Rape al horno con patatas

Necesitas:

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  • Una cola de rape
  • 3 o 4 patatas
  • 1 cebolla
  • 1 puerro —la parte blanca—
  • ¼ pimiento rojo
  • ½ pimiento verde
  • Azafrán
  • ½ vaso de Oporto —o cualquier otro vino que te guste—
  • Sal
  • Aceite de oliva
  • Harina para rebozara el pescado

Apuesta por cocinar pescado en el horno porque es una apuesta ganadora. Complicándote muy poco puedes obtener un plato exquisito que encantará a todos en casa. Escoge entre los más habituales, merluza, dorada, salmón, lubina, bacalao, … y conviértelos en el plato estrella con el que brillarás en una ocasión especial, o en otro día cualquiera.

Hoy he utilizado el rape —aunque si eliges otra clase de pescado el resultado será igual de bueno— porque como la amiga que me dio la receta la hace con rape, con rape la comparto. ¡Queda espectacular!

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Como se hace:

-Corta la cebolla, el puerro y los pimientos en cuadraditos pequeños (brunoise).

-Limpia las pieles finas que rodean la cola del rape —o pídele al pescadero que te lo haga el—, para evitar que encoja cuando lo cocines. También córtalo en rodajas gorditas, sala y reserva.

-Pela y lava las patatas y córtalas en láminas de medio centímetro (más o menos). Pon una sartén al fuego con abundante aceite, espera a que se caliente y ve friéndolas en tandas, no las añadas a la satén todas de golpe o se romperán. No es necesario que esperes a que se cocinen del todo porque aún tendrán que ir un rato al horno y es aquí donde se acabarán de hacer. Cuando comiencen a cambiar de color retirarlas con una espumadera y ve poniéndolas en la fuente del horno, sala y reserva. Deja sitio para el pescado.

-Enharina el rape y en la misma sartén fríelo brevemente (vuelta y vuelta). Colócalo en la fuente entre las patatas.

-Sofríe la cebolla, puerro y pimientos en el aceite que queda —si crees que es demasiado aceite retira un poco—. Añade sal y espera a que se ablanden.

-En este momento ya puedes ir encendiendo el horno, a 190º arriba/abajo y aire, para que vaya cogiendo temperatura.

-Cuando los vegetales estén bien pochados añade las hebras de azafrán y el vino, sube el fuego para que se evapore el alcohol, un par de minutos, después baja la temperatura y deja que se cocinen unos 5 o 6 minutos más.

-Cubre el pescado con el sofrito y ya puedes colocar la fuente en el horno con la parrilla en la posición central. Cuece durante unos 20 minutos. Transcurrido este tiempo a paga el horno y espera a que el asado repose un ratito dentro antes de servirlo.

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Los pasos clave:

Pela,lava las patatas y córtalas en 
láminas de medio centímetro. Fríelas 
ligeramente y pásalas a una fuente de 
horno. 
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Limpia el pescado, córtalo en rodajas 
y ponle sal. Enharínalo y fríe 
vuelta y vuelta. Colócalo en la fuente 
entre las patatas.
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Corta las cebolla, puerro y pimientos 
en cuadraditos pequeños y póchalos en 
la misma sartén. 
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Añade el azafrán y el vino,sube el 
fuego para que se evapore el alcohol 
y cocina durante un par de minutos más.
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Cubre el pescado con el sofrito y 
hornea en horno precalentado durante 
unos 20 minutos.
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Sugerencias:

Preparar un pescado al horno en bastante sencillo y una solución muy práctica cuando hay invitados en casa.

Aunque puedes poner todos lo ingredientes en crudo sobre una fuente y llevarla así al horno, el hecho de pasarlos antes por la sartén nos lleva a ahorrar tiempo de horno y a asegurar el gusto extra que le proporciona la fritura.

Si tienes dudas de cómo conseguir el punto óptimo del pescado —ni crudo ni seco, lo ideal es que la carne pegada a la espina se despegue con facilidad— te puede ayudar el calcular 20 minutos de cocción por el primer kilo y 10 minutos más por cada kilo a mayores de la pieza.

Como siempre, la calidad del producto, fresco o congelado, es importante para un buen resultado, así como también es importante en el congelado el proceso de descongelación. Lo mejor es pasarlo a la nevera la noche anterior, pero si se te fue el “santo al cielo” prueba a meterlo en una bolsa hermética y sumergirlo en un recipiente con agua caliente —la del grifo—, verás cómo en media hora, más o menos, estará prácticamente descongelado. Después lávalo ligeramente y añádele unas arenas de sal. Yo prefiero esta opción a la del microondas.

 

 

 

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Tarta crumble de crema y mermelada de frutos rojos

Necesitas:

Base o crumble

  • 400 g de harina
  • 2 huevos
  • 150 g de azúcar
  • 120 g de mantequilla
  • 8 g polvo de hornear (levadura en polvo)
  • 1 pizca de sal
  • Extracto de vainilla

Relleno de crema

  • 500 ml de leche
  • 4 yemas
  • 45 g de maicena
  • 125 g de azúcar
  • Cáscara de un limón o vainilla
  • Mermelada de frutos rojos
  • Azúcar glas para adornar


Esta tarta de migas crujientes —crumble— con un corazón de delicada crema y mermelada de frutos rojos te conquistará desde el primer minuto. Si la pones de postre y sobra seguro que no puedes resistir el coger un trocito a media tarde, y hasta te apetecerá en el desayuno, ¡eso si no desparece antes!

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Si no has tenido ocasión de probar este tipo de elaboraciones no dejes de hacerlo porque creo que te estás perdiendo algo delicioso.

El crumble es un pastel de origen anglosajón, una receta tradicional que tanto se puede degustar de postre como de merienda. Es el clásico dulce de los desapacibles y húmedos días del otoño o invierno británico, de ahí la preferencia de disfrutarlo recién hecho o templado.

Lo que lo hace tan especial es la dulce galleta desmigada y crujiente que cubre un relleno, generalmente una fruta ácida. Esta cubierta se hace con una masa a base de harina, mantequilla y azúcar, muy parecida a la quebrada —aunque admite también otros ingredientes; huevos, frutos secos, copos de avena …— que se desmiga sobre un relleno, y al cocerla en el horno se transforma en una capa deliciosamente crujiente, como la de una galleta hecha migas.

En los últimos años, creo que no hay café ni restaurante español que no haya añadido a su carta de postres un crumble, por eso mismo creo también que tú deberías incluirlo entre tus recetas de postres favoritos.

Es muy fácil y no se requiere una habilidad especial para
obtener un gran resultado, cualquier inexpert@ lo puede conseguir simplemente siguiendo la receta.

Tengo que decir que la versión más clásica de este dulce es una capa de fruta fresca cubierta por la masa de migas, que se hornea y se suele servir templada acompañada de helado de vainilla o un chorrito de crema inglesa, pero esta tarta es un poco diferente, la combinación de mermelada y crema pastelera del relleno la convierten en algo especial, se la vi a Valentina del blog Ho voglia di Dolce. (Si no lo conoces te dejo el enlace por si quieres pasar a echar un vistazo).

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Como se hace:

Base o crumble

-Pon en un bol amplio los ingredientes secos; azúcar, harina, levadura y sal. Mézclalos bien.

-Añade los huevos, la vainilla y la mantequilla fría cortada en dados.

Si haces la masa a mano ve frotando con los dedos los ingredientes y verás como poco a poco se van a ir formando unas migas un poco gorditas —¡no caigas en la tentación de amasar a dos manos para acabar antes porque calentarás la mantequilla y no conseguirás la textura adecuada!—

Si utilizas un robot ve deteniendo varias veces la marcha, hasta conseguir las migas del grosor adecuado.

-Cuando esté hecha la masa divídela en dos. Forra con papel de hornear el molde en el que vayas a cocer la tarta y extiende la mitad de la masa, con la base de una cuchara, por el fondo y las paredes. Guarda en la nevera tanto el molde forrado como la otra mitad de masa.

Crema

-Calienta casi toda la leche con la piel del limón o la vainilla, para que infusionen.

-En una olla que pueda ir al fuego pon las yemas y el azúcar, remueve hasta conseguir una pasta ligera.

-Disuelve la maicena en el resto de la leche reservada y añádela a la mezcla de los huevos, revuelve con unas varillas y ve añadiendo poco a poco la leche caliente, pero retira antes la piel del limón. Lleva al fuego la olla y sin dejar de remover espera a que espese.

Montaje

-Recupera el molde que habías dejado en la nevera. Cubre la base con la mermelada de frutos rojos, teniendo la precaución de que no llegue al borde, déjala como un centímetro adentro para evitar que al incorporar la crema salga por encima y se mezclen porque estéticamente hace sucio.

-Cubre la crema con la otra mitad de la masa, pero esta vez deja las migas sueltas por encima.

-Cuece en horno ya precalentado a 180º durante 45 minutos, o hasta que coja un color dorado.

-Espera a que se enfríe un poco para desmoldar la tarta. Adorna simplemente espolvoreando azúcar glas.

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                  ¡Sencillamente deliciosa!

Sugerencias:

Si ves que la masa se vuelve compacta, introdúcela en la nevera envuelta en film y cuando este fría rállala para conseguir las migas.

Si cuando este en el horno observas que la tarta se dora demasiado por los bordes cúbrela con un papel de aluminio.

Si te sobra masa  la puedes congelar  y usar en otra ocasión.



                 Los pasos clave:

En un bol amplio pon todos los ingredientes secos 
y mézclalos. Añade los huevos, la vainilla y la 
mantequilla fría cortada en dados.
Mezcla con los dedos hasta formar unas migas gordas. 
Divide la masa en dos. 

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Con la primera mitad cubre la base y paredes de un molde 
forrado con papel de hornear.
Haz la crema pastelera y monta la tarta. Empieza poniendo 
una capa generosa de mermelada en la base.

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Vierte la crema sobre la mermelada con cuidado para que
no se mezclen.

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Por ultimo cubre con la otra mitad de la masa la tarta
esparciéndola en forma de migas.

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Cuece la tarta en horno precalentado, a 180º durante 45 minutos. 

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Espolvorea azúcar glas para adornar.

 

Ratatouille con patata.

 

 

Necesitas:
  • 1 berenjena
  • 1 calabacín
  • 2 patatas
  • 2 tomates pera
  • 1 cebolla
  • Sal y pimienta
  • Queso rallado

Salsa:

  • Aceite de oliva
  • 1 tomate maduro
  • 1 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 1 pimiento mediano asado o 6 del piquillo
  • Hierbas provenzales o las aromáticas: tomillo, romero, orégano, albahaca, laurel, mejorana, …
  • Sal, pimienta y azúcar

 

Conquistarás a los más peques de la casa con este plato que además tienen nombre de peli de dibujos.

Esta receta es una variante de la ratatouille tradicional, un guiso francés típico de la Provenza, en el que asan hortalizas (berenjenas, calabacines, tomates, cebollas, pimientos,…) en el horno con aceite de oliva y hierbas aromáticas, ingredientes que no suelen estar entre los favoritos de los niños, pero si le añades patata y queso la cosa cambia —aunque los puristas se pueden llevar las manos a la cabeza—, conseguirás que se los tomen sin rechistar.

La ratatouille es un plato saludable y vegetariano, que gana en sabor si lo dejas reposar toda una noche. Aunque muchos intentamos imitar, a veces con un dudoso éxito, la vistosa presentación de la peli — unos finos discos vegetales colocados en espiral de forma intercalada sobre un sofrito —, en la receta original las hortalizas van cortadas de forma más basta. Algunos cocineros son partidarios de cocinar los vegetales por separado para juntarlos al final, y otros de hacerlo todo junto desde el primer momento, pero en ambos casos se obtiene un resultado que recuerda mucho al pisto español de toda la vida.

Como se hace:

Empezaremos por la salsa:

-Pica finamente la cebolla y el ajo, sofríelos en una sartén con un poco de aceite de oliva a fuego medio, deja que se vayan pochando. Mientras pela y trocea el tomate y añádelo al sofrito, cocínalo durante unos minutos. Por último, porque ya están asados, incorpora los pimientos también troceados y las hierbas aromáticas que te gusten, sal, pimienta y una cucharada de azúcar. Deja que se cocine todo a fuego lento unos 15 o 20 minutos, revolviendo de vez en cuando para que no se pegue. Puedes dejar así la salsa o pasarla por la batidora para que los niños no le encuentren tropezones.

-Es interesante que compres los vegetales de un tamaño similar, por cuestiones estéticas. Corta finamente las hortalizas en rodajas, si dispones de una mandolina te será más fácil y ahorrarás mucho tiempo, deberán ser de un mismo grosor, así la cocción será uniforme. 

-Cubre la base de una fuente de horno con la salsa que ya tienes preparada. Coloca encima los vegetales de forma ordenada y alterna, siguiendo un patrón, por ejemplo; patata, tomate, calabacín, cebolla, berenjena, y vuelve a empezar…, patata, tomate, calabacín, cebolla, berenjena.

-Prepara un aliño con dos cucharadas de aceite de oliva, un diente de ajo muy picado, sal, pimienta, hierbas provenzales y riega el contenido de la fuente con esta mezcla. Por último espolvorea el queso rallado.

-Cubre el guiso con un papel para evitar se queme por encima. Introduce la ratatouille en el horno y cuécela durante unos 30 minutos a 180º (arriba y abajo). Transcurridos los primeros 20 minutos retira el papel y deja que se siga cocinando otros 10 minutos más. La hortalizas deben quedar blanditas, perfectamente cocinadas pero no quemadas ni deshidratadas, para ello puedes abrir el horno las veces que consideres necesario (no pasa nada, no es un bizcocho) y así comprobar si ya están listas antes de sacarlas.

 

LOS PASOS CLAVE:

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 En una sartén con aceite de oliva sofríe la 
cebolla y el ajo finamente troceados.


 Añade a media cocción el tomate también troceado 
y pelado.

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Incorpora el pimiento en trozos pequeños, sal, 
pimienta, la hierbas y el laurel.

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Corta las hortalizas del mismo grosor.
Cubre la base de la fuente con la salsa y coloca 
de forma ordenada los vegetales encima.

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Riega con un aliño hecho con dos cucharadas de 
aceite, un diente de ajo picado, sal, pimienta y 
hierbas aromáticas.

Espolvorea el queso rallado


Hornea a 180º durante más o menos 30 minutos.

Sugerencias:

A parte de estas hortalizas puedes utilizar otras, pimientos, zanahorias, puerros, calabaza, … Compra los productos lo más frescos que puedas, sobre todo si vas a utilizar la mandolina, de lo contrario tendrás problemas para cortarlos.

Para que este plato tenga el autentico sabor de la Provenza son fundamentales las hierbas. Si no encuentras las provenzales que ya venden mezcladas haz tu una combinación con las que tengas en casa.

Este plato lo puedes servir caliente o frío, como plato principal vegetariano o como guarnición de una carne o un pescado.

La ratatouille se puede cocinar el día anterior y guardarla en la nevera hasta dos días, es más, los entendidos recomiendan no comerla recién hecha, opinan que el reposo de toda la noche le favorece, el sabor es más intenso cuando se recalienta al día siguiente.

Volviendo al tema de la presentación, puedes optar por la espiral como en la peli, en línea como he hecho yo o algo más tradicional; trocea los vegetales en cubos más o menos de un tamaño similar, ásalos en el horno y mezclándolos con la salsa.

 

 

 

 

Strudel de manzana y hojaldre

 

Necesitas:
  • 2 láminas de hojaldre
  • 4 o 5 manzanas
  • 4 cucharadas soperas de azúcar
  • 2 cucharadas de mantequilla
  • 1 cucharadita de canela
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • ½ vaso de uvas pasas
  • 1 puñado de nueces peladas
  • 2 cucharadas de ron
  • 6 galletas desmenuzadas
  • 1 huevo batido
  • Harina
  • Azúcar glas

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               El Strudel (significa remolino en alemán) es un famoso pastel de origen Centro-europeo, consta en una masa muy fina que envuelve un relleno dulce o salado.

En el strudel la masa es algo muy característico y se diferencia del resto de las masas en su elasticidad, es posible estirarla hasta lo imposible, hasta convertirla en una capa casi transparente —dicen los entendidos que se tendría que poder leer una hoja del periódico a través de ella—, y una vez cocinada se vuelve ligera y crujiente. Harina común y una grasa, aceite o mantequilla (aunque en algunas recetas puede llevar un huevo), son los ingredientes con los que se obtiene esta masa tan singular. A pesar de que estos ingredientes son muy comunes y la elaboración no es compleja, el procedimiento para estirarla exige un poco de pericia, tiempo y paciencia, de ahí que en muchas recetas, por comodidad, se sustituya por la pasta filo o el hojaldre.

El más popular de los strudel es el que está relleno de manzanas especiadas y frutos secos, lo que los vieneses llaman apfelstrudel o apple strudel, y tiene dos virtudes, que es un delicioso postre y una elección muy acertada si vas con el tiempo justo, porque lo puedes servir recién hecho, cuando aún está todavía caliente —con un poco de helado la combinación es perfecta—, también lo puedes dejar enfriar, en ese caso cúbrelo con abundante azúcar glas, ya una vez frío, y acompáñalo con nata montada. Para los amantes de los postres de manzana ambas son todo un homenaje.

Como hoy voy muy mal de tiempo cogeré algún atajo; para salir del apuro emplearé un hojaldre comprado, aunque también podría haber utilizado una pasta filo; si te fijas en la relación de ingredientes, para que aun sea más rápida la elaboración, ni siquiera los peso, utilizo las medidas para “perezosos”: cucharadas y puñados. .

Como se hace:

-Hidrata las pasas en el ron: pon las dos cosas en un cuenco y reserva.

-Desmenuza las galletas y resérvalas también.

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-Pela las manzanas, trocéalas y ponlas en un cazo al fuego con la mantequilla. Incorpórales el azúcar, la canela y la vainilla, revuelve de vez en cuando para que no se peguen. Cuando la manzana este ligeramente blanda añade las uvas con el licor, espera a que éste se evapore y apaga el fuego. Deja que la compota se enfríe. (Puedes utilizar el microondas para esta elaboración).

-Superpón las láminas de hojaldre en una mesa ligeramente enharinada y con un rodillo estíralas hasta dejarlas lo más delgadas que puedas. 

Hay varias cosas que debes tener presente cuando trabajes con hojaldre; que  la masa debe estar lo más fría posible, que siempre se debe cocinar en horno precalentado y que nunca se le debe poner un relleno caliente.

-Cuando ya tengas bien estirada la masa puedes ponerla con cuidado sobre un paño, te facilitará el enrollado.

-Espolvorea toda la superficie de hojaldre con azúcar y la mitad con la galleta —lo de la galleta se hace para evitar que la masa coja demasiada humedad— y también reparte parte de las nueces. Coloca encima la compota de manzana, dejando los bordes libres y cúbrela con el resto de las nueces y la otra mitad de la galleta.

-Con la ayuda del paño ve enrollado la masa, como si fuera un brazo de gitano. Cierra bien los extremos para que no se salga el relleno durante la cocción y colócalo en una placa del horno forrada de papel, con las uniones hacia abajo.

-Haz unos cortes poco profundos en oblicuo en la parte de encima del strudel y barnízalo con el huevo batido.

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-Cuece en el horno precalentado a 180º unos 20/25 minutos, o hasta que el hojaldre esté dorado.

-Puedes servir el strudel con una bola de helado de vainilla o con un poco de nata montada —aunque a mi me gusta así, templado y sin nada más—.  

Sugerencias:

En muchas recetas rellenan el strudel con la manzana sin haberla cocinado previamente, la trocean y la mezclan con las especias. Pero como el hojaldre se cuece bastante rápido, prefiero no arriesgarme a que se quede cruda y la cuezo un poco antes.

El proceso de cocinar la manzana con las especias puedes hacerlo en el microondas, acortarás tiempo.

Puedes sustituir el huevo por mantequilla para pincelar el hojaldre, yo he utilizado huevo para no sumar más grasa al postre.

Como ves es una receta muy fácil, para principiantes, diría yo. No hay escusas para no poder quedar como un “señ@r” —¡aunque sea con un poco de trampa!—

Guiso de ternera -ragout- con patatas, zanahorias y guisantes

 

 

Necesitas:

 

  • 600 g de carne de ternera
  • 1 cebolla
  • 1 puerro pequeño —parte blanca—
  • 2 dientes de ajo
  • ½ pimiento verde
  • Aceite
  • 100 ml de vino tinto
  • 200 ml de caldo de pollo o agua
  • 3 patatas grandes
  • 3 zanahorias
  • Guisantes —frescos, congelados o en lata—
  • Mantequilla
  • Sal, pimienta y pimentón
  • Hierbas a tu elección: tomillo, romero, clavo, comino, laurel, perejil…

 

              En un recetario tradicional no puede faltar el popular guiso de ternera con patatas; una preparación que lleva el cartel de comida casera y familiar, de receta de la abuela que se pasa de generación en generación.

A este clásico plato le tengo un especial cariño porque me traslada a cuando era pequeña, a cuando volvía del cole al mediodía y en el portal un apetecible olor a guiso inundaba la escalera,  y recuerdo que cruzaba los dedos para que el origen de tan apetecible olor fuera mi casa.

Este sabroso guiso, ragú o ragout , o gulash de ternera, en su infinidad de variantes, conquista a quien lo prueba y su elaboración es muy simple, no tiene apenas secretos; el cocinarlo poco a poco, a fuego lento, para conseguir el punto idóneo de la carne,   y el contar con una buena materia prima, es todo lo que se necesita. Por lo demás, la receta es muy sencilla y empieza precisamente en la carnicería. Elige bien la pieza de carne que vas a utilizar; si compras, por ejemplo, la de filetes, el resultado no va a ser bueno, ¡ya sé que se ve muy limpita y más apetecible!, pero precisamente por esto, al no tener apenas grasa te va a quedar como una suela, y por encima es más cara. Para mí la mejor es el jarrete o morcillo, la parte de la aguja, el rabillo, o lo que en Galicia llamamos croca (cadera), cualquiera de ellas es mucho más jugosa.

Aprovecha ahora que estamos en primavera para utilizar guisantes frescos, que están en temporada.

Si no te lo tomas con prisas obtendrás un sabrosísimo guiso que conquistará al más exigente.

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Como se hace:

 

-Corta la carne en dados grandes o pide al carnicer@ que lo haga,  y adóbala con el clásico majado de sal, pimienta, un diente de ajo y perejil. Reserva en la nevera.

-Corta también la cebolla, el puerro, el otro diente de ajo y el pimiento. Si tienes niños pequeños —o una pareja que como si lo fuera— a los que no les gusta nada encontrar trozos de vegetales por el guiso adelante, haz trocitos muy pequeños, en el proceso de la cocción desaparecerán. Calienta 3 o 4 cucharadas de aceite en una sartén y rehoga las hortalizas troceadas, añádeles un poco de sal. Antes de que cojan un color oscuro retíralas, escúrreles bien el aceite y pásalas a una olla.

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-Añade ahora la carne adobada a la sartén con el aceite de haber rehogado las hortalizas, si no te llega añade un poco más. Cuando esté dorada incorpórala a la olla con los vegetales.

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-En la misma sartén y sin apagar el fuego, agrega el vino, espera a que se evapore el alcohol y añade el caldo o el agua. Deja que hierva un par de minutos.

-Mientras pon la olla con la carne al fuego e incorpora dos clavos de olor, una cucharadita de pimentón, una pizca de comino, la hoja de laurel y revuelve.

-Vierte encima de la carne el contenido de la sartén con el vino y el caldo. Espera a que hierva para bajar el fuego y coloca la tapadera. Deja que cueza así a fuego lento durante 50/60 minutos.

-Pela las patatas y córtalas. Haz lo mismo con las zanahorias, (aunque yo hoy he utilizado zanahorias baby congeladas —que no hay que hacerles nada porque ya vienen escaldadas—).

-En una sartén limpia pon una cucharada de mantequilla con dos o tres de aceite de oliva, cuando este caliente incorpora las patatas y las zanahorias —si utilizas las zanahorias congeladas debes añadirlas más tarde, junto con los guisantes—. Agrégales la sal, romero y tomillo. Saltéalas durante un rato. Espera a que la patata coja una capita crujiente para reducir el fuego y tápalas. Remueve de vez en cuando. A los diez minutos, más o menos, añade los guisantes. Rehoga durante unos minutos más y reserva.

-Una vez transcurridos los 45 primeros minutos de cocción de la carne incorpora las hortalizas al guiso. Mezcla bien todos los ingredientes y sigue cocinado el tiempo que falta. 

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-Deja que repose unos diez minutos y ya lo puedes de llevar a la mesa.

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Sugerencias:

 

Sofríe bien los vegetales antes de añadir los demás ingredientes, de esta forma aportaran más sabor al guiso.

Si utilizas guisantes frescos tienes que sacarlos de la vaina y cocerlos en agua hirviendo con sal durante 4 o 5 minutos, lo mismo que si te decides por unos congelados (sigue las instrucciones del envase). Si por el contrario, has optado por los de lata, únicamente deberás lavarlos antes de añadirlos a las patatas.

Una buena idea, por falta de tiempo, es hacer el guiso en dos partes; empieza el día anterior guisando la carne y guárdala en la nevera y añadir la guarnición el día que la vayas a consumir.

Como todas las carnes que se cocinan en salsas, ganan en sabor y están más tiernas si se cocinan de un día para otro.

 

 

 

 

Verduras y hortalizas asadas

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         Con la llegada de cada nuevo año llega también una lista interminable de buenos propósitos, el de mejorar nuestras costumbres para tener una vida más saludable suele estar entre ellos.

Tras los excesos navideños —los aperitivos, las comidas copiosas, la amplia oferta de dulces, los brindis y las largas charlas de sobremesa— lo más aconsejable es volver a la normalidad, recuperar la rutina y los buenos hábitos o mejorarlos, si cabe. Los expertos aconsejan dormir las horas recomendadas, hacer algo de ejercicio y tener una alimentación sana, ligera y equilibrada, basada en productos frescos y de temporada —preferiblemente locales—, e insisten en la importancia del consumo diario de frutas y verduras.

Si el comer más vegetales en general es también uno de tus propósitos este año que empieza, te propongo esta técnica práctica, sencilla y saludable de cocinar tus verduras y hortalizas, asarlas en el horno. Al cocinarlas de esta manera se potencian los sabores, más que si simplemente las cueces. 

Puedes optar por asarlas añadiéndoles nada más que un poco de sal, y conseguirás un resultado excelente, ligeramente dulzón gracias a la caramelización de los azucares que contienen, pero a mi me gusta añadirles un toque extra con hierbas aromáticas, especias y sobre todo con un buen aceite de oliva para realzar su sabor.

A las verduras así preparadas se les puede sacar mucho partido porque puedes servirlas de plato principal acompañadas de una vinagreta, por ejemplo, o como base de otras recetas; desde tortillas, sándwiches, pizzas, o para acompañar una pasta, un arroz, unas legumbres, …

Necesitas:

 

  • 3 zanahorias
  • 1 calabacín
  • 1 cebolla
  • 1 puerro
  • 1 pimiento rojo y 1 verde
  • 1 piña de brecol
  • 3 tomates medianos
  • 1 diente de ajo
  • Aceite de oliva virgen
  • Hierbas: orégano, tomillo, albahaca
  • Sal y pimienta

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Como se hace:

 

– Elige las hortalizas que más te gusten, no tienen que ser necesariamente las que yo he utilizado. Lo que si debes hacer es cortarlas de un tamaño similar para que se hagan todas a la vez. Y ten en cuenta que si haces trozos muy pequeños  corres el riesgo de que se te quemen, pero si por el contrario, son demasiado grandes, se tostaran por fuera y por dentro se quedarán crudas.

– Lava y seca las hortalizas, y pela las que lo necesiten. Córtalas como ya te he indicado, ponlas en un bol, añádeles el aceite, la sal, las hierbas y especias que hayas elegido. Muévelas para que se impregnen bien y pásalas a una fuente de horno.

– El horno debe estar precalentado entre 180º y 200º. Deberás  revolver con frecuencia y comprobar el punto de cocción que le quieras dar. A mí me gustan al dente, pero si te gustan más hechas déjalas el tiempo que consideres —puedes cubrirlas con un papel si te parece que se están quemando y por dentro todavía están crudas—.  Entre 30 y 45 minutos puede ser el tiempo indicado, aunque dependerá del tamaño a que las hayas cortado y de su contenido en agua.

 

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Sugerencias:

 

Asar así  las verduras en el horno te ayudará a ahorrar tiempo y trabajo, sobre todo si haces bastante cantidad cada vez. Aguantan en la nevera, bien tapadas, 4 o 5 días.

Verás que con esta sencilla receta encontrarás una alternativa a las ensaladas, si es que ya te aburren o no te apetecen en los meses fríos.

Experimenta con los condimentos. Antes de añadir el aceite aprovecha para agregar otras especias y hierbas, aunque no estén en la receta: pimentón, curry, clavo, ras el hanout, romero, laurel, hierbabuena,  salvia —secos o frescos—, pero también ralladura de limón o lima, vinagre, ajo, jengibre…

¡Apuesta por una alimentación cada vez más sana!

 

Tarta fría de melocotón y mascarpone

Esta tarta fría sin horno es una de tantas, pero está ¡riquísima!.

La elaboración de este tipo de tartas frías y tan socorridas, ¡que todo hay que decirlo!, no es complicada, suelen llevar ingredientes que siempre hay en casa, y siguiendo los pasos y respetando los tiempos de las recetas ¡el éxito lo tienes asegurado!.

Como estas preparaciones no son amigas de las prisas, porque necesitan de un tiempo de reposo en la nevera o en el congelador para que al enfriarse cojan consistencia, lo mejor es que las hagas de un día para otro, —o sea, que no se trata de un postre que puedas improvisar sobre la macha, es necesario que lo planifiques con antelación. Inconveniente que puede transformarse en una ventaja en el caso, por ejemplo, de un día que tengas invitados, ya que te permitirá despreocuparte del postre y centrarte en el resto del menú—.

Si te animas a hacer esta tarta comprobarás que es un acierto utilizar una conserva tan común y “desprestigiada”; la mezcla del melocotón en almíbar y la galleta chocolateada combina perfectamente, al juntar la conserva triturada con el mascarpone se consigue una mousse suave y deliciosa, y al estar adornada con la cobertura de mermelada y gajos de la mismas fruta queda de un precioso color naranja… ¡no me digas que no parece un trocito de sol!.

Necesitas:

 

  • 200 gr de galletas (la que más te guste)
  • 80 gr de mantequilla
  • 40 gr de crema de cacao (tipo nocilla o nutela)
  • 250 gr de queso mascarpone
  • 200 ml de nata
  • 100 gr de azúcar
  • 2 huevos
  • 1 lata de melocotón en almíbar
  • 6 + 1 hojas de gelatina
  • 200 gr de mermelada de melocotón
Como se hace:

 

Base:

-Desmenuza las galletas en la picadora o mételas en una bolsa y machácalas con el rodillo. Añade la mantequilla fundida, la crema de cacao y mezcla todo muy bien. Cubre con esta mezcla la base de un molde desmoldable (previamente forrado con papel de horno para facilitar el desmoldado). Introdúcela en la nevera para que se endurezca.

Mousse:

-Pon a remojo en agua muy fría 6 hojas de gelatina.

-Separa las yemas de las claras y en un recipiente que pueda ir al baño María pon la mitad de la nata, el azúcar y las yemas batidas. Revuelve constantemente y a fuego bajo —es importante que no llegue a hervir porque se cortaría— Transcurridos 4 o 5 minutos retira del fuego y deja que enfríe.

-Trocea 6 mitades de melocotón, ponlos en el vaso de la batidora para hacer un puré y reserva.

-Calienta 4 cucharadas (unos 60 ml) de almíbar del melocotón y cuando esté a punto de hervir apaga el fuego (puedes utilizar el microondas). Añádele las hojas de gelatina bien escurridas, muévelas para que se disuelvan, pasa la mezcla a un bol grande y deja que se enfríen.

-Bate el resto de la nata con el queso mascarpone y móntalos ligeramente.

-Monta también las claras a punto de nieve.

-En el bol de la gelatina une todas las preparaciones; incorpora el puré de melocotón, la mezcla del queso y también la de las yemas ya fría. Remueve con cuidado y cuando todo esté bien integrado añade las claras a punto de nieve con movimientos envolventes, para que no se bajen.

-Cubre las paredes del molde con unas tiras de acetato o papel de horno (para no tener disgustos de última hora) y vierte la mezcla sobre la base de galletas. Da unos golpecitos sobre la mesa para que se asiente bien y no queden huecos. Deja toda la noche en el congelador.

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Cobertura:

-Al día siguiente hidrata 1 hoja de gelatina en agua fría. Calienta dos cucharadas (30 ml) de almíbar del melocotón y disuelve la gelatina bien escurrida.

-Calienta la mermelada en el micro o al baño María, añádela a la gelatina y mezcla  muy bien.

-Saca la tarta del congelador y cúbrela con esta mezcla.

– Pásala a la nevera y déjala  como mínimo dos horas.

– Adórnala  como más te guste, yo he utilizado melocotón y chocolate como en la base.

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Sugerencias:

 

No es imprescindible que metas la tarta en el congelador pero de esta manera se desamoldará mucho más fácilmente, pero si lo haces así acuérdate de pasarla a la nevera de dos a tres horas antes de servirla.

Por supuesto que puedes sustituir el melocotón en conserva por uno natural y más saludable, de esta forma se eliminarán los azucares añadidos que contiene el almíbar y estarán presentes únicamente las calorías y azúcares de la propia fruta, o mejor aun, utiliza mangos ¡te va a encantar!. Prueba también con otras frutas; fresas, frambuesas… (te recomiendo esta)

El queso mascarpone ya lo hay en casi todos los supermercados y grandes superficies, pero si en tu tienda habitual no lo encuentras lo puedes hacer en casa con nata o sustituirlo por un queso de untar.

¡Espero que te guste tanto como a nosotros!

Un saludo.

 

 

 

 

Brazo de merengue y ganache de castañas

 

Este domingo pasado fue 19 de marzo, día de los Josés y las Josefas, de los Pepes y las Pepitas y de los PAPÁS, ¡Muchas felicidades a todos! En España un día de fiesta familiar.

No hay celebración que se realice alrededor de una mesa que no tenga como broche final una tarta especial. Y esta fue mi elección para esta ocasión; la mezcla de castañas y chocolate casa perfectamente y el bizcocho de merengue le aporta una textura suave y delicada. ¡Un postre delicioso!.  La verdad es que nos encantó a todos.

Aunque ya empiezan a aparecer las primeras frutas y verduras de la primavera, para esta tarta aun utilicé ingredientes de invierno —Todavía me quedaba un bote de las castañas que había confitado en navidad y me pareció un buen momento para darle salida—. Vi esta receta en una revista en la pelu  y pensé ¡que pintaza!, ¡En la primera ocasión que tenga la hago!. Es importante que aclare que así como tengo buena memoria fotográfica de la otra ando fatal, por eso he hecho una versión de la receta ¡Y que me perdonen los señores  “ editores de la revista”  si no se ajusta demasiado a la original!

Necesitas:

 

Para el bizcocho

  • 6 claras
  • 225 gr de azúcar
  • 1 cuchara sopera de almidón de maíz o maizena
  • 1 cuchara sopera de vinagre de vino blanco o de manzana

Para el relleno

  • 200 gr de castañas confitadas
  • 150 gr de chocolate para fundir 70%
  • 400 gr de nata 35% materia grasa
  • 60 gr de azúcar

Por si no tienes castañas confitadas.

  • 200 gr de castañas cocidas y peladas
  • 200 ml de leche
  • 4 cucharadas soperas de azúcar
Como se hace:

 

El día anterior lava las castañas y hazles un corte en la base, colócalas en un cuenco que pueda ir al micro y cúbrelas de agua. Cuécelas durante 15 minutos y después quítales las pieles mientras aún están calientes. Cuando tengas los 200 gr de castañas peladas colócalas en un cazo, añade el azúcar y el vaso de leche y deja que cuezan durante 5 minutos, o hasta que casi se haya evaporado la leche.  —este paso no es necesario si utilizas unas castañas confitadas—

Reserva  4 o 5 castañas, las más bonitas, para decorar y tanto si las has cocido en leche como si utilizas unas confitadas tritura el resto hasta conseguir un puré.

Para la ganache coloca en un cuenco el chocolate troceado y reserva. Por otro lado pon 150 gr de nata en un cazo al fuego, tan pronto hierva retírala y viértela sobre el cuenco con el chocolate. Espera unos minutos y revuelve, verás como el chocolate se funde y queda una crema muy suave. Añádela al puré de castañas, mezcla bien  y deja que enfríe en la nevera.

Para el bizcocho de merengue bate las claras hasta que se vuelvan blancas. En este momento añade al azúcar poco a poco y bate hasta conseguir un merengue duro (sabrás que está si al girar el bol no se cae). Inmediatamente añade el vinagre y la maizena. Coloca un silpat o papel sulfurizado sobre una placa del horno y extiende el merengue. Hornea 8/10 minutos a 200ºC. Apaga transcurrido el tiempo y deja que enfríe dentro del horno.

Monta los 250 gr de nata restantes con los 60 gr de azúcar. Para que no tengas problemas es imprescindible que la nata esté muy fría. Comienza batiendo únicamente la nata y cuando coja un poco de cremosidad ve añadiendo el azúcar poco a poco hasta que adquiera una consistencia dura y al levantar las varillas se forman picos.

Separa el bizcocho de merengue del silpat o papel y colócalo sobre un paño de cocina. Unta la plancha con una primera capa de nata montada y haz una segunda con la crema de castañas y chocolate.  Ayudándote del paño ve envolviendo el brazo con cuidado para que no se rompa.

Una vez enrollado colócalo sobre una fuente y adórnalo con las castañas reservadas y unos hilos de chocolate.

 

Sugerencias:

 

La ganache no es otra cosa que una crema cuya base es una nata que se calienta y en ella se disuelve generalmente chocolate, a la que también se pueden añadir otros ingredientes, se deja enfriar y según las proporciones se le da una u otra utilidad; elaboración de trufas, para cubrir o rellenar tartas, rellenar bombones, …

Es una costumbre cortar los extremos en los postres con forma de brazo, por una simple cuestión estética, pero a mi este en concreto me gusta sin cortar porque me parece que queda como más rematado, con una apariencia rustica pero delicada a la vez…¡ en fin …cuestión de gustos!

 

 

 

 

 

Masa de pizza (siempre sale)

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¿Para ti “el secreto de la pizza está en la masa”… o en el relleno? ¿O en ambos?

Desde luego lo del relleno es cuestión de gustos pero… ¿y la masa?

¿Has intentado hacer la base en casa alguna vez? ¿Y qué tal…? Porque no veas la de veces que lo he intentado yo, y siempre con muy poca fortuna.

¡La de recetas que habré utilizado… antes de dar con esta!  Y la descubrí por casualidad, que es como suelen ocurrir estas cosas, buscando la receta de unas crêpes sucettes en unos libros de cocina europea que apenas utilizo. Mientras hojeaba el tomo de la cocina francesa delante de la misma estantería, convencida de que no valía la pena trasladarlo a ningún sitio, porque no me iba a solucionar gran cosa, el correspondiente a la cocina italiana se descolocó y no sé de que manera fue a acabar encima de uno de mis pies, dejándome el dedo gordo en un estado lastimoso —durante unos días solo me pude calzar una zapatilla de mi marido— Tras unos saltitos a la pata coja a lo largo del pasillo, unos cuantos resoplidos y otros tantos lamentos, como ya podrás imaginar, busque al culpable de mi desgracia y allí estaba, con el lomo pegado al suelo, abierto en dos, y adivina en que pagina, la de «la receta de la masa para pizza» ¿Sería una señal?

La probé —con poca fe, he de confesar— y ¡sorpresa!, ¡qué éxito!. Desde entonces ya no he probado con más recetas,  siempre utilizo esta.

Intentaré explicártela lo más detalladamente posible para que cuando la hagas no haya fallos. Te aseguro que cuando la pruebes no volverás a utilizar una base comprada y muchísimo menos unas de esas pizzas ya listas para meter en el horno.

Me voy a centrar únicamente en el amasado, que es lo más complicado, los ingredientes para el relleno los dejo a tu elección.

Necesitas:

 

  • 325 gr de harina de fuerza (debe tener más de 12% de proteína—lo encontrarás indicado en el paquete—)
  • 50 gr de harina, a mayores,  para amasar
  • 15 gr de levadura fresca de panadería (5 gr de levadura seca granulada)
  • 200 ml de agua tibia (un vaso)
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen
  • Sal y azúcar (un pellizco generoso de cada)
Como se hace:

 

Pon la levadura en una taza y dilúyela con un poco del agua templada, si utilizas una fresca desmenúzala antes con los dedos. 

Pon la harina tamizada con la sal en un cuenco amplio, haz un hueco en el centro y añade el azúcar, el agua con la levadura y el aceite. Con la ayuda de una espátula o una cuchara de madera ve mezclando los ingredientes de fuera hacia adentro y añadiendo el resto del agua poco a poco, sin dejar de mezclar, hasta que obtengas una masa homogénea —este proceso es mucho más rápido si utilizas una máquina de amasar, aunque no es imprescindible— 

Una vez integrados todos los ingredientes vuelca la masa sobre la mesa enharinada, tendrá una textura bastante pegajosa. Trabájala enérgicamente con las manos; aplánala un poco, haz presión, estírala hacia adelante y recógela plegándola hacia atrás,  repite estos movimientos varias veces. Después gira la masa sobre la mesa 90º y vuelve a realizar la misma operación, estirando y recogiendo…

Cuando la masa ya no se pegue tanto alterna el amasado con golpes; coge la masa con las dos manos, tírala con fuerza desde lo alto contra la mesa, repite varias veces y sigue amasando, esto ayuda a que la masa se relaje y quede más suave y elástica.  —Durante todo el proceso de amasado, que puede durar unos 10 minutos, ve espolvoreando repetidamente la mesa con harina para evitar que se pegue—.

Da forma de bola a la masa, colócala en un cuenco tapada con film y déjala de dos a tres horas en un sitio cálido y sin corrientes, para que repose —el horno apagado es un buen sitio— y duplique su tamaño. Transcurrido este tiempo de reposo vuelca la masa otra vez sobre la mesa enharinada, aplástala con el rodillo o las manos para eliminar el aire acumulado durante la fermentación y colócala sobre la placa del horno cubierta con un papel sulfurizado, ve estirándola con los dedos y llevándola hacia los bordes, dejando estos un poco más gruesos. Riégala con aceite de oliva o salsa de tomate y vuelve a dejar que repose,  fuera de las corrientes, esta vez solo unos  diez minutos.

 

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Esta masa te da para dos pizzas medianas gorditas o dos grandes más delgadas.

Ahora puedes proceder de dos maneras; una,  precocina únicamente  la base con el aceite o la salsa de tomate y alguna hierba, orégano o albahaca por ejemplo, durante 5 minutos en el horno precalentado a 200º, después distribuye el relleno y vuelve a meter la pizza en el horno hasta que los ingredientes estén hechos y los bordes de la masa dorados. Y dos, coloca los ingredientes del relleno encima de la base con la salsa de tomate y hornea todo a la vez  a 220º unos 30 minutos o hasta que, igual que en el caso anterior, esté dorada y los ingredientes perfectamente cocinados.

Sugerencias:

 

Esta masa no la limites únicamente a las bases de tus pizzas, te funcionará muy bien en tus tartas vegetales, cocas saladas, calzonne, stromboli…. ¡Todo lo que se te ocurra, porque siempre sale bien!

Como la cantidad que sale de esta receta es bastante, puedes utilizar la mitad y congelar la otra mitad. Envuélvela bien en film antes de meterla en el congelador y para descongelarla deberás sacarla como mínimo cinco horas antes, si la dejas a temperatura ambiente o pasarla a la nevera la noche anterior.

Si me preguntas que resulta mejor ¿hornear primero la masa o cocinarlo todo a la vez?, te diré que yo lo hago indistintamente en función de la prisa que tenga o de lo “inspirada” que esté en ese momento.  Por lo general para las pizzas vegetales y las cocas prefiero hornear la masa antes, porque me aseguro el conseguir una base muy crujiente. En cambio si lo que voy a hacer es la típica pizza margarita o la de jamón y queso, suelo hornear todo junto, igual que para los calzone o stromboli, como es obvio. Creo que es una cuestión de gustos y te animo a que pruebes y experimentes.