decoración ecléctica, practicar aeroyoga y cocinar atractivas tartas, tanto dulces como saladas, con cualquier tipo de masa; masa de pizza, de hojaldre, quebrada, y la que se te ocurra.

No suelo seguir las tendencias pero a ésta no me he podido resistir, ¡me ha sido imposible no caer en la tentación de probar esta colorida tarta de vegetales!, ¡receta que ya ha invadido la red!

¡¿La explicación estará en que la forma de la tarta atrae como si fuera la espiral de un hipnotizador y que a fuerza de mirarla se entra en un estado de trance que hace que se pierda la voluntad e inconscientemente el hipnotizado se traslada a la cocina dispuesto a amasar y a cortar hortalizas?!

 

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A cualquier receta es bueno sacarle el mayor partido y hacerla lo más atractiva posible, y esta original tarta de vegetales en espiral lo ha conseguido. Ya sabemos, en general, del escaso consumo de verduras y de lo aconsejable que es introducirlas en nuestra dieta y la imaginación aquí puede jugar un papel importante. Por eso creo que lo más interesante de esta original tarta es que ha hecho que miles de personas “se hayan colocado un delantal… y hayan encendido el horno”.

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Después de haberla hecho unas cuantas veces, y de ir eliminando, poniendo y cambiando ingredientes, esta que hoy comparto es la que más me convence. Encontrarás una estupenda combinación entre la crujiente masa quebrada, la variedad de vegetales, el puntito salado del jamón serrano y la cremosidad de queso. ¡Únete a las miles de personas que ya la hemos probado!

¡Ah, casi se me olvida, está riquísima!

Necesitas: 

 

  • Una lamina de masa quebrada
  • Un puerro
  • Dos zanahorias
  • Una berenjena
  • Un calabacín
  • 200 gs. de jamón serrano
  • 200 gs. de queso en lonchas
  • 200 cl. de leche evaporada
  • Dos huevos
  • Mantequilla para engrasar el molde
  • Sal, pimienta, orégano, y nuez moscada
Como se hace:

 

Unta el molde que vayas a utilizar con mantequilla para que te sea más fácil desmoldar la tarta. Emplea un rodillo para estirar la masa quebrada (aquí la receta), si la has hecho tú, y cubre la base y los laterales. Sí la has comprado no hace falta porque ya viene estirada. Haz un borde para que quede con mejor presentación.

Pincha el fondo con un tenedor y cubre con un papel sulfurizado y unas legumbres para evitar que suba en exceso. Cuece a 180º  hasta que coja un ligero color, unos 12/15 minutos. Retira las legumbres y el papel y vuelve a meter en el horno otros 5 minutos, para que se dore también la base. No tiene que estar cocida del todo porque aun tiene que volver al horno con el relleno.

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Mientras corta los vegetales.

Empieza por la berenjena, no le quites la piel, ábrela por la mitad y haz láminas los más finas que puedas. Colócalas en un plato, o mejor aun, en un escurridor y sala generosamente, preferiblemente con sal gorda. Déjalas así  unos 20 minutos, verás como desprenden un liquido oscuro. Con esto se consigue que no amarguen tanto.

Mientras continúa con el puerro, desecha la primera capa y la parte verde. Haz un corte longitudinal y ve separando capas. Córtalas del mismo tamaño que las de berenjena. 

Raspa las zanahoria y corta también el láminas. Te será más fácil si te ayudas de un pelador o una mandolina.

Haz lo mismo con el calabacín, corta los extremos, pero no le quites la piel.

Corta las lonchas de jamón y queso a lo largo del mismo tamaño que las de las hortalizas.

Pon agua abundante en una olla al fuego, cuando hierva añade sal y escalda primero el puerro durante dos minutos. Retíralo con ayuda de una espumadera y vuelve a dejar que hierva para añadir el calabacín, que ya debes retirar inmediatamente. Ahora le toca a la zanahoria, escáldala durante un minuto. Deja la berenjena para el final, porque tiñe el agua y te mancharía las otras hortalizas, deja que hierva durante otro minuto y retírala.

Saca del horno la tarta, si no la habías sacado ya, y ve colocando las laminas del relleno en espiral. Ármate de paciencia, esta tarea no es complicada pero si un poco latosa. Comienza por el centro y ve poniendo laminas alrededor de forma alterna. Por ejemplo, haz un rollito con el jamón o el queso, que se doblan mejor y continua con berenjena, puerro, zanahoria y calabacín, y vuelve a empezar.

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Repite estos pasos hasta cubrir toda la base. No los aprietes demasiado para que la mezcla de leche y huevo bañe perfectamente todos lo ingredientes del relleno.

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Enciende el horno otra vez a 180º

Bate los huevos, añade la leche, sal, pimienta, orégano y nuez moscada e integra bien. Vierte la mezcla sobre los vegetales, ayúdate de una cuchara si quieres.

Cuece la tarta hasta que cuaje, unos 40 minutos. Compruébalo pinchándola con un tenedor o una brocheta, Si sale limpio está lista.

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Si tienes invitados quedaras fenomenal, y si son de los que no ojean blogs de cocina ni similares (¡porque esta tarta o quiche en espiral es una plaga en las redes!)  ¡quedarán  impresionados!

 

Sugerencias:

 

El motivo de no pelar ni la berenjena ni el calabacín, como ya te habrás dado cuenta, es para conseguir los colores de la espiral.

Compra los productos de un tamaño similar, sobre todo la zanahoria y el calabacín, la berenjena al ser redondeada  es más difícil, te facilitará la labor.

Cuando cortes los vegetales en láminas calcula que el ancho sea similar al borde de la tarta para que no se queden hundidos o sobresalgan en exceso.

Al escaldar las hortalizas se cuecen ligeramente y con esto se acorta el tiempo en el  horno.

 

Quiche de calabacín (sin queso).

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¿Se puede hacer una quiche sin nata, sin queso, o sin ambos?  La respuesta es, de lo que no estoy muy segura es de si se debe llamar así.

Una base de masa quebrada rellena de los ingredientes que quieras, que se cuajarán en el horno con la ayuda de una crema compuesta de huevos, nata, leche y queso rallado es una quiche o tarta salada. Pero si eres de esas personas a las que los lácteos “le dan cosa”, puedes hacer esta receta.  Aunque lleva leche (leche evaporada), no lleva ni nata, ni queso y al hornearse con la maicena pierde ese regustillo a lácteo, tan característico por otra parte de las quiches. Es la que yo hago cuando viene alguien a casa que sé que los quesos no le hacen demasiada gracia.

Aunque mi preferida es la de salmón, hoy la he hecho de calabacín, (ya sabes que tengo ¡muuchooos!), pero tú hazla de lo que más te apetezca. Sustituye el calabacín y el beicon por los ingredientes que hayas escogido. Obtendrás una tarta cremosa, muy suave y nada empalagosa.

Si no te gustan las quiches, estoy convencida de que esta va a cambiar la opinión que tienes de ellas.

Necesitas:

 

Masa quebrada

  • 250 gr harina floja o de repostería
  • 125 gr mantequilla
  • 1 huevo
  • 30 gr agua fría
  • sal

Relleno

  • 350  de leche evaporada
  • 2 huevos
  • 40 gr maicena
  • 1 cucharadita de levadura en polvo
  • 100 gr de beicon
  • 400 de calabacín
  • 2 puerros
  • aceite
  • sal, pimienta, nuez moscada
Como se hace

 

Masa quebrada

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En un cuenco pon la harina y la sal tamizadas. Añade la mantequilla fría de la nevera cortada en dados, y ve frotándolos con la harina, utilizando la punta de los dedos. No emplees las palmas de la manos porque le darías calor. Frota hasta que consigas una apariencia similar a la de una arena gorda y no se noten grumos de mantequilla.

Añade el huevo, y el agua muy fría a cucharadas, de dos en dos, por ejemplo y mezcla con una cuchara o espátula. Empezaran a formarse bolas. Añade otra dos cucharadas de agua y las bolas se irán haciendo más grandes. Continua hasta conseguir una única bola. (Si no eres capaz con la cuchara, que no siempre es fácil, hazlo con la mano, pero siempre utilizando únicamente los dedos).

Cuando este todo ligado y hayas hecho la bola, cúbrela con film y déjala que repose en la nevera al menos una hora.

Transcurrido este tiempo coloca la masa en una superficie enharinada, aplánala con la mano y estírala con un rodillo,  dándole la forma del tamaño del molde que vayas a utilizar.

Enrolla la masa estirada en el mismo rodillo y trasládala al molde engrasado. Ve desenrollandolo poco a poco y colocando la masa del centro hacia los bordes. El exceso de masa puedes cortarlo con el mismo rodillo. Pincha el fondo con un tenedor y cúbrelo con un papel de hornear y emplea unas legumbres como peso para evitar que crezca demasiado y se deforme.

Cuécelo en el horno precalentado a 180º unos 10 minutos.

Relleno

Corta el beicon en trocitos y rehoga en una cucharada de aceite. Cuando empiece a saltar en la sartén retíralo, añade un poco más de aceite y rehoga la cebolla y el puerro muy picados y una pizca de sal..

Ralla el calabacín o corta daditos y añádelo a la sartén con las verduras. Deja que se haga unos minutos, revuelve de vez en cuando.

En un cuenco bate los huevos con la leche evaporada, la maicena, la levadura, la sal, la pimienta y la nuez moscada. Revuelve bien.Pasa por un colador por si quedara algún grumillo.

Añade las verduras y el beicon e integra bien.

Retira las legumbres de la base y vierte la mezcla del cuenco. Cuece a 180º hasta que se dore o al clavar una brocheta salga limpia, entre 25 y 35 minutos.

Yo hoy le puse queso por encima porque en casa nos encanta, pero tu puedes sustituirlo por un poco de mantequilla y pan rallado. Quedará una capa muy crujiente.

Sugerencias:

 

Utiliza un molde desmontable. Si no dispones de uno forra el que tengas con un papel de horno amplio, de forma que sobresalga de la masa, para que puedas retirar la quiche del molde tirando del exceso de papel.

Si te gusta con queso aquí tienes la receta tradicional.

Si tienes prisa te recomiendo que utilices la pasta brisa comprada, aunque no todas las marcas son iguales. Ve probando y quédate con la que más te convenza.

Ojo, que ponga sin queso no quieres decir que sea apto para alérgicos.

Quiche de calabacín

 

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Ya sabes que me han regalado “la producción de media huerta”, y que en medio venían unos enormes calabacines.

Del calabacín habría mucho que decir,  pero no me quiero extender mucho alabando sus bondades, porque tampoco soy una experta, solo resaltar que,  posee un alto valor nutritivo, es una buena fuente de vitaminas, y es alto su contenido en fibras vegetales. En cambio es bajo en calorías, en hidratos de carbono y sodio, ideal en las dietas de diabéticos e hipertensos.

Si estos no te parecen motivos suficientes para consumirlo debes saber que cuenta con infinidad de sabrosas posibilidades a la hora de cocinarlos; la conocidísima crema, la quiche, los San Jacobos, el pisto, las tempuras, y algún que otro relleno… ¡en fin, ya las iremos viendo! Pero hoy me he decidido por la quiche.

 

Necesitas:

 

  • una lámina de pasta brisa
  • 2 huevos
  • 100 de leche desnatada
  • 200 de nata baja en grasa
  • 100 queso rallado emmental, gruyere o similar
  • 450 de calabacín
  • un puerro
  • ½ cebolla pequeña
  • 100 de beicon
  • aceite, sal, pimienta y nuez moscada
Como se hace:

 

Engrasa el molde en el que vayas a hacer la quiche y coloca la lámina de pasta brisa. Recorta la masa que sobre o haz un adorno por todo el borde. Pincha ligeramente con un tenedor.

Si prefieres puedes hacer tu la masa, estará mucho más rica, aunque la comprada cumple perfectamente con su función.

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Cubre la base con papel de horno y rellénala con unas legumbres secas, para que no suba en exceso. Cuece en el horno precalentado a 190º  entre 7 y 10 minutos.

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Corta el beicon en trocitos y rehógalo en una cucharada de aceite. Cuando empiece a saltar en la sartén retíralo, añade un poco más de aceite y pocha la cebolla y el puerro muy picados.

Mientras trocea  el calabacín en daditos y añádelo a la sartén. Deja que se haga unos minutos junto con el puerro y la cebolla, revuelve de vez en cuando.

Bate en un cuenco los huevos con la leche, la nata, la sal, la pimienta y la nuez moscada. Incorpora también el queso rallado. Revuelve bien.  Añade las verduras y el beicon.

Retira con cuidado las legumbres de la base y vierte el contenido del cuenco. Mete en el horno y cuece a 180º hasta que se dore o al clavar una brocheta salga limpia, entre 25 y 35 minutos.

 

Sugerencias:

 

Si la acompañas de una ensalada hace un fenomenal plato principal. Sírvela caliente.

Fría o semifría es ideal para un buffet, una cena de invitados o para llevar si la invitada eres tú.

Las quiches son muy apropiadas para aprovechar restos de otro día. Y aunque no fuera así, como puedes ver resulta un plato muy económico.

 

Si el queso o la nata no te hacen demasiada gracia esta quiche no los lleva.