Aceites y vinagres aromáticos o aromatizados

 

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      Hace unas semanas hice un pequeño repaso de los aliños y vinagretas que más utilizo, y comenté por encima lo interesante de preparar en casa aceites aromáticos con los que redondear estas salsas. Aunque se pueden encontrar en los lineales de cualquier supermercado, siguiendo unos sencillos consejos los puedes elaborar en casa con unos resultados excelentes y a un precio muy interesante —porque no son precisamente baratos—.

       Tanto si los usas para aderezar tus ensaladas, como comentaba en aquel post, para cocinar o en una tostada de pan simplemente, los aceites y vinagres aromáticos pueden llegar a ser sorprendentes.

      El proceso es muy sencillo, y hasta divertido; consiste en introducir en un recipiente aceite —o vinagre—  y el ingrediente o ingredientes escogidos para aromatizar. Hay que dejar que reposen un tiempo para que maceren y el aceite —o vinagre— absorba todos los aromas, después se filtra, se pasa a unos botes o botellitas (preferiblemente de cristal) y se almacenan en un sitio seco, oscuro y lejos del calor. ¡Olvídate de guardarlos en los armarios contiguos al horno o lavavajillas!.

 

Necesitas:

 

  • Aceite de oliva. Mi experiencia me dice que es mejor utilizar un aceite de oliva virgen suave y de baja acidez como base. En el caso del vinagre, mejor de vino blanco o de manzana, que son más suaves. Y a partir de aquí añade los condimentos que elijas.
  • Escoge entre ingredientes como ajo, guindilla, cebollino…, o hierbas aromáticas como romero, tomillo, orégano, albahaca, cilantro, salvia…Condimentos como azúcar, sal, pimienta, miel, sirope…, especias, frutas y frutos secos…, en función del aroma que desees conseguir. Combínalos como quieras, puedes optar por los aceites aromáticos más clásicos y comunes (de romero, de orégano,…) o, en un ″ataque de locura transitoria″, déjate llevar y arriésgate con combinaciones más atrevidas. ¡Da rienda suelta tu imaginación!. ¡Es cuestión de gustos!.
  • Recipientes con tapa, preferiblemente de cristal.
Como se hace:

 

Unas pautas generales∗

Como hay infinidad de posibles combinaciones y es imposible nombrarlas todas te dejo unas pautas generales porque en todos es el mismo proceso;

-Introduce en el recipiente el o los ingredientes que hayas elegido. En el caso de utilizar hierbas lávalas antes y deja que se sequen completamente.

-Después llénalo con el aceite —o vinagre—, cierra bien el bote y deja en reposo para que macere, entre dos semanas y tres meses, en un sitio seco y oscuro.

-Es importante no llenar del todo los tarros porque puede llegar a fermentar, sobre todo si has utilizado algún ingrediente fresco.

-Agita los tarros de vez en cuando, asegurándote de que los elementos que van a dar sabor al aceite o al vinagre quedan bien sumergidos, para evitar que se puedan estropear.

-Transcurrido el tiempo de maceración deberás filtrar el contenido. Cuanto más tiempo estén en reposo más intenso será el sabor.

-También se pueden aromatizar aceites en el momento, sin necesidad de dejar el tiempo de maceración, basta con batir el aceite con una hierba picada; albahaca, hierbabuena o cebollino, por ejemplo, el resultado será un aromático de sabor muy intenso y color muy vistoso, ideal para decorar tus platos.

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Estos son algunos de los aceites y vinagres que puedes hacer:

 Aceites de albahaca, orégano, hierbabuena o salvia. (Con cualquiera de ellas es el mismo proceso)

  • 25 g de hojas fresca o dos ramitas de la hierba que hayas elegido
  • ½ l de aceite de oliva suave
  • Deja macerar durante 4 semanas y sigue las indicaciones generales∗
  • Con el tiempo alguna hoja  puede ponerse negra, no importa, espera el tiempo de reposo  recomendado y filtra a otro recipiente
  • A estos aceites también les puedes añadir unos dientes de ajo abiertos a la mitad
  • Son ideales para ensaladas y platos de comida italiana

Aceites de tomillo, romero o laurel. Les quedan de maravilla a las carnes.

  • 2 dos ramitas
  • 300 ml de aceite de oliva suave
  • Deja que macere 4 o 5 semanas — no te olvides de las indicaciones generales∗— y filtra

Aceites de cítricos:

  •  La piel –sin parte blanca– de un limón, una naranja o una lima, el cítrico que hayas prefieras
  •  250 ml de aceite
  • Sigue las indicaciones generales∗
  • Ideal para pescado a la plancha y ensaladas

Aceites picantes:

  • Los puedes hacer de guindilla; con 5 o 6 guindillas secas en 250 ml de aceite de oliva
  • O de ajo; en 300 ml de aceite de oliva 4 dientes de ajo pelados y rotos
  • Deja que reposen un par de semanas
  • Pruébalos, si te parece que pican suficiente fíltralos, si no déjalos un poco más
  • En tostadas de pan y también con las carnes, pescados, pastas

Aceite de azafrán:

  • 1 sobre de azafrán en hebras o molido
  • 250 ml de aceite de oliva virgen extra
  • Deja que macere durante dos semanas en un sitio seco y oscuro
  • ¡NO SE FILTRA!

Vinagre de fresas:

  •  250 ml de vinagre de manzana
  •  8 fresas troceadas
  • Agita cada día durante una semana. Deja reposar otra más y cuela las fresas

Vinagre de limón:

  • Cota un limón en rodajas
  • Ponlas en una botella pequeña y cubre con vinagre de vino blanco
  • Deja macerar 15 días y empieza a utilizar

¿A que son fáciles?  Utilízalos en tu cocina y le darás a tus platos un toque “gourmet”

Sugerencias:

Si después de la maceración el sabor conseguido es muy intenso puedes rebajarlo añadiendo mas aceite o vinagre, según el caso.

Puedes reutilizar perfectamente tarros de conserva, siempre y cuando estén muy limpios y las tapas cierren bien.

 

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Merluza a la gallega o en caldeirada

      Hay platos que no se merecen caer en el olvido —aunque hayan desaparecido de la mayoría de las cartas de los restaurantes más punteros—. Platos de la cocina de siempre, como este, perfectos por su sencillez y por la simplicidad de su elaboración, donde la calidad de los ingredientes prima sobre todo lo demás. Platos, generalmente, con pocos ingredientes, donde al producto se le trata con muchísimo respeto.

    Picadillo en La Cocina Practica (1.905) recoge esta receta con el nombre de Caldeirada y la presenta así; «es un guiso que preparan los marineros gallegos cuando salen a la pesca en alta mar. Como realmente resulta bien es preparado por ellospues además de tener un punto especial difícil de dar en las cocinas domésticas, suelen emplear en su preparación toda clase de pescados, y esta mezcla da al guiso un sabor clásico, sumamente agradable…».

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     Si ya conoces este plato poco más puedo añadir, pero si no es así te dejo unas cuantas recomendaciones para que el resultado sea todo un éxito. La preparación no puede ser más sencilla; empieza comprando un buen producto, después controla los tiempos de cocción para que la patatas no se deshagan ni se rompa el pescado, y es importante también el vigilar la temperatura del aceite para la salsa, como se te quemen los ajos o el pimentón ¡tendrás que volver a empezar!

     Con esta receta puedes preparar cualquier variedad de pescado blanco; raya, rape, bacalao, rodaballo, …, pero vuelvo a insistir, gran parte del éxito radica en trabajar con un producto de buena calidad.

 

Necesitas.

 

  • Merluza (una o dos rodajas por persona)
  • Patatas (una grande por persona)
  • ½ cebolla
  • 1 hoja de laurel
  • sal
  • ½ vaso de aceite de oliva virgen extra
  • 2 dientes de ajo
  • ½ cucharada de pimentón dulce (y un poco de pimentón picante -optativo-)

 

Como se hace:

 

– Pide en la pescadería que te limpien la merluza —escamas y vísceras— y  que te la corten ya en rodajas gorditas, de dos dedos más o menos,  para evitar que se rompan con la cocción. Ya en casa lava el pescado  y pon un poco de sal gorda por ambos lados de cada trozo.

– Pela las patatas y córtalas en cuatro. También puedes cortarlas en rodajas gruesas, que es lo más tradicional —aunque así cortadas que se rompan, también lo más probable—

– Pon al fuego una olla amplia mediada de agua, la media cebolla cortada en dos, la hoja de laurel y las patatas  —tienen que quedar holgadas para que luego quepa el pescado—. Tan pronto hierva añade un poco de sal y deja que cuezan entre 10 y 12 minutos a fuego moderado. Transcurridos los 12 minutos comprueba el punto de cocción de la patata con la punta de un cuchillo, si se clava, pero no se suelta sola es que aún le quedan unos cinco minutos para estar listas, este es el momento de añadir el pecado.

– La merluza tardara entre 5 y 7 minutos en cocerse, dependiendo del tamaño de los trozos. Comprobarás que está en su punto perfecto si al presionarla con un tenedor se separa ligeramente la espina central. Apaga el fuego, retira la olla y deja que repose. —No te preocupes si crees que no está cocinada del todo porque con el calor residual lo acabará de hacer—.

– Mientras se cuecen patatas y merluza prepara la ajada; pon al fuego una sartén pequeña con el medio vaso de aceite y los dientes de ajo machacados ligeramente —no hace falta que les quites totalmente la piel—. Cuando cojan un color doradito retira la sartén del fuego y espera un par de minutos para que pierda un poco de temperatura, entonces añade el pimentón removiendo continuamente con una cuchara para evitar que se queme. Deja reposar la ajada en la misma sartén para que el pimentón se vaya al fondo, así conseguirás una salsa limpia y con un bonito color naranja.

-Con la ayuda de una espumadera ve sacando las patatas a una fuente, coloca por encima la merluza, siempre con cuidado para que no se rompan y riégalas con la salsa de pimentón.  El resto de la ajada colócala en una salsera para que se sirva cada uno a su gusto.

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Sugerencias:

 

– Puedes aprovechar y comprar una merluza entera cuando la encuentres bien de precio, indica al pescadero/@ que te la corte como te convenga y congélala, la podrás utilizar en varias preparaciones.

– Para este plato puedes utilizar cualquier clase de pescado blanco, fresco o congelado. Yo, particularmente para este plato prefiero el fresco, aunque después lo congele en casa, que dicho sea de paso no está demás por el temita este del anisakis, —parásito inevitable en la mayoría de las especies y que en más de una ocasión ha hecho que me quedara “paralizada” por las dudas delante del expositor de la pescadería, tras las discretas señas de mi pescadera indicándome que no me llevase tal o cual pescado por este motivo—. Tener un pescadero/@ de confianza que te aconseje y que responda por lo que te está vendiendo es de agradecer, aunque no siempre es posible; así que al congelador con el pescado, a 20º y como mínimo 48 horas .

 

 

 

 

 

 

 

 

Mejillones al vapor

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No hay que esperar a los meses fríos (o que lleven r) para conseguir unos excelentes mejillones, los puedes encontrar en cualquier época del año. ¡Mira estos en pleno Agosto!

Prepararlos al vapor es la forma más sencilla, rápida y sana de cocinar unos mejillones, y junto con el famoso pulpo a feira, una de las más populares en  la época estival gallega.

Por lo sencillo de la receta, parafraseando a Picadillo “Lo único que prácticamente se necesita para que la elaboración este plato sea un éxito es que los mejillones sean de un buen tamaño “

Independientemente de que esta forma de prepararlos sea o no una de tus preferidas, ten presente esta receta, porque cualquier plato que en su elaboración lleve mejillones tiene que pasar necesariamente por este proceso de abrir al vapor el bivalvo antes de incorporarlo al plato de arroz, pasta… o aliño deseado.

Antes de empezar debes lavar bien los mejillones —esta es la labor más pesada—, enjuágalos en abundante agua fría, raspa con un cuchillo las conchas para eliminar restos de algas, cuerdas y alguna que otra lapa… Para eliminar las barbas, que son esos pelillos que están atrapados entre las dos valvas, tira fuerte de ellas apoyándote el la hoja de un cuchillo (cuidado con cortarte) y vuélvelos a enjuagar. Para esta receta no hace falta que los dejes “muy primorosos”, con eliminar lo más gordo es suficiente porque no se van a añadir a ninguna preparación. Puestos a ponerse puntillosos creo que es más importante que te fijes si vienen de la depuradora y si han pasado todos los controles de calidad exigidos. Si compras mejillones gallegos —”los mejores”— fíjate que lleven este logo, son de total garantía tanto en calidad como en sabor.

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Necesitas:

 

  • 2 kilos de mejillones
  • 1 vaso de agua o medio vaso de vino blanco
  • 3 hojas de laurel
  • Limón
Como se hace:

 

-Dependiendo del tamaño de la olla puedes dividir los mejillones para cocerlos en dos o tres tandas.

-Pon una olla amplia al fuego, a potencia alta, con un vaso de agua, o si prefieres medio vaso de agua y otro medio de vino blanco y las hojas de laurel. —No le pongo sal porque que creo que con la que ya traen los mejillones es suficiente—.

-Cuando comience a hervir el agua introduce una parte de los mejillones ya lavados y pon la tapa. Baja un poco el fuego, para que no se salga el agua por fuera. No retires la tapa para que los mejillones se cuezan gracias al vapor acumulado. Eso sí, agita la olla de vez en cuando.

-Cuando hayan transcurrido unos 3/4 minutos compruébalos. Se van abriendo conforme se van cociendo. Para acertar con el punto de cocción yo lo que hago es fijarme en el aspecto del interior de cada mejillón, cuando veo que ya no está gelatinoso lo voy retirando. Si alguno no se ha abierto, resérvalo. Repite la operación con las otras tandas de mejillones y ve retirando los cocidos hasta vaciar la olla. Deja que vuelva a hervir el agua e introduce otra vez los que no se hayan abierto para darles otra oportunidad —a veces, para acabar antes, mentemos demasiados en la olla y el calor no les llega a todos por igual—. Probablemente se abra alguno más. Después de un par de minutos retíralos y si alguno está ligeramente abierto ayúdale con un chillo. Los que estén totalmente cerrados, tíralos.

¡Aquí los tienes, templaditos, con unas rodajas de limón para que cada uno… según su gusto, y a disfrutar!.

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Sugerencias:

 

Cuela el caldo resultante de haber cocido los mejillones —si lo pasas por un filtro de los que se usan para el café te quedará perfecto— para utilizarlo en tus fideuas, arroces, sopas de pescado,… Espera a que enfríe y guárdalo en la nevera si lo vas a usar próximamente, si no al congelador.

No cuezas demasiado los mejillones porque los echarás a perder, notarás que se vuelven más pequeños y que se resecaran.

Hay quien prefiere sustituir el agua por vino blanco que apenas cambia el sabor pero si le da un toque especial.

Los mejillones tienen muchas cualidades beneficiosas para la salud y beneficiosas también para tu economía familiar. Cómpralos, haz pruebas y prepáralos de múltiples maneras, esta te la recomiendo , y permíteme que barra para casa, si tienes la ocasión de comprarlos gallegos, mejor que mejor.

 

 

 

 

 

Salsas de tomate

Estoy casi segura de que prácticamente todo el mundo prefiere la salsa de tomate casera a la comprada, porque la supera en sabor y porque es más saludable. Con relación a esto último, innecesario recordar que muchas marcas, no todas, añaden a sus salsas aditivos (potenciadores del sabor, antioxidantes, estabilizantes, …), sal y azúcar en exceso y un aceite normalmente vegetal del que no precisan la procedencia. ¡Todo bastante poco recomendable!.

Entonces ¿por qué se venden en España varios millones de envases de salsa de tomate industrial al año? Probablemente la culpa la tenga la falta de tiempo, las prisas del día a día…, ¡porque es verdad que siempre andamos a mil…! Pero, si este es el motivo, hacer en casa una salsa de tomate tampoco lleva tanto tiempo, es cuestión de organizarse un poco y de aprovechar algún ratito…, por ejemplo, el que se emplea en el super para leer en los envases de estos productos los ingredientes “sospechosos” que les añaden (que siempre nos cuelan alguno). Y ya puestos, aprovechar para hacer más cantidad, envasarla al vacío y guardarla durante meses.

Sí es verdad que en cada casa la salsa de tomate se hace de una manera diferente, pero siempre se parte de unos tomates maduros (¡tomates que huelan a tomate!), un aceite de oliva virgen extra, y alguna hortaliza o hierba aromática, que aportan un toque personal a cada salsa. También hay quien pela los tomates y quien los prefiere con la piel. Si escoges pelarlos, facilita la labor escaldarlos en agua hirviendo durante 20/30 segundos, después de haberles hecho unos cortes en forma de cruz en la parte contraria al pedúnculo. Si te decides por no pelarlos debes lavarlos bien y cortarlos en trozos, no necesariamente muy pequeños. Después deberás pasar la salsa por un pasapurés, de esta forma las pieles se quedaran en el disco del triturador.

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Hoy te dejo tres recetas, que son las que más utilizo, son muy sencillas y están super buenas —¡por si te animas!—

 

SALSA DE TOMATE TRADICIONAL:

  • 1 kg de tomates maduros
  • 1 cebolla mediana
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta
  • Azúcar

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-Lava bien los tomates y córtalos en cuartos o trozos más pequeños.

-En una olla alta y con tapadera –para evitar salpicaduras- pon tres cucharadas de aceite de oliva, cuando esté caliente añade la cebolla cortada en trozos pequeños y póchala ligeramente.

-Incorpora los tomates y rehógalos a fuego fuerte durante un rato. Añade sal y pimienta y una cucharada de azúcar, para reducir la acidez.

-Baja el fuego y sofríe de 25 y 30 minutos. Si salta mucho colócale a la olla la tapadera mal puesta. Remueve de vez en cuando.

-Pasa el sofrito por el pasapurés. Vuelve a poner en la olla la salsa y cuece durante 10 minutos más, para que se evapore el exceso de agua. Pruébala, por si necesitas rectificar la sal o el azúcar. Ahora sería el momento de envasarla al vacío, si no, espera a que enfríe y guárdala en la nevera.

Esta es la clásica salsa de tomate que acompaña perfectamente pescados al horno, mejillones, arroz, huevos, o cualquier plato que se te ocurra, porque le irá perfectamente.

 

SALSA DE TOMATE ITALIANA;

  • 1 kg de tomates maduros
  • 3 dientes de ajo
  • Orégano y hierba buena fresca
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal, pimienta y azúcar

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-En una olla o sartén alta, para que salpique lo menos posible, pon tres cucharadas de aceite y los dientes de ajo picados ligeramente.

-Tan pronto cojan color añade los tomates lavados y cortados, si quieres puedes pelarlos, aunque como ya te dije, no es imprescindible. Incorpora el orégano y la albahaca. Añade sal, pimienta y una cucharadita de azúcar.

-Sofríe a fuego bajo durante media hora con la tapadera mal puesta, ” si no quieres que la cocina te quede hecha unos zorros…”. Pasa la salsa por el pasapuré —o también puedes utilizar una batidora, si has decidido pelar los tomates—. Vuélvela a la olla y cocina otros 5 minutos, y ¡lista!. Y como la anterior, ya la puedes envasar o esperar a que enfrié antes de guardarla en la nevera.

No te olvides de probarla por si necesitas rectificar el punto de sal o azúcar

La suelo hacer para acompañar platos de pasta o pizzas.

 

CONCENTRADO DE TOMATE:

  • ½ kilo de tomates maduros
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Ajo —opcional—
  • Sal, azúcar y pimienta
  • Alguna hierba; orégano, romero, albahaca, clavo…

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           Normalmente esta salsa necesitaría más de una hora de cocción pero al hacerla de esta manera con media hora es más que suficiente —así consigo estar menos tiempo en la cocina y ahorro luz (o gas), que siempre es interesante.

-Haz un corte a los tomates en forma de cruz en la parte contraria al pedúnculo. Escalda los tomates en agua hirviendo durante dos minutos, pásalos por agua fría y quítales la piel. Córtalos en trozos pequeños, colócalos en un colador amplio y déjalos ahí durante un rato para que escurra la mayor cantidad de agua posible, porque queremos conseguir una salsa espesa, realmente más que una salsa es una pasta.

-En una sartén alta pon dos o tres cucharadas de aceite y a continuación el tomate ya escurrido. Da unas vueltas e incorpora la sal, pimienta, azúcar y las hierbas que hayas elegido.

-Cuece a fuego bajo y sin tapadera, para facilitar la evaporación y que quede una salsa más concentrada. Mueve muy a menudo.

-Pasa el sofrito por la batidora y vuélvelo a poner en la sartén. Dale otro hervor.

Realmente más que una salsa es un ingrediente que ayuda a potenciar el sabor de guisos y otras salsas.

Sugerencias: 

 

-Después de escaldar los tomates lo habitual es sumergirlos en agua helada, para parar la cocción, pero en estas recetas, como se van a cocinar, no es necesario, con enfriarlos en un poco de agua para que no te quemes al pelarlos es suficiente. Si en cambio fueras a utilizarlos para un gazpacho, sí sería adecuado añadir unos cubos de hielo al agua antes de sumergir los tomates.

-También puedes pasar la salsa por la batidora  después de haber utilizado el pasapuré, conseguirás una salsa mucho más fina.

-En unos días te diré como envaso los tomates al vacío —para redondear la faena— Es bastante fácil.

Un saludo.

 

Tarta fría de melocotón y mascarpone

Esta tarta fría sin horno es una de tantas, pero está ¡riquísima!.

La elaboración de este tipo de tartas frías y tan socorridas, ¡que todo hay que decirlo!, no es complicada, suelen llevar ingredientes que siempre hay en casa, y siguiendo los pasos y respetando los tiempos de las recetas ¡el éxito lo tienes asegurado!.

Como estas preparaciones no son amigas de las prisas, porque necesitan de un tiempo de reposo en la nevera o en el congelador para que al enfriarse cojan consistencia, lo mejor es que las hagas de un día para otro, —o sea, que no se trata de un postre que puedas improvisar sobre la macha, es necesario que lo planifiques con antelación. Inconveniente que puede transformarse en una ventaja en el caso, por ejemplo, de un día que tengas invitados, ya que te permitirá despreocuparte del postre y centrarte en el resto del menú—.

Si te animas a hacer esta tarta comprobarás que es un acierto utilizar una conserva tan común y “desprestigiada”; la mezcla del melocotón en almíbar y la galleta chocolateada combina perfectamente, al juntar la conserva triturada con el mascarpone se consigue una mousse suave y deliciosa, y al estar adornada con la cobertura de mermelada y gajos de la mismas fruta queda de un precioso color naranja… ¡no me digas que no parece un trocito de sol!.

Necesitas:

 

  • 200 gr de galletas (la que más te guste)
  • 80 gr de mantequilla
  • 40 gr de crema de cacao (tipo nocilla o nutela)
  • 250 gr de queso mascarpone
  • 200 ml de nata
  • 100 gr de azúcar
  • 2 huevos
  • 1 lata de melocotón en almíbar
  • 6 + 1 hojas de gelatina
  • 200 gr de mermelada de melocotón
Como se hace:

 

Base:

-Desmenuza las galletas en la picadora o mételas en una bolsa y machácalas con el rodillo. Añade la mantequilla fundida, la crema de cacao y mezcla todo muy bien. Cubre con esta mezcla la base de un molde desmoldable (previamente forrado con papel de horno para facilitar el desmoldado). Introdúcela en la nevera para que se endurezca.

Mousse:

-Pon a remojo en agua muy fría 6 hojas de gelatina.

-Separa las yemas de las claras y en un recipiente que pueda ir al baño María pon la mitad de la nata, el azúcar y las yemas batidas. Revuelve constantemente y a fuego bajo —es importante que no llegue a hervir porque se cortaría— Transcurridos 4 o 5 minutos retira del fuego y deja que enfríe.

-Trocea 6 mitades de melocotón, ponlos en el vaso de la batidora para hacer un puré y reserva.

-Calienta 4 cucharadas (unos 60 ml) de almíbar del melocotón y cuando esté a punto de hervir apaga el fuego (puedes utilizar el microondas). Añádele las hojas de gelatina bien escurridas, muévelas para que se disuelvan, pasa la mezcla a un bol grande y deja que se enfríen.

-Bate el resto de la nata con el queso mascarpone y móntalos ligeramente.

-Monta también las claras a punto de nieve.

-En el bol de la gelatina une todas las preparaciones; incorpora el puré de melocotón, la mezcla del queso y también la de las yemas ya fría. Remueve con cuidado y cuando todo esté bien integrado añade las claras a punto de nieve con movimientos envolventes, para que no se bajen.

-Cubre las paredes del molde con unas tiras de acetato o papel de horno (para no tener disgustos de última hora) y vierte la mezcla sobre la base de galletas. Da unos golpecitos sobre la mesa para que se asiente bien y no queden huecos. Deja toda la noche en el congelador.

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Cobertura:

-Al día siguiente hidrata 1 hoja de gelatina en agua fría. Calienta dos cucharadas (30 ml) de almíbar del melocotón y disuelve la gelatina bien escurrida.

-Calienta la mermelada en el micro o al baño María, añádela a la gelatina y mezcla  muy bien.

-Saca la tarta del congelador y cúbrela con esta mezcla.

– Pásala a la nevera y déjala  como mínimo dos horas.

– Adórnala  como más te guste, yo he utilizado melocotón y chocolate como en la base.

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Sugerencias:

 

No es imprescindible que metas la tarta en el congelador pero de esta manera se desamoldará mucho más fácilmente, pero si lo haces así acuérdate de pasarla a la nevera de dos a tres horas antes de servirla.

Por supuesto que puedes sustituir el melocotón en conserva por uno natural y más saludable, de esta forma se eliminarán los azucares añadidos que contiene el almíbar y estarán presentes únicamente las calorías y azúcares de la propia fruta, o mejor aun, utiliza mangos ¡te va a encantar!. Prueba también con otras frutas; fresas, frambuesas… (te recomiendo esta)

El queso mascarpone ya lo hay en casi todos los supermercados y grandes superficies, pero si en tu tienda habitual no lo encuentras lo puedes hacer en casa con nata o sustituirlo por un queso de untar.

¡Espero que te guste tanto como a nosotros!

Un saludo.

 

 

 

 

Vinagretas, aliños y aderezos

       Aunque todavía falta un poco para el verano, vamos a aprovechar las altas temperatura de estos días —hoy 27º— para dar un descansito a los vegetales en cremas y purés calientes y utilizarlos en su estado natural, crudos y frescos en forma de ensaladas, ya sean con hortalizas, con verduras, o con frutas, en infinitas variaciones siempre resultan atractivas, ricas y sobre todo saludables. Y en este tipo de preparaciones el aliño tiene un papel esencial. Un aliño con unas cantidades y unos elementos bien proporcionados pueden elevar tu ensalada a una categoría superior.

El aliño tradicional, el que se viene utilizando de siempre…, aceite, vinagre y sal —en la proporción recomendada de tres partes de aceite por una de vinagre— es fácil, es rápido y da buenos resultados, pero ¿no te resulta aburrido?. Te propongo 8 aliños diferentes, nada complicados y con ingredientes que siempre hay en casa, que le darán a tus ensaladas un toque especial.

Generalmente en todo aliño hay dos ingredientes que no suelen faltar, una materia grasa y un ácido;

  • Gustos aparte, prefiero utilizar aceite de oliva virgen extra (AOVE) en este tipo de preparaciones, a no ser que la receta indique expresamente otra cosa, incluso alguno aromatizado —que se hace muy fácilmente en casa, no lo compres porque no siempre está bueno y si lo haces tu te ofrecerá más garantías—.
  •  El otro elemento habitual es un ácido, generalmente un vinagre ( balsámico, de manzana, de jerez, de vinos…) aunque también se puede sustituir por el zumo de algún cítrico ( limón, lima, naranja, piña…) que le aportaran a la ensalada un toque fresco y afrutado.

El resto de los ingredientes; hierbas aromáticas, especias, mostazas, siropes, … se irán integrando a las salsas en función del sabor más o memos dulce, picante, aromático, ácido… que queramos conseguir.

1- ALIÑO PARA UNA ENSALADA DE CÍTRICOS:

  • Exprime media naranja
  • Exprime medio limón
  • Aceite de oliva
  • Azúcar
  • Ralladura de jengibre (optativo)

En un vaso mezcla los ingredientes siguiendo esta proporción; 2 partes de naranja, 1 de limón, 1 cucharada de aceite y un poco de azúcar. Mueve bien y reserva en la nevera hasta que lo necesites.

Utilízalo para regar una ensalada con mango y frutos secos.

 

2- VINAGRETA de cebolla

  • Media cebolla 
  • Un diente de ajo
  • Una cucharada de perejil picado
  • Medio tomate 
  • Un huevo cocido
  • 6 o 7 aceitunas
  • Aceite de oliva
  • Vinagre de manzana
  • sal y pimienta
  • Perejil

Pica muy bien todos lo ingredientes y colócalos en un bol. Añade la sal, la pimienta y cuatro o cinco cucharadas de vinagre. Cubre con aceite y agita para que emulsione. No tiene que quedar una salsa espesa, los ingredientes tienen que nadar en el aceite, por eso no te indico la cantidad de aceite que puedas necesitar. Pruébala por si crees que necesita más vinagre o sal y guárdala en la nevera.

Esta vinagreta le va fenomenal al salpicón de marisco, a los pescados cocidos o a los mejillones al vapor.

 

3- VINAGRETA DE MOSTAZA Y MIEL:

  • ¼ vaso de aceite de oliva virgen extra
  • ¼ vaso de aceite de girasol
  • 3 cucharadas de vinagre de manzana
  • 2 cucharaditas de mostaza de Dijon
  • 1 cucharadita   de miel
  • sal y pimienta a gusto

En un bol pon la miel, la sal y la pimienta. Añade la mostaza y el vinagre. Mueve con unas varillas y añade los aceites en hilo. Mezcla bien y  guarda en la nevera en un bote cerrado, te aguantara bastantes días.

Adereza ensaladas que llevan espinacas, rúcula o frutas.

 

4- VINAGRETA DE TOMATES  Y FRUTOS SECOS:

  • 200 ml de aceite de oliva
  • 50 ml de vinagre de balsámico
  • 50 gr de almendras tostadas o pipas de girasol
  • 50 gr de nueces
  • 2 o 3 tomates secos en aceite
  • cebollino
  • sal y pimienta

Pon en la picadora las almendras, las nueces y los tomates y pícalos ligeramente. Corta el cebollino con cuchillo. En un recipiente con tapa pon todos los ingredientes, ciérralo y agita para que emulsione.

 

5- VINAGRETA DE MELOCOTÓN:

  • 1 melocotón o mango
  • Cebollino (4 o 5 hojas)
  • ¼ vaso de aceite de oliva v.e.
  • 3 cucharadas de vinagre balsámico de Modena
  • Sal

Corta el melocotón en dados pequeños y ponlo en un bote (de los de mermelada),  añade el cebollino picado y condimenta con sal. Incorpora una parte de vinagre por tres de aceite hasta cubrir la fruta . Cierra el bote y agítalo para que emulsione. Guarda en la nevera para que se potencie el sabor.

Aparte de en ensaladas, queda muy bien con los pescados azules.

 

6- VINAGRETA FRANCESA:

  • 200 ml de aceite de oliva suave
  • 50 ml de vinagre de Jerez
  • 1 cucharada de mostaza de Dijón
  • sal y pimienta

En un bol pon la mostaza y ve removiendo con unas varillas mientras añades el aceite poco a poco —quedará con una consistencia muy similar a la de la mayonesa-. Añade el vinagre, la sal y la pimienta mientras sigues removiendo. Guarda la salsa en un bote en la nevera, aguanta perfectamente un par de semanas. Si te queda muy espesa aligérala con un poquito de agua.

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7- VINAGRETA DE FRUTOS ROJOS:

  • 150 ml de aceite de oliva virgen extra — variedad hojiblanca—
  • 40 ml de vinagre balsámico
  • zumo de limón
  • 2 cucharadas de mermelada de frutos rojos —mejor sin azúcar—
  • fresas o frambuesas…
  • sal y pimienta

En un cuenco coloca el vinagre, la mermelada, la sal y pimienta y una cucharada de zumo de limón. Remueve con unas varillas hasta que este todo perfectamente mezclado y añade el aceite. Por último trocea 4 o 5 fresas o un puñadito de frambuesas y añádelas a la salsa. Resérvala en la nevera. 

Añádela a tus ensaladas que lleven queso.

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8- ALIÑO DE LIMÓN Y PEREJIL:

  • ½ vaso de aceite de oliva virgen extra
  • 1 limón (zumo y ralladura)
  • 1 diente de ajo
  • perejil
  • sal y pimienta
  • 1 cucharadita de tabasco verde (opcional)

Pon en el vaso de la batidora todos los ingredientes menos el aceite y tritura groseramente. Añade el aceite y mezcla con una cuchara.  

Utiliza este aliño para acompañar a tus pescados a la plancha.

 

Sugerencias:

 

Con cualquiera de estos aliños transformarás una monótona ensalada en algo totalmente diferente.

Prepáralas con anticipación, guardarlas en botes herméticos o biberones, porque la mayoría aguantan días en la nevera, y riega con ellas tus ensaladas o platos de verdura, incluso algunas preparaciones de pescados o carnes.

Algo que debes de tener en cuenta es que conseguirás un mejor resultado si aliñas tus ensaladas en el ultimo momento.

Prueba a añadir y eliminar ingredientes hasta conseguir tus salsas propias.  ¡No habrá quien compita contigo en cuestión de ensaladas!.

 

 

 

Brazo de merengue y ganache de castañas

 

Este domingo pasado fue 19 de marzo, día de los Josés y las Josefas, de los Pepes y las Pepitas y de los PAPÁS, ¡Muchas felicidades a todos! En España un día de fiesta familiar.

No hay celebración que se realice alrededor de una mesa que no tenga como broche final una tarta especial. Y esta fue mi elección para esta ocasión; la mezcla de castañas y chocolate casa perfectamente y el bizcocho de merengue le aporta una textura suave y delicada. ¡Un postre delicioso!.  La verdad es que nos encantó a todos.

Aunque ya empiezan a aparecer las primeras frutas y verduras de la primavera, para esta tarta aun utilicé ingredientes de invierno —Todavía me quedaba un bote de las castañas que había confitado en navidad y me pareció un buen momento para darle salida—. Vi esta receta en una revista en la pelu  y pensé ¡que pintaza!, ¡En la primera ocasión que tenga la hago!. Es importante que aclare que así como tengo buena memoria fotográfica de la otra ando fatal, por eso he hecho una versión de la receta ¡Y que me perdonen los señores  “ editores de la revista”  si no se ajusta demasiado a la original!

Necesitas:

 

Para el bizcocho

  • 6 claras
  • 225 gr de azúcar
  • 1 cuchara sopera de almidón de maíz o maizena
  • 1 cuchara sopera de vinagre de vino blanco o de manzana

Para el relleno

  • 200 gr de castañas confitadas
  • 150 gr de chocolate para fundir 70%
  • 400 gr de nata 35% materia grasa
  • 60 gr de azúcar

Por si no tienes castañas confitadas.

  • 200 gr de castañas cocidas y peladas
  • 200 ml de leche
  • 4 cucharadas soperas de azúcar
Como se hace:

 

El día anterior lava las castañas y hazles un corte en la base, colócalas en un cuenco que pueda ir al micro y cúbrelas de agua. Cuécelas durante 15 minutos y después quítales las pieles mientras aún están calientes. Cuando tengas los 200 gr de castañas peladas colócalas en un cazo, añade el azúcar y el vaso de leche y deja que cuezan durante 5 minutos, o hasta que casi se haya evaporado la leche.  —este paso no es necesario si utilizas unas castañas confitadas—

Reserva  4 o 5 castañas, las más bonitas, para decorar y tanto si las has cocido en leche como si utilizas unas confitadas tritura el resto hasta conseguir un puré.

Para la ganache coloca en un cuenco el chocolate troceado y reserva. Por otro lado pon 150 gr de nata en un cazo al fuego, tan pronto hierva retírala y viértela sobre el cuenco con el chocolate. Espera unos minutos y revuelve, verás como el chocolate se funde y queda una crema muy suave. Añádela al puré de castañas, mezcla bien  y deja que enfríe en la nevera.

Para el bizcocho de merengue bate las claras hasta que se vuelvan blancas. En este momento añade al azúcar poco a poco y bate hasta conseguir un merengue duro (sabrás que está si al girar el bol no se cae). Inmediatamente añade el vinagre y la maizena. Coloca un silpat o papel sulfurizado sobre una placa del horno y extiende el merengue. Hornea 8/10 minutos a 200ºC. Apaga transcurrido el tiempo y deja que enfríe dentro del horno.

Monta los 250 gr de nata restantes con los 60 gr de azúcar. Para que no tengas problemas es imprescindible que la nata esté muy fría. Comienza batiendo únicamente la nata y cuando coja un poco de cremosidad ve añadiendo el azúcar poco a poco hasta que adquiera una consistencia dura y al levantar las varillas se forman picos.

Separa el bizcocho de merengue del silpat o papel y colócalo sobre un paño de cocina. Unta la plancha con una primera capa de nata montada y haz una segunda con la crema de castañas y chocolate.  Ayudándote del paño ve envolviendo el brazo con cuidado para que no se rompa.

Una vez enrollado colócalo sobre una fuente y adórnalo con las castañas reservadas y unos hilos de chocolate.

 

Sugerencias:

 

La ganache no es otra cosa que una crema cuya base es una nata que se calienta y en ella se disuelve generalmente chocolate, a la que también se pueden añadir otros ingredientes, se deja enfriar y según las proporciones se le da una u otra utilidad; elaboración de trufas, para cubrir o rellenar tartas, rellenar bombones, …

Es una costumbre cortar los extremos en los postres con forma de brazo, por una simple cuestión estética, pero a mi este en concreto me gusta sin cortar porque me parece que queda como más rematado, con una apariencia rustica pero delicada a la vez…¡ en fin …cuestión de gustos!

 

 

 

 

 

Masa de pizza (siempre sale)

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¿Para ti “el secreto de la pizza está en la masa”… o en el relleno? ¿O en ambos?

Desde luego lo del relleno es cuestión de gustos pero… ¿y la masa?

¿Has intentado hacer la base en casa alguna vez? ¿Y qué tal…? Porque no veas la de veces que lo he intentado yo, y siempre con muy poca fortuna.

¡La de recetas que habré utilizado… antes de dar con esta!  Y la descubrí por casualidad, que es como suelen ocurrir estas cosas, buscando la receta de unas crêpes sucettes en unos libros de cocina europea que apenas utilizo. Mientras hojeaba el tomo de la cocina francesa delante de la misma estantería, convencida de que no valía la pena trasladarlo a ningún sitio, porque no me iba a solucionar gran cosa, el correspondiente a la cocina italiana se descolocó y no sé de que manera fue a acabar encima de uno de mis pies, dejándome el dedo gordo en un estado lastimoso —durante unos días solo me pude calzar una zapatilla de mi marido— Tras unos saltitos a la pata coja a lo largo del pasillo, unos cuantos resoplidos y otros tantos lamentos, como ya podrás imaginar, busque al culpable de mi desgracia y allí estaba, con el lomo pegado al suelo, abierto en dos, y adivina en que pagina, la de «la receta de la masa para pizza» ¿Sería una señal?

La probé —con poca fe, he de confesar— y ¡sorpresa!, ¡qué éxito!. Desde entonces ya no he probado con más recetas,  siempre utilizo esta.

Intentaré explicártela lo más detalladamente posible para que cuando la hagas no haya fallos. Te aseguro que cuando la pruebes no volverás a utilizar una base comprada y muchísimo menos unas de esas pizzas ya listas para meter en el horno.

Me voy a centrar únicamente en el amasado, que es lo más complicado, los ingredientes para el relleno los dejo a tu elección.

Necesitas:

 

  • 325 gr de harina de fuerza (debe tener más de 12% de proteína—lo encontrarás indicado en el paquete—)
  • 50 gr de harina, a mayores,  para amasar
  • 15 gr de levadura fresca de panadería (5 gr de levadura seca granulada)
  • 200 ml de agua tibia (un vaso)
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen
  • Sal y azúcar (un pellizco generoso de cada)
Como se hace:

 

Pon la levadura en una taza y dilúyela con un poco del agua templada, si utilizas una fresca desmenúzala antes con los dedos. 

Pon la harina tamizada con la sal en un cuenco amplio, haz un hueco en el centro y añade el azúcar, el agua con la levadura y el aceite. Con la ayuda de una espátula o una cuchara de madera ve mezclando los ingredientes de fuera hacia adentro y añadiendo el resto del agua poco a poco, sin dejar de mezclar, hasta que obtengas una masa homogénea —este proceso es mucho más rápido si utilizas una máquina de amasar, aunque no es imprescindible— 

Una vez integrados todos los ingredientes vuelca la masa sobre la mesa enharinada, tendrá una textura bastante pegajosa. Trabájala enérgicamente con las manos; aplánala un poco, haz presión, estírala hacia adelante y recógela plegándola hacia atrás,  repite estos movimientos varias veces. Después gira la masa sobre la mesa 90º y vuelve a realizar la misma operación, estirando y recogiendo…

Cuando la masa ya no se pegue tanto alterna el amasado con golpes; coge la masa con las dos manos, tírala con fuerza desde lo alto contra la mesa, repite varias veces y sigue amasando, esto ayuda a que la masa se relaje y quede más suave y elástica.  —Durante todo el proceso de amasado, que puede durar unos 10 minutos, ve espolvoreando repetidamente la mesa con harina para evitar que se pegue—.

Da forma de bola a la masa, colócala en un cuenco tapada con film y déjala de dos a tres horas en un sitio cálido y sin corrientes, para que repose —el horno apagado es un buen sitio— y duplique su tamaño. Transcurrido este tiempo de reposo vuelca la masa otra vez sobre la mesa enharinada, aplástala con el rodillo o las manos para eliminar el aire acumulado durante la fermentación y colócala sobre la placa del horno cubierta con un papel sulfurizado, ve estirándola con los dedos y llevándola hacia los bordes, dejando estos un poco más gruesos. Riégala con aceite de oliva o salsa de tomate y vuelve a dejar que repose,  fuera de las corrientes, esta vez solo unos  diez minutos.

 

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Esta masa te da para dos pizzas medianas gorditas o dos grandes más delgadas.

Ahora puedes proceder de dos maneras; una,  precocina únicamente  la base con el aceite o la salsa de tomate y alguna hierba, orégano o albahaca por ejemplo, durante 5 minutos en el horno precalentado a 200º, después distribuye el relleno y vuelve a meter la pizza en el horno hasta que los ingredientes estén hechos y los bordes de la masa dorados. Y dos, coloca los ingredientes del relleno encima de la base con la salsa de tomate y hornea todo a la vez  a 220º unos 30 minutos o hasta que, igual que en el caso anterior, esté dorada y los ingredientes perfectamente cocinados.

Sugerencias:

 

Esta masa no la limites únicamente a las bases de tus pizzas, te funcionará muy bien en tus tartas vegetales, cocas saladas, calzonne, stromboli…. ¡Todo lo que se te ocurra, porque siempre sale bien!

Como la cantidad que sale de esta receta es bastante, puedes utilizar la mitad y congelar la otra mitad. Envuélvela bien en film antes de meterla en el congelador y para descongelarla deberás sacarla como mínimo cinco horas antes, si la dejas a temperatura ambiente o pasarla a la nevera la noche anterior.

Si me preguntas que resulta mejor ¿hornear primero la masa o cocinarlo todo a la vez?, te diré que yo lo hago indistintamente en función de la prisa que tenga o de lo “inspirada” que esté en ese momento.  Por lo general para las pizzas vegetales y las cocas prefiero hornear la masa antes, porque me aseguro el conseguir una base muy crujiente. En cambio si lo que voy a hacer es la típica pizza margarita o la de jamón y queso, suelo hornear todo junto, igual que para los calzone o stromboli, como es obvio. Creo que es una cuestión de gustos y te animo a que pruebes y experimentes.

Lasaña rápida de atún y espinacas

 

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¡A quien le guste la lasaña que levante la mano!

Dudo mucho que tuviera la misma respuesta si la propuesta hubiera sido ¡A quien le guste cocinar la lasaña que levante la mano!

¿Crees que es posible preparar una lasaña en tan solo 15 minutos (más el tiempo del horno)?  Te propongo unos cuantos atajos que lo harán posible; utilizar salsas compradas y no cocinar previamente el relleno te ayudará a conseguirlo.

El atún en lata está listo para su utilización y la espinaca no hace falta ni que la escaldes, ni que la saltees. Si la añades en crudo, con la humedad de la bechamel y el calor del horno se hará sin problemas —Esto acorta sustancialmente el trabajo—

Por otro lado cuando compres las salsas intenta que sean lo más naturales posible, porque evidentemente el resultado será mejor —y mucho mejor aún si las haces en casa—.

Si tomas nota de esta receta podrás disfrutar de una riquísima, cremosa y suave lasaña de atún o bonito con espinacas en un tiempo record.

 

Necesitas:    (Para cuatro personas)

 

  • Placas de pasta fresca  —de la marca que quieras, yo uso las de La Rana—
  • Una bolsa de espinacas baby  —porque son más tiernas—
  • Una lata de atún o bonito en aceite de 220 gr.
  • 200 gr de salsa de tomate  —comprada o hecha por ti—
  • 500 gr de salsa bechamel  —comprada o hecha en casa—
  • 1/2 vaso de leche  —solo si la bechamel es comprada—
  • Queso rallado   —tipo emmental—

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Como se hace:

 

Primero, aunque no es imprescindible, aligera un poco la salsa bechamel comprada —para mi está un poco salada y también algo espesa, añadiendo el medio vaso de leche se solucionan ambos problemas—.  En un bol mezcla la bechamel con el medio vaso de leche y remueve. Lleva al micro un par de minutos y vuelve a revolver, esto te ayudará a integrarla en la salsa completamente.

Precalienta el horno  a 200º  y enciende el grill también, porque necesitas que cueza y gratine a la vez.

En una fuente que pueda ir al horno pon unas cucharadas de la salsa de tomate y extiéndela uniformemente, de esta forma evitarás que se pegue la lasaña.

Coloca encima una primera capa de pasta fresca. Si no la conoces debes saber que no hay que cocerla ni hidratarla, se usa tal cual sale del paquete. Te recomiendo que no abras el envoltorio hasta que la vayas a utilizar porque se seca con mucha facilidad —A mí se me empezó a resecar por los bordes en el poco tiempo que la tuve al aire para hacer la foto—.

A continuación esparce las espinacas crudas sobre la pasta, no es necesario que utilices toda la bolsa pero se debe ser generoso, porque después de cocinadas se quedan en nada.

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Espolvorea un poco del queso rallado encima. Deja el resto para gratinar.

Cubre con abundante salsa bechamel —La alta temperatura que cogerá la salsa cuando esté en el horno favorecerá la cocción de las verduras—

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Pon una segunda capa de pasta.

Distribuye el bonito/atún escurrido del aceite y desmigado por toda la superficie y cúbrelo con la salsa de tomate.

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Y coloca la última lámina de pasta.

Extiende encima el resto de la bechamel y cubre con el queso rallado.

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Introduce la fuente en el horno y cuece hasta que se dore.

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Sugerencias:

 

Para realizar esta lasaña he tomado unos cuantos atajos para acortar el tiempo de la preparación, pero si puedes haz tú la bechamel y utiliza una salsa de tomate casera. No tienes por qué hacerla a propósito para esta ocasión, resulta muy cómodo prepararla con antelación y guardarla en botes al vacío, así tendrás tomate cada vez que lo necesites.

Sé que en cada receta indico que está buenísima y que no dejes de probarla, pero en este caso lo recalco porque me temo que el hecho de añadir las espinacas crudas y sin ninguna preparación previa puede hacerte dudar del resultado.

Un consejito; cuando apagues el horno, si todavía no os la vais a comer, para evitar que el calor residual del grill la dore en exceso sácala del horno y si es necesario vuélvela a calentar más tarde (pero con horno convencional). Te lo digo porque nosotros este día a puntito estuvimos de comer unos huevos fritos con patatas.

¡Realizar una lasaña en tiempo record es posible!.

 

 

 

Mousse de turrón de Jijona

 

 

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              No podía dejar pasar estas fiestas sin incluir  la receta de algún postre navideño.

Con la llegada de estas  fechas llega también el momento de mayor ajetreo en la cocina—a veces necesitaría que el día tuviera 48 horas— y parece innecesario incrementar el trabajo con un postre, teniendo en cuenta la gran variedad de productos navideños que hay en el mercado, pero ya “metidos en harina″, ¡un esfuercito más…!, y ¡todos encantados!.

Mi propuesta es una mousse de turrón de Jijona, suave, cremosa, muy fácil de preparar y a los amantes del turrón les va a chiflar.

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Necesitas:

 

125 g de turrón de jijona  (blando)

2 huevos

300 g. de nata

75 g de leche

50 g. de azúcar

2 hojas de gelatina

Como se hace:

 

Antes de nada coloca la gelatina en un recipiente con agua muy fría para que se hidrate.

Separa las claras de las yemas,  procura que las claras no lleven ningún resto de yema porque de lo contrario te sería imposible montarlas  —ten esto presente para los casos en los que necesites montar claras a punto de nieve—

Bate las yemas con el azúcar hasta que la mezcla blanquee, notarás que va espesando y tomando un color amarillo clarito —es más fácil si lo haces con una varillas eléctricas—

Desmenuza el turrón con un tenedor.

Pon un recipiente al fuego con la leche, tan pronto hierva añade el turrón desmenuzado, baja el fuego y mueve hasta que se disuelva. Aparta del fuego e incorpora poco a poco la mezcla de las yemas, sin dejar de remover y a continuación la gelatina bien escurrida. Vuelve a poner en el fuego, revuelve bien para integrar todos los ingredientes, cuando comience a humear apaga, no es necesario que hierva, y deja enfriar.

Monta ligeramente la nata muy fría y guárdala en la nevera.

Por ultimo bate las claras con un pellizco de sal, cuando se vuelvan de color blanco añade el azúcar y sigue batiendo hasta que se monten a punto de nieve firme —para saber si ya están montadas, vuelca el bol en el que las estás batiendo y si no se caen ¡listo!—

Incorpora la nata a la mezcla del turrón, en dos o tres veces, ayúdate de una lengua y hazlo con movimientos suaves y envolventes, para que no se bajen. Y haz lo mismo con las claras a punto de nieve, integralas completamente.

Llena las copas de presentación con la mousse de turrón y adornalas como más te guste; frutos secos, algún fruto rojo, que son tan navideños o con virutas de turrón de chocolate, como he hecho yo en esta ocasión. Deja que repose en la nevera  de tres a cuatro horas y

                     ¡A disfrutar!

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Sugerencias:

 

Utiliza para la receta los restos de turrón que te hayan quedado de Navidad.

Hazlo el día anterior para adelantar trabajo, estará igual de bueno.

¡FELIZ Y PROSPERO AÑO!