Pollo asado al horno, receta fácil e infalible

Necesitas:

  • 1 pollo (sin trocear) de 1 kilo y medio, más o menos
  • 1 limón
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta

Para la guarnición — optativo—:

Castañas

  • 200 g castañas
  • 1 vaso de leche
  • 1 ramita de hinojo (el «fiuncho» de toda la vida, en mi tierra )

Hortalizas — puedes sustituirlas por las que más te gusten o tengas a mano—:

  • 5 o 6 zanahorias,
  • 1 pimiento rojo
  • ¼ calabaza violín
  • 1 berenjena
  • 2 o 3 chalotas
  • 1 cabeza de ajo cortada a la mitad
  • sal, pimienta y aceite de oliva

Hoy vengo con una de esas recetas que gustan a prácticamente todo el mundo, con muy pocos ingredientes y además fáciles de conseguir, un plato de escasa dificultad, económico y muy sabroso. — Y para mi todo un clásico de las comidas de domingo en familia —

Esta receta, bastante básica, es la que siempre ha hecho en casa mi madre y yo apenas la he variado porque no lo necesita. En cocina estamos acostumbrados a ver múltiples versiones de una misma receta y esta no es una excepción. Entre los cientos ¡si es que no hay más! de recetas de pollo asado que puedas consultar, el adobar un pollo entero y meterlo en el horno para que se cocine en los jugos que va desprendiendo durante la cocción, parece que es el procedimiento más usual.

El éxito de este plato está en lograr un pollo de un apetecible color dorado, con la piel crujiente, muy sabroso y jugoso incluso en la parte de la pechuga. Algo que sin duda podrás conseguir si sigues estas sencillas indicaciones, independientemente de la mucha o poca pericia que poseas en esto de la cocina ¡¡Garantizado!!

La guarnición es lo que hace que un plato corriente se eleve a otro nivel. Puedes elegir no complicarte; una ensalada, por ejemplo, es una buena opción, o las clásicas patatas fritas que siempre son un acierto, sobre todo entre los más pequeños de la casa. Pero verás que yo he decidido acompañar este maravilloso pollo de unas castañas, cocidas previamente en leche, y unas hortalizas también asadas; aunque las he puesto a parte, en otra bandeja, para que se cocinen en su propio jugo y no el del pollo, y las he asado a la vez, en la parte de arriba, para aprovechar el horno De esta manera se ahorra tiempo y energía ( luz/gas), algo que creo es importante.

¡ Me encantan este tipo de recetas en las que también se ahorra de la otra energía, de la energía humana, la del esfuerzo, porque apenas hay que trabajar, el horno lo hace por ti!

En el blog encontraras más recetas de pollo, otras alternativas que también te recomiendo: Pollo a la cerveza fácil , Pollo al horno de la abuela Paquita , Arroz frito con pollo y champiñones.

Cómo se hace:

Para el pollo:

-Limpia bien el pollo, comprueba que no tenga plumas ni restos de vísceras. Retira también los posibles excesos de grasa. Lávalo por dentro y por fuera, y sécalo a conciencia.

-Enciende el horno a 180º, calor arriba/abajo/aire.

-Pon el pollo en una fuente que pueda ir al horno. Corta el limón en dos y exprímelo por encima del pollo. Vierte también sobre el ave un chorro generoso de aceite de oliva (algo menos de medio vaso), añade sal y pimienta —si te gustan las hiervas: romero, tomillo, albahaca, etc., este es el momento de ponerlas— y frótalo con las manos para extender uniformemente el abobo.

– Introduce las mitades de limón exprimidas en el interior del pollo, junta las patas y átalas. Coloca el ave en la fuente con la pechuga hacia abajo, así evitarás que se seque por un exceso de calor. A media cocción tendrás que darle la vuelta para que se dore por todas pastes. Si colocas la fuente en la parte de abajo, tendrás sitio suficiente para poner encima otra bandeja con las verduras —al asar todo a la vez ahorrarás tiempo y luz/gas—.

-No te puedo concretar exactamente el tiempo que necesitará el horno: un pollo de casa tarda mucho más que uno comprado en la carnicería o en el super, y dentro de estos, no es lo mismo uno campero que uno de corral… Hay quien calcula 45 minutos de cocción por kilo de carne, así un pollo de un kilo y medio necesitará estar en el horno 1 hora y 10 minutos, más o menos. Pero esto es orientativo, si al pincharlo te sale un jugo clarito, probablemente, ya estará listo.

-No te olvides de darle la vuelta a los 40/45 minutos para que se dore por la parte de la pechuga. Además, de vez en cuando deberás rociar el pollo con la salsa.

-Recoge la salsa que haya soltado el pollo y ponla en una sartén pequeña, incorpora también el jugo de las hortalizas reservado y lleva al fuego. Deja que hierva unos minutos, y con el fuego apagado, añade una cucharadita de mantequilla o aceite de oliva, mueve la sartén hasta que se disuelva. Pasa la salsa a una salsera para que cada uno se sirva la que quiera.
Para las hortalizas

-Pela las zanahorias y las chalotas, y déjalas enteras.

-Pela también la calabaza y trocéala.

-Lava el pimiento y déjalo entero.

-La berenjena córtala a la mitad y con una puntilla haz cortes a lo largo y después transversales, a modo de enrejado (fíjate en la foto más abajo).

– Pon todos los vegetales, incluida la cabeza del ajo cortada a la mitad, sin amontonar en una bandeja de horno cubierta de papel de hornear y añádeles dos cucharadas de aceite de oliva, sal y pimienta. Frótalos un poco con las manos e introduce la bandeja en la parte de arriba del horno.

-Vigílalas de vez en cuando para que no se quemen y ve girándolas para que se doren por todas partes. Cuando el pimiento este asado retíralo a un recipiente con tapa, de esta manera te será más fácil quitarle la piel cuando enfríe.

– Tan pronto puedas pinchar con facilidad las zanahorias, que son las más duras, retira la bandeja del horno .— Pero no lo apagues, deja que se siga cocinando el pollo—

-Pela el pimiento y la berenjena, y córtalos en tiras.

-Coloca los vegetales en la fuente en la que los vayas a llevar a la mesa y recupera el jugo que hayan soltado en la fuente durante el asado y tras haber pelado el pimiento.

-Riega las hortalizas asadas con tres o cuatro cucharadas de este jugo — reserva el resto —, aceite de oliva virgen extra y sal gorda en el último momento. Adorna con los dientes de ajo después de haberles quitado la piel.
Para las castañas:

-Mientras trabaja el horno, prepara las castañas. Si las has comprado peladas salta al paso siguiente, pero de no ser así, hazles un corte en la piel dura y ponlas en un recipiente bajo y ancho para que no se solapen demasiado, cúbrelas con agua y cuécelas en el micro unos diez minutos. Después, quítales las dos pieles mientras aun están calientes.

-En un cazo pon el vaso de leche e introduce las castañas, un poco de sal y la ramita de hinojo. Cuécelas otros diez minutos.

-Cuela las castañas y añádelas a la bandeja del pollo hacía el final del asado, puedes aprovechar el momento de darle la vuelta para hacerlo. (Si, por lo que sea, las castañas ya están muy blanditas, añádeselas al final de todo, en los últimos cinco minutos, lo justo para que cojan el sabor del asado)

Sugerencias:

Que no te de cosa asar un pollo grande, porque las sobras te darán mucho juego: podrás utilizarlo al día siguiente para hacer croquetas, rellenar una lasaña o unos canelones, en ensaladas, en pasteles salados, o en recetas menos elaboradas como la tradicional ropa vieja o como tropezones para sopas. Y no creas que una vez escogida la carne el resto se puede ir a la basura porque no es así, con los huesos, las pieles y la salsa que te hayan sobrado puedes hacer una riquísima sopa de pollo: rehoga en un poco de aceite de oliva algún vegetal que tengas por la nevera, añádele los restos de pollo y cubre con agua. Cuece durante unos 20 minutos, rectifica de sal y, tras colar, tendrás un agua de sopa que, además de barata, estará buenísima. ¡¡¡Hazme caso!!!😉

LECHE FRITA GALLEGA. Receta de Picadillo.

Necesitas:

  • 1 cuartillo de leche -1/2 litro
  • 1 cuarterón de azúcar -115 g.
  • 3 cucharadas de harina -60 g.
  • 4 yemas de huevo
  • Ralladura o piel de limón
  • 2 huevos –para rebozar
  • 1 vaso de pan rallado
  • Azúcar y canela (optativo)

Ya tenemos aquí otro Carnaval (Entroido en Galicia) —aunque este año será «…diferente y triste…», según dijo la concejala de Fiestas—.

Haciendo caso a las autoridades, que hacen un llamamiento a la prudencia y responsabilidad para seguir todas las medidas de seguridad, está claro que este año no será posible disfrutar de estas fiestas como en ediciones anteriores. La mayoría de los ayuntamientos invitan a disfrutar del Carnaval desde casa, adaptando sus programas al contexto actual de la COVID-19.

En esta Comunidad, donde la tradición une la celebración y las ganas de pasarlo bien con la gastronomía, ¡yo ya me he puesto a ello!

Hoy vengo con un postre de los de toda la vida, la leche frita, un delicado dulce que forma parte de un prolífico repertorio de recetas típicas de estas fiestas: torrijas, flores, buñuelos, chulas, hojas de limón, bicas…, sin olvidarnos de las famosas orejas y filloas.

Estas pequeñas porciones doradas de textura cremosa están tan deliciosas que, si no la has probado ¡ya estás tardando! Y si las has probado, pero porque alguien las ha hecho por ti (véase madre, abuelas, tías…), ¡también va siendo hora de que te pongas a ello! Los ingredientes son tan comunes que seguro que ya los tienes en la cocina.

Hay tantas recetas de leche frita: con harina o con maicena, con o sin huevo, con canela, con piel de limón o ambas, rebozada en harina o en pan rallado —¡y ahora haz combinaciones!—. Pues como te decía, ante tanta oferta he escogido esta de Picadillo, del recetario «la cocina práctica». Lo único que he cambiado es la forma del recipiente en donde enfriar la crema, aunque me salga de lo tradicional (por comodidad y estética he utilizado un molde para magdalenas en vez de una fuente, es una forma de conseguir porciones exactamente iguales).

En tu casa en estos Carnavales no puede faltar ninguno de los postres tradicionales, los de toda la vida. ¡Invitan a disfrutar!

Cómo se hace:


Picadillo aconseja mezclar todos los ingredientes, llevarlos al fuego y, sin dejar de revolver, esperar a que la mezcla espese. Después, dejar que enfríe antes de cortar, rebozar y freír.
Pero como me parece demasiado resumir, estos son los pasos detallados:
 
Calienta la leche con la ralladura de limón y la piel. No es necesario
que hierva. Reserva.
En una olla pequeña o un cazo que puedas llevar al fuego pon las yemas y el azúcar. Bátelas hasta que cambie de color la mezcla.
Añade la harina e incorpora un poco de la leche reservada. Poca —solo un chorrito—, la justa para integrar la harina a la mezcla. Revuelve, tiene que quedar con una consistencia muy espesa, —esta es la mejor manera de evitar que se formen grumos—. Ahora ya puedes añadir el resto de la leche. Cuélala antes, si no te gusta encontrar ralladura de limón en la masa.
Pon el cazo en el fuego y no dejes de revolver porque se pega con facilidad, ocurre igual que con la masa de las croquetas. Cocina a temperatura media hasta que espese.
Ahora es necesario que dejes reposar la masa para que enfríe; puedes pasarla a una fuente, estirarla uniformemente con una lengua y una vez fría cortarla y rebozarla; o puedes ponerla en moldes individuales, que solo habrá que volcar para rebozar. En ambos casos enharina ligeramente el recipiente para evitar que se pegue y cubre con papel film «a piel» (deberá tocar la masa) antes de guardar en la nevera.
Cuando haya enfriado y endurecido, vuelca la masa sobre un papel de horno con un golpe seco. (Si ves que se resiste pasa una puntilla todo alrededor)
Reboza la masa de leche frita primero en pan rallado, pasa después por los huevos batidos y otra vez por pan rallado, y fríe en abundante aceite. La temperatura no debe estar muy alta, lo justo para que se doren.
Tampoco añadas demasiada cantidad a la sartén, fríe dos o tres a la vez, primero por un lado y después dales la vuelta para que lo hagan por el otro.
Ve colocando la leche frita en papel absorbente y antes de que enfríe pásala por azúcar con canela.
 

Sugerencias:

Como Picadillo utiliza pan rallado para rebozar la leche frita, en el molinillo de café he molido, muy finito, un poco de pan atrasado que tenía en casa, ¡ha quedado perfecto!

Puedes utilizar harina en vez del pan rallado, queda muy bien, quizá incluso hace un dulce un poco más fino, pero yo no lo he hecho por ser fiel a la receta original.

Una buena idea es preparar la masa el día anterior, para que se enfríe y tome cuerpo durante la noche. Al otro día solo tendrás que rebozarla para freírla, esto simplifica bastante la labor. 

 

Chocolate de Reyes con picatostes

Este año la Navidad, ya a punto de acabar, está siendo diferente. Para muchas familias la enfermedad y los duelos han teñido de gris estas atípicas Fiestas. Y para los que hemos tenido la suerte, por ahora, de no haber contraído el virus, nos hemos visto obligados a renunciar a muchas de nuestras costumbres navideñas. Y aunque las medidas restrictivas han limitado los desplazamientos, los reencuentros y los aforos de las celebraciones a exclusivamente los núcleos familiares, con cierta dosis de ilusión seguro que estas están siendo igualmente unas buenas Navidades. Este año tocó vivirla de otra manera, pero por delante quedan muchísimas Pascuas para que podamos celebrar como queramos y nos apetezca (aunque me han dicho por ahí que alguno le vio ventajas a esto de ser pocos a la mesa… y que de ahora en adelante…)

Esta vez tampoco habrá ni churros, ni roscón, pero si habrá picatostes, que son como la versión vaga del churro (Llevan los mismos ingredientes, harina, agua y sal. Para los churros hay que hacer una masa y para estos hay que trabajar menos, se utiliza pan del día anterior)

Como te decía, las fiestas de este año ya están rematando, pero aun queda la traca final, el día más esperado y emocionante del año para los más pequeños —y no tan pequeños—, el mágico día de Reyes. En mi casa un día completito. A la mañana de abrir e intercambiar regalos le sigue la merienda de la tarde; el clásico chocolate con churros, picatostes o roscón de reyes. Una reunión que empecé a celebrar cuando los niños eran muy pequeños. Recuerdo tardes en las que nos juntábamos hasta treinta personas entre abuelos, tíos , primos, padrinos y algún que otro amigo —Parece que lo estoy viendo: camas llenas de abrigos, papeles de regalo por todas partes, niños correteando con los juguetes nuevos, y los mayores en el salón tomando posición para disfrutar de un chocolate caliente y los tradicionales postres de rigor, infalibles para recuperarse del inevitable madrugón de las mañanas de Reyes—. Este año por primera vez en mucho tiempo no va a ser así, no vendrá nadie a casa, pero sí habrá chocolate con picatostes, para mi «núcleo familiar» y para compartir contigo.

CHOCOLATE:

Después de tantos años preparando el chocolate para el día de Reyes, con el tiempo he ido introduciendo cambios y probando distintas marcas y formas de cocinarlo, y esta es sin duda la que más me convence. No tiene una ciencia especial pero siempre lo alaban mucho. Suelo utilizar dos clases de chocolate, el específico para hacer chocolate a la taza y una pequeña parte de chocolate para postres, además de leche semidesnatada, y nunca nunca lo espeso con maicena, ni añado nata.

Necesitas:
  • Una tableta de chocolate para hacer a la taza de 300 g
  • 100 g de chocolate para postres
  • Litro y medio de leche
Como se hace:
  • Fíjate en las indicaciones del envoltorio del chocolate que hayas comprado, normalmente ya indican la cantidad de pastillas por tazas de leche y por persona, pero las cantidades que te doy te pueden servir de pauta.
  • Separa las pastillas del chocolate a la taza, reserva el otro (no hace falta que lo ralles como antiguamente).
  • En una olla amplia pon la leche y espera a que se caliente, pero que no hierva. Cuando la leche humee apaga el fuego y añade el chocolate troceado. Revuelve hasta que se disuelva. Vuelve a poner la olla al fuego y ármate de paciencia, a fuego medio y sin dejar de revolver espera hierva. Debe cocer durante un rato. Comprobarás que a medida que va cociendo se va oscureciendo y espesando. Ten mucho cuidado porque se pega con facilidad y coge enseguida sabor a quemado.
  • Cuando esté prácticamente hecho, lo notarás por la textura y por el agradable olor que impregnará tu cocina, añade el chocolate para postres y sigue revolviendo hasta que se funda completamente.
  • Aparta la olla del fuego y deja que repose. Irá espesando a medida que enfríe. Si cuando lo vayas a servir está muy espeso aligéralo con un poco más de leche.
  • Y no tiene más complicación.
Sugerencias:

Como lleva un poquito de tiempo puedes hacerlo con antelación, incluso de un día para otro, dejarlo en la nevera y calentarlo en el momento de servirlo.

PICATOSTES:

¡Receta fácil donde las haya!

A mi me gusta cortar el pan en rebanadas alargadas para facilitar que el picatoste entre sin dificultad en la taza, en el caso de que se quiera mojar en el chocolate. El picatoste debe quedar dorado y crujiente por fuera y jugoso por dentro, y eso se consigue bañando el pan en leche antes de freírlo. (¡Ojo, bañándolo no empapándolo! porque se te romperá)

Necesitas:
  • Pan de uno o dos días
  • 300 ml de leche
  • Aceite de oliva poco ácido
  • Azúcar
Como se hace:
  • Corta el pan en rebanadas largas y estrechas.
  • Si el pan está muy duro calienta un poco la leche en el micro. Si es del día anterior no hace falta.
  • Baña el pan en la leche, sumérgelo completamente. Después pásalo a un colador para que escurra el posible exceso que haya cogido.
  • En una sartén o cazo pon suficiente aceite de oliva y cuando esté caliente ve friendo el pan en tandas. Tan pronto se doren los picatostes retíralos a un plato con papel absorbente.
  • Espolvorea con azúcar antes de que enfríen.
Sugerencias:

Si no has probado así los picatostes, dales una oportunidad porque están buenísimos. Estoy convencida de que te van a encantar, como me pasó a mi la primera vez que los hice.

¡Si no te convencen mis argumentos, a lo mejor lo hace esta imagen!

¡Feliz tarde de reyes!

Rosada a la portuguesa

Necesitas:
  • Una rosada de 1 k, más o menos
  • 350 g de pimientos en tiras (rojo, verde, amarillo)
  • 400 g de cebolla cortada en plumas delgadas
  • 1 cucharada de pimentón dulce
  • Sal y aceite de oliva
  • ½ vaso de vino de blanco (Oporto sería ideal)
  • 100 g de harina para rebozar el pescado
  • 3 o 4 patatas
  • Perejil

El de hoy es un plato sencillo, con pocos ingredientes, pero muy sabroso. Es una receta típica del norte del país vecino que tradicionalmente se elabora con bacalao, producto del que el pueblo luso es el primer consumidor del mundo. Aunque no seas muy amante de este pescado, te aseguro que cocinado de esta manera no podrás resistirte. Si aun así tienes reservas y no te convence porque «no te gusta el bacalao ni de frente ni de lao», entonces prueba a sustituirlo por otro, por el que más te guste, verás que es una preparación que se adapta a cualquier pescado que elijas; merluza, salmón, rodaballo,…

Cuando voy a la compra puedo cambiar de idea sobre la marcha en función de las ofertas del día, y aunque en casa sí que nos gusta el bacalao, como has podido comprobar por los ingredientes al inicio de este post, lo he sustituido por una rosada, aprovechando que estaba a muy buen precio.

La rosada es un pescado blanco de carne firme y con muy pocas espina. Admite las mismas preparaciones de la merluza, y al cocinarla al horno se vuelve tersa y sabrosa.

Las tres clases de pimientos que he indicado arriba no son imprescindibles, yo los he utilizado porque se dio la casualidad de que los tenía en casa, pero el rojo y el verde son suficientes.

Las patatas las he hecho a parte en el microondas porque en casa las preferimos así, pero lo clásico es guisarlas con el pescado. En este caso tendrás que córtalas en ruedas de medio centímetro y freírlas antes que la rosada. Cuando las tengas, colócalas en el fondo de la fuente para ir poniendo encima el pescado y el resto de ingredientes, siguiendo la receta.

Este es un plato al que le sacarás mucho partido, te hará quedar bien en cualquier reunión familiar, con amigos, compañeros…

Como se hace:
  • Pide al pescadero que te limpie y corte el pescado en toros no demasiados delgados, así evitarás que se rompan con el cocinado. Ya en casa, lávalo ligeramente para eliminar restos de sangre o alguna escama que le haya podido quedar y sécalo bien con papel de cocina. (Como la cabeza no se va a utilizar puedes congelarla, te vendrá bien para el caldo o el fumet de otra receta)
  • Sofríe la cebolla y los pimientos por separado —si utilizas dos sartenes acabarás antes—. Pon un poquito de aceite de oliva en cada una y espera a que se calienten. En una sartén pon la cebolla y en la otra los pimientos. Añade sal a ambas y no te olvides de revolver con frecuencia.
  • Cuando los pimientos estén blanditos retíralos a un plato y reserva.
  • Como la cebolla tiene que estar muy bien pochada, deja que se siga cocinando. Mientras sala la dorada y rebózala ligeramente en harina. Añade un poco más de aceite a la misma sartén en la que habías rehogado los pimientos y fríe el pescado (no tiene que quedar totalmente frito, con que coja color es suficiente, porque se terminará de cocinar en el horno).
  • A estas alturas la cebolla ya estará bien pochada. Añádele una cucharada rasa de pimentón —baja el fuego para que no se queme—, revuelve para que se integre uniformemente. Después agrega el medio vaso de vino de Oporto y sube el fuego para facilitar que se evapore el alcohol. Cocina la cebolla unos tres minutos más antes de apagar el fuego.
  • En una fuente apta para el horno coloca el pescado, procura no amontonarlo. Cubre cada porción de rosada con la cebolla y reparte por encima los pimientos. Puedes espolvorear un poquito de harina de maíz o pan rallado para que los pimientos queden ligeramente crujientes, pero no es imprescindible.
  • Para acabar, enciende el horno a 160º C y cocina la rosada entre 15 y 20 minutos.
  • Mientras prepara las patatas. Pélalas, córtalas en gajos y ponlas en un recipiente que pueda ir al microondas. Añádeles sal, dos cucharadas de agua, una hoja de laurel y cuécelas en el micro durante 6 minutos a potencia máxima (programa primero 3 minutos, revuélvelas con cuidado para no romperlas, y después los otros 3)
  • Espolvorea un poco de perejil picado antes de llevar la rosada a la mesa. ¡Buen provecho!
Sugerencias:

La receta apenas tiene complicación, únicamente hay que estar muy pendiente de los tiempos para evitar que se quemen los pimientos, la cebolla, el pimentón, … o se pase el pescado. Un pequeño despiste arruinaría todo el plato.

Evitarás que se queme el aceite si sacudes cada toro de pescado, para eliminar el exceso de harina, antes de añadirlo a la sartén .


Los pasos clave:

Limpia y corta el pescado en toros no demasiados delgados. Lávalo y sécalo bien con papel de cocina. Sofríe la cebolla y los pimientos por separado. Añádeles sal y revuelve con frecuencia.
Cuando los pimientos estén blanditos retíralos a un plato y reserva.
Sala la dorada y rebózala ligeramente en harina. Añade un poco más de aceite a la misma sartén donde habías rehogado los pimientos y fríe el pescado.
Cuando la cebolla esté bien pochada, añádele una cucharada rasa de pimentón —baja el fuego para que no se queme— . Después agrega el medio vaso de Oporto y sube el fuego para que se evapore el alcohol. Cocina durante unos tres minutos más.
En una fuente para el horno coloca el pescado. Cubre con la cebolla y después reparte por encima los pimientos. Puedes espolvorear un poco de harina de maíz o pan rallado para quede más crujiente, pero no es imprescindible.
En el horno a 160º C cocina la dorada entre 15 y 20 minutos.
Mientras pela las patatas, córtalas y ponlas en un recipiente que pueda ir al microondas. Añádeles sal, dos cucharadas de agua y una hoja de laurel. Cuécelas en el micro durante 6 minutos (programa primero 3 minutos y después otros 3, revolviendo en medio)
Espolvorea un poco de perejil picado antes de llevar a la mesa.

Empanada gallega de atún, de la abuela Toñita

NECESITAS:

Para la masa:

  • 500 g de harina de fuerza + la que necesites para el amasado
  • 25 g levadura fresca (unos 6 g de levadura seca)
  • 2 huevos
  • 2 cucharadas de mantequilla (unos 60 g)
  • 1 vaso de leche (unos 200 g)

Para el relleno:

  • 500 g de cebolla
  • 1 lata grande de bonito o atún en aceite de oliva
  • 2 huevos cocidos
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • 60 g de aceite de oliva virgen extra
  • Sal

Que mi madre es muy buena cocinera, no es la primera vez que lo digo, ni la primera receta de ella que comparto. Aunque en general tiene buena mano para la cocina, es verdad que hay algunos platos que borda, y la empanada esta entre ellos, ¡la hace como nadie! Sea de lo que sea: de vieiras, de xoubiñas, de mejillones, de bacalao con pasas, de lomo, de pollo, de lacón con grelos… ¡cada cual más buena! Y por supuesto también, la superpopular empanada de atún, que, aunque rica,  no es una de mis favoritas. Mira si es conocida, que no tienes más que buscar en Google  «recetas de empanada» y verás que la gran mayoría son de atún. También podrás comprobar que hay gente que erróneamente piensa que es la empanada tradicional de Galicia —Según la suegra de mi hermana, el añadir atún a la «zaragallada» de la empanada es un invento reciente, ¡y ni que decir tiene que no le gusta nada!—

Además verás que se recogen muchas recetas diferentes bajo el título de empanada gallega (como suele suceder en todo lo relativo a la cocina…no hay una receta única). Y esto se debe a que no se hace igual en el interior que en la costa, que puede variar de una provincia a otra, e incluso llega a ser diferente dependiendo de la estación del año.

¡Así que voy ya con la receta de esta empanada gallega y algunos truquillos de mi madre, también gallega, para que te salga perfecta!

Empecemos por la masa, que tiene y su importancia: una mala masa es igual a una mala empanada. Para que el amasado sea un éxito, piérdele el miedo, ponle cariño y grama la masa, es decir, una vez amasada tienes que continuar el amasado añadiendo alguna grasa —mi madre lo hace con mantequilla— queda un poquito hojaldrada y riquísima. En cuanto al grosor, hay a quien opina que cuanto más fina mejor. A mí, particularmente, me gusta un poco gordita, pero aquí ya interviene el gusto de cada uno.

Para la farsa o «zaragallada», mi madre utiliza bastante cebolla muy picada, y la pocha mucho rato a fuego medio/bajo. También puede añadirle pimientos, rojo o verde, pero nunca le pone tomate.

Por último, el ingrediente principal, el atún o bonito, lo que prefieras. Normalmente utiliza uno en aceite, es más práctico.

Y antes de pasar a la receta, voy a hacer un resumen de las características más comunes, que he visto por ahí…, que pueden ser un distintivo de la empanada tradicional gallega:

  1.  No necesariamente tiene que estar rellena de atún, tradicionalmente se utilizaban productos de la zona, casi siempre de la huerta, del mar o matanza, y por supuesto restos de otra preparación —no hay que olvidar que la empanada de diario es una receta de aprovechamiento—.
  2.  La masa se solía gramar: con aceite, manteca, mantequilla, grasa de cerdo e incluso parte del aceite del mismo sofrito. Gramar= volver a amasar con una grasa.
  3.  Salvo alguna excepción, la farsa o «zaragallada» no llevaba tomate.
COMO SE HACE:

Masa de empanada:

– La que hace mi madre, como ya te he dicho, es una masa gramada con mantequilla —ella dice que antiguamente se empleaba manteca de vaca— ¡es riquísima, ya lo comprobarás!

– Puedes mezclar todos los ingredientes en un cuenco amplio o trabajarla sobre la mesa. Aunque lo primero es más cómodo, hoy lo he hecho sobre la mesa, al estilo tradicional.

– Calienta la leche, sin que llegue a hervir.

–  Haz una montaña con la harina, distribuye por encima la levadura fresca desmenuzada con las manos y la mitad de la mantequilla. (Si utilizas levadura seca sigue las instrucciones del fabricante)

– Añade la sal en una esquinita (unos 10 g), intenta que no toque la levadura para que esta no pierda eficacia.

– Haz un hueco en el centro, añade los dos huevos y ve removiendo con la mano y añadiendo la leche templada poco a poco. Trabájala hasta que integres todos los ingredientes. Lo difícil es que no se escapen los líquidos por los lados (¡Creo que lo del cuenco funciona mejor!). Al principio la masa estará un poco pegajosa, pero debes insistir con el amasado hasta que esté firme y elástica. Puedes añadir un poco de harina a la mesa si ves que el amasado se te resiste.

– Ahora vamos con el gramado. Estira la masa ligeramente, distribuye por encima la mantequilla reservada, y vuelve a juntar la masa envolviendo y atrapando la mantequilla. Trabájala hasta que absorba la grasa completamente. (¡Aunque creas que es imposible, ya verás como lo consigues!)

– Haz una bola, deja que repose en un bol enharinado y tapada con un paño lejos de corrientes de aire. Tenla así durante una hora, más o menos, para que doble su volumen. Mientras haz el relleno.

Relleno:

– Cuece dos huevos durante 10 minutos, contando desde que el agua rompa hervir.

– Pela las cebollas y pícalas muy pequeñas.

– Calienta el aceite en una sartén e incorpora las cebollas. Sofríelas a fuego medio/alto unos 3 minutos, después baja el fuego, añádeles sal y cocínalas durante 20/30 minutos. Revuelve de vez en cuando.

– Puedes añadirle un poco más de aceite si observas que el sofrito se ha secado durante el cocinado, puedes incluso utilizar un poco del aceite de la lata del atún.

– Transcurrido el tiempo de cocción, las cebollas estarán blanditas y algo doradas, incorpora una cucharadita pequeña de pimentón y el bonito o atún desmenuzado y bien escurrido.

– Corta los huevos, añádelos a la farsa o «zaragallada» y retira la sartén del fuego.

Montaje:

– Las cantidades de esta receta son para una empanada del tamaño de la bandeja estándar del horno.

– La masa habrá doblado su tamaño, córtala en dos. Enharina ligeramente la mesa de trabajo y con el rodillo estira la primera mitad hasta dejarla del tamaño de la bandeja del horno (pon papel de hornear en la bandeja antes de colocar la masa encima). Estírala más o menos, en función de lo gruesa que quieras que te quede la empanada, teniendo en cuenta que va a crecer un poco al hornearla. 

– Distribuye el relleno sobre la base procurando que no llegue a los bordes. Estira la otra mitad y tapa la empanada. La masa que sobre recórtala con un cuchillo, puedes utilizarla para hacer algún adorno.

– Por último, sella los bordes de la empanada con un retorcido, plisado, dobladillo… Pincela con un huevo batido la superficie (también puedes utilizar aceite). Y no te olvides de hacer un agujero pequeño en el centro, a modo de chimenea.

– Coloca la bandeja una ranura más abajo de la mitad del horno. Cuece en el horno precalentado a 180º  (con aire)/ y 200º (sin aire), hasta que la empanada esté dorada por encima y cocida en la base.

– Se puede comer caliente o fría. 

SUGERENCIAS:

– Al hablar de empanada de atún, no estamos hablando necesariamente de una empanada gallega, incluso puede ser una tarta o un pastel. Prueba a hacerla con una receta gallega y rellénala con otra cosas, te va a sorprender gratamente.

– Yo retiro todo el aceite de la lata del bonito antes de incorporarlo a la preparación para evitar que el relleno quede demasiado grasiento.

– Para mi es importante pochar y picar mucho la cebolla de las «zaragalladas». No me gusta demasiado comer una empanada con la cebolla crujiente, como si se hubiera rellenado con un salpicón. Y no digamos nada de esos trozos largos de cebolla que salen de la empanada y quedan colgando cada vez que le das un mordisco, es superincomodo —sobre todo cuando vas de tapas y la estás comiendo con las manos y de pie—.

– Les puedes dar la forma que quieras, redondas, cuadradas, rectangulares… Solamente tienes que tener la precaución de que te entren en el horno.😉

– Por cierto, y con el permiso de mi madre, te recomiendo que amases en un cuenco, por lo menos al principio. ¡Valiente engorro hacerlo en la mesa!

LOS PASOS CLAVE:
Masa:
En un cuenco amplio o sobre la mesa,pon la harina,
la levadura desmenuzada, la mitad de la mante-
quilla,la sal y los huevos. Ve removiendo y aña-
diendo la leche templada poco a poco. Mezcla hasta
integrar los ingredientes. Trabájala  hasta que la 
masa esté firme y elástica.
Para gramar la masa: estírala ligeramente, 
distribuye la mantequilla reservada y vuelve a 
juntar la masa envolviendo y atrapando la mante-
quilla. Amásala hasta que la absorba toda.
Haz una bola, deja que repose en el bol enharinado 
y tápala con un paño lejos de corrientes de aire, 
durante una hora.
Relleno:
Cuece los dos huevos.
Pela, pica muy pequeñas y sofríe las cebollas. 
Añádeles sal y cocina durante 20/30 minutos
Añade el pimentón y el bonito o atún escurrido.
Corta los huevos y añádelos a la «zaragallada»
Montaje:
Corta la masa en dos, estira sobre una mesa 
enharinada la primera mitad, que será la base.
Colócala sobre una bandeja de horno con papel 
sulfurizado.
Distribuye el relleno encima sin llegar al borde.
Estira la segunda mitad de masa y tapa la empa-
nada. Sella los bordes con un dobladillo.
Con los recortes sobrantes haz algún adorno.
Pincela la superficie con huevo batido y haz un 
agujero en el centro a modo de chimenea.
Cuece en horno precalentado a 180º (con aire) 
o 200º (sin aire) hasta que se dore.

Tarta Mimosa de piña (receta italiana)

NECESITAS:

Para los bizcochos

  • 8 huevos (2 horas como mínimo a temperatura ambiente)
  • 140 g de harina floja (la común)
  • 30 g de maicena
  • 125 g de azúcar
  • Ralladura de limón
  • Una pizca de sal (optativo)

Para la crema diplomática

  • 500 ml de leche
  • 4 yemas
  • 120 g de azúcar
  • 40 g de maicena
  • Piel de un limón
  • 250 g. de nata 35% MG
  • 300 g de piña en almíbar

En Italia tienen la tradición de regalar a las mujeres un ramito de mimosas el Día  de la Mujer, tradición que se inició en 1.946, y que simboliza de la energía femenina italiana. También tienen la tradición de elaborar una espectacular tarta cada 8 de marzo que simula una gran mimosa, de un alegre e intenso color amarillo.

Me gusta tanto esta idea que, aunque nació con la finalidad de conmemorar el Día de la Mujer, la he cogido prestada para celebrar otro día también muy especial para las mujeres. Una ocasión que este año viviremos de una manera diferente, porque este domingo 3 de mayo será el Día de la Madre en España, una fecha que estará marcada por el confinamiento y el coronavirus.

Pero no hay razón por la que no podamos celebrar el Día la Madre como se merece. Y te propongo hacerlo a través de la comida, poniendo en práctica todo lo aprendido durante el confinamiento, ¡que a muchos les ha dado por cocinar!

Aquí dejo una variante de esta clásica tarta mimosa, que es tan rica como fácil, y que cualquier pretexto te servirá de excusa para repetirla. Y si este domingo no vas poder celebrar esta festividad, por el motivo que sea, ve practicando la receta para cuando todo esto vuelva a la normalidad, porque lo cierto es que cualquier día es bueno para celebrar el día de la madre, o del padre, quien también lo tenga pendiente.

¡¡¡Feliz día de la Madre!!!

COMO SE HACE

Bizcochos:

– Engrasa los moldes con mantequilla y enharínalos, tanto la base como las paredes. He utilizado dos moldes; uno redondo 23 cm y otro rectangular de 11,5 x 25 cm . El  bizcocho redondo es para los pisos de la tarta y el rectangular para recortar en cuadraditos y adornar la tarta simulando las flores de la mimosa.

– En un bol grande bate los huevos, el azúcar, la ralladura de limón y la pizca de sal. Bate hasta que la mezcla blanquee y aumente su volumen. Tardará entre 12 y 15 minutos, dependiendo del tipo de batidora o robot que utilices. Sabrás que está cuando levantes las varillas y la mezcla escriba al caer (a este momento se llama punto de cinta).

– Mientras precalienta el horno. Yo utilizo aire a 170ºC, pero si utilizas horno convencional (arriba y abajo) ponlo a 190ºC.

– Junta la harina y la maicena. Tamiza las harinas sobre los huevos y unifica la mezcla, utilizando una lengua de silicona, con movimientos suaves y envolventes para que no pierda el aire que has metido al batir. Vierte la masa en los moldes e iguala la superficie con unos ligeros «meneos». Hornea los bizcochos unos 22 minutos (con aire)/ 30 minutos (sin aire)

– Transcurrido el tiempo, si se despegan ligeramente de las paredes de los moldes probablemente ya estén cocidos, pero para más seguridad, pínchalos en el centro con un  palillo largo, deberá salir limpio. Lo que no debes hacer es abrir el horno antes de los 20 primeros minutos de cocción porque se te bajaran los bizcochos por el centro, seguro.

– Cuando estén cocidos sácalos del horno y espera a que pierdan un poco de calor para demoldarlos — lo justo para que no te quemes— después colócalos en una rejilla para que se enfríen totalmente.

– El redondo córtalo en tres discos para rellenar.

– Al rectangular debes quitarle todos los bordes marrones, para que quede únicamente la parte amarilla. Córtalo en tiras y después en cuadraditos pequeños. Resérvalos para adornar la tarta.

Crema diplomática:

– Calienta la leche con la piel de limón (lo puedes hacer en el micro)

– Bate las yemas con el azúcar en un cuenco. Añade la maicena y mézclala bien.

– Agrega la leche al bol y revuelve hasta integrar los ingredientes perfectamente.

– Pasa la mezcla a un cazo  previamente colada para retirar las pieles de limón, un posible grumo o alguna  impureza de los huevos.

– Pon la olla al fuego y revuelve continuamente la crema con un batidor para evitar que se pegue. Cuando espese pásala a un recipiente de cristal para que enfríe y cúbrela con papel de film a piel (en contacto con la crema)

– Monta la nata ligeramente y guárdala en la nevera.

– Corta la piña en trocitos pequeños y ponlos en un colador para que escurra el almíbar (El almíbar no lo tires).

– Cuando la crema esté fría —métela un rato en la nevera si quieres acelerar el proceso— bátela hasta que esté suave. 

– Separa media taza de crema y media de nata para decorar y mézclalas. A la crema restante añádele los trozos de piña.

– Por último incorpora la nata con movimientos delicados.

Montaje:

– Coloca el primer disco sobre la fuente de la tarta. Mójalo con un pincel empapado en el almíbar de la piña. Cúbrelo con la mitad del relleno y repártelo hasta los bordes.

– Coloca encima el siguiente disco de bizcocho. Vuelve a pincelar con el almíbar y coloca el resto del relleno.

– Tapa la tarta con el tercer bizcocho y también bañado con el almíbar de la piña.

– Distribuye la crema reservada por toda la tarta (superficie y lados), hará de pegamento para los trocitos de bizcocho con los que deberás cubrir toda la tarta 

– Deja que repose la tarta en la nevera durante unas horas. Cuanto más tiempo esté mejor. Incluso la puedes dejar de un día para otro.

SUGERENCIAS:

– Los tiempos de cocción de los bizcochos son orientativos, cada horno es un mundo. Tendrás que experimentar con el tuyo hasta que lo conozcas un poco.

– Puedes prepara los bizcochos un día o dos antes. Si te anticipas con alguna de las preparaciones, te será aún más fácil y solo tendrás que armar la tarta.

– Puedes usar tanto piña enlatada como fresca, pero la enlatada tiene la ventaja de que ya no necesitas hacer un almíbar para bañar el bizcocho.

– Si empleas huevos de casa la tarta tendrá un amarillo más intenso.

 

Los pasos clave:
Bizcochos:
Engrasa y enharina 2 moldes. Uno redondo de 23 cm
y otro rectangular de 11,5×25 cm.
Bate huevos, azúcar, ralladura de limón y sal, 
hasta que la mezcla blanquee y aumente su volumen.
Mientras precalienta el horno(con aire a 170ºC y
sin aire a 190ºC.)
Añade las harinas tamizadas y mézclalas con movi-
mientos envolventes. Vierte la masa en los moldes
y hornea los bizcochos unos 22 con aire, y entre
30 y 35 sin aire.

Comprueba pinchando con un palillo cada bizcocho, 
tendrá que salir limpio para que estén cocidos.  
Desmolda los bizcochos y colócalos en una rejilla 
para que se enfríen.

El redondo córtalo en tres para rellenar.
Al rectangular debes quitarle todos los bordes 
marrones y utilizar únicamente la parte amarilla. 
Córtalo primero en tiras y después en cuadraditos 
pequeños.

Crema diplomática:
Calienta la leche con la piel de limón. 
Bate las yemas con el azúcar y añade la maicena,
mézclala bien. Agrega la leche al bol e intégrala 
con los otros ingredientes.
Cuela la mezcla en un cazo y ponlo al fuego.

Revuelve continuamente para que no se pegue. 
Cuando la crema espese pásala a un bol para que 
enfríe. Cúbrela con film. Puedes meterla en la 
nevera, si quieres acelerar el proceso.

Monta la nata ligeramente y guárdala en la nevera.
Corta la piña en trocitos pequeños y ponlos en un 
colador. Reserva el almíbar.
Bate la crema fría ya hasta que esté suave. 
Separa media taza de crema y media de nata para
decorar. A la crema restante añádele los trozos de
piña y la otra nata.

Montaje:
Coloca el primer disco de bizcocho sobre la fuente 
de la tarta, pincela con el almíbar de piña y 
cúbrelo con la mitad del relleno.

Coloca encima el siguiente disco de bizcocho, 
vuelve a bañar con almíbar y cubre con el resto 
del relleno.Tapa la tarta con el último bizcocho
y también pincela con almíbar.


Cubre toda la tarta con la crema reservada, 
superficie y lados.

Distribuye los trocitos de bizcocho por toda 
la tarta (se quedarán pegados a la crema)
Deja que repose en la nevera durante unas horas. 

Torrijas caramelizadas de sobaos

NECESITAS:

 

  • 6 sobaos cuadrados
  • 1 huevo
  • 200 ml de leche
  • piel de naranja
  • piel de limón
  • Ramita de canela

Para caramelizar:

  • 1 cucharada de mantequilla
  • Azúcar moreno

Si hay un postre «semanasantero» que destaca entre todos los postres tradicionales típicos de estas fechas, ese es sin duda la torrija. Un pan bañado en leche, rebozado y frito, es el dulce más demandado en España durante la Semana Santa.

La torrija nació como plato de aprovechamiento para no desperdiciar el pan sobrante, pero con el tiempo este plato, casero y sencillo, ha ido sufriendo variaciones; ha llegado incluso a ser versionado por chefs con estrellas Michelín (que ya ni las hacen con pan, ni las rebozan, ni las fríen, …) para acabar incluyéndolo en sus cartas de postres todos los días del año.

Creo que una buena receta de aprovechamiento es bienvenida en todo momento, pero más aún en estos días en los que debemos intentar ir al super justo lo imprescindible, para ello es necesario sacar el máximo partido a lo que hay en casa. En la mía, junto a la consigna de «quédate en casa» tenemos esta otra: «la comida no se tira».

Aprovechando que ya estamos en Semana Santa, he hecho estas torrijas con unos sobaos que llevaban un tiempo abiertos y que ya a nadie le apetecían (la bollería es un producto que no solemos comprar, pero parece que estos días se nos da por hacer cosas raras… ¡y no quiero mirar a nadie!). Unas torrijas riquísimas, siguiendo estas tendencias de no rebozar, ni freír… Realmente se parecen más a unas tostadas francesas. Ahora, si prefieres unas más tradicionales, hace tiempo compartí unas torrijas con merengue y natillas (una receta de Picadillo), más elaboradas, pero también riquísimas.

¡Como ya son casi las ocho, te dejo con la receta, que voy a salir al balcón a aplaudir!

COMO SE HACEN:

– Calienta la leche con las pieles de limón y naranja —sin la parte blanca— y la canela. No le he puesto azúcar porque los sobaos ya son dulces, pero si los vas a sustituir por pan, le deberás añadir un par de cucharadas de azúcar a esta mezcla. Puedes calentar la leche al fuego, o en el micro unos 90 segundos a potencia máxima.

– Espera a que la leche se enfrié para continuar porque si la añades caliente sobre los sobaos se van a desintegrar, literalmente.

– Bate el huevo y vierte encima la leche colada.

– Corta los sobaos a la mitad y pásalos por la mezcla de huevo. Esta labor la tienes que hacer de uno en uno y rápido —¡un remojón y fuera!— porque se rompen en un suspiro.

– Ve poniendo los trozos ya bañados en una fuente y métela en el congelador como mínimo una hora, de esta manera las torrijas se endurecerán y las podrás manipular con más facilidad.

– Calienta una sartén antiadherente con unos trocitos pequeños de mantequilla y tan pronto se funda, introduce con cuidado los sobaos, previamente rebozados en el azúcar.  Con la ayuda de dos espátulas ve girando las torrijas para que se doren por todas las caras. La temperatura del fuego deberá ser medio/bajo para que no se quemen, ten en cuenta que el azúcar quemado amarga ¡un horror!

– Vas a conseguir una torrija rectangular espectacular: con una cobertura crujiente y caramelizada que envuelve un interior suave y cremoso, pero tampoco demasiado dulce.

– Puedes acompañar estas torrijas con un helado, un coulis de fruta o una natillas (como he hecho yo hoy)

SUGERENCIAS:

– Me voy a adelantar yo antes de que me me lo digas tú; están riquísimas, pero no sanísimas (intenté contarles las calorías, pero cuando casi llegué a mil, paré.😜)

– Se pueden tomar calientes o frías.

– Suelen aguantar en buen estado solamente un par de días, ya que la leche fermenta.

– A parte de con los sobaos de hoy o el clásico pan, las torrijas también las puedes hacer con rosca, restos de un bizcocho, brioches, bollos de leche…. y bañarlas además de con leche, con vino (todo un clásico), almíbar, miel, licores de frutas, …

 

Los pasos clave:

Calienta la leche con las pieles de limón,
naranja y canela, al fuego o en el  micro.
Bate el huevo y vierte encima la leche colada.
Corta los sobaos por la mitad.Pasa los sobaos por la mezcla de los huevos.
Disponlos en una fuente y déjalos en el congelador
como mínimo una hora.
Reboza los sobaos en el azúcar.
Calienta una  a fuego medio/bajo sartén 
antiadherente con unos trocitos de mantequilla, tan 
pronto se funda, introduce los sobaos congelados. 
Ve girándolos con cuidado para que se caramelicen
por todas las caras.

Acompáñalas de unas natillas, o un helado, o…

 

Quiche de salmón

NECESITAS:
  • 250 g. de salmón fresco
  • 1 puerro pequeño -50 g
  • 1 chalota
  • 100 g. de calabacín
  • ¼ pimiento rojo -30 g
  • 3 huevos
  • 150 ml de leche
  • 100 ml de nata
  • 75 g de queso rallado (opcional)
  • 3 o 4 cucharadas de aceite de oliva
  • Sal, pimienta, nuez moscada y eneldo
  • 1 lámina de masa quebrada o filo, si es comprada

 Para la masa quebrada si prefieres hacerla tú:

  • 250 g de harina
  • 125 g de mantequilla
  • 1 huevo
  • 30 ml de agua fría
  • Sal

 

Sé que al buscar una receta, vayas o no con prisa, lo que realmente interesa es la elaboración del plato y la lista de los ingredientes que la componen, por si son de nuestro gusto o los tenemos todos en casa. Por eso hoy me he propuesto no liarme demasiado con esta entrada. Pasar de enumerar las muchas excelencias de una quiche ¡aunque las tenga!, de enrollarme con sus peculiaridades… y su historia… Intentaré hacer un par de puntualizaciones y pasar ya a la receta —¡A ver si lo consigo!—

Este tipo de elaboración que nos llega de la cocina  francesa y se ha hecho popular en muchísimos países—¡uff, veo que ya me estoy empezando a liar!—, da muchísimo juego, admite gran variedad de rellenos, puedes añadir sin miedo lo que más te guste o lo que tengas más a mano porque se integrará a la perfección en la receta, probablemente esta sea la razón de que la quiche tenga tanta aceptación. Y tanto caliente como fría te garantiza un éxito seguro.

Originariamente esta receta se elaboraba con una crema a base de huevos batidos y nata fresca, esta mezcla se vertía sobre una base de masa y se horneaba hasta que se cuajara por completo. Con el tiempo se le han ido añadiendo otros ingredientes hasta llegar a la gran variedad de recetas que nos encontramos hoy.

¡Una sola puntualización y paso a la receta! —si no te apetece tanto rollo ve más abajo, al texto azul. Y si tienes mucha prisa, al final del post, a los pasos clave—. Si quieres una quiche diez debes contar con:

1- Una buena base de masa quebrada (o brisa) que deberás hornear “en blanco”, es decir, antes de ponerle el relleno. Con esto se consigue una base crujiente y que pueda soportar el peso del relleno sin que se rompa cuando la sirvas. Aunque yo creo que es preferible utilizar masas caseras — ya sabes que en general «todo lo hecho en casa sabe mejor y es de más confianza»—, puedes recurrir a las masas preparadas,en versión refrigerada o congelada, el resultado no es lo mismo, pero que tire la primera piedra quien no lo haya hecho alguna vez.

2- Un relleno a base de huevos y algún lácteo (leche, nata, yogur, crema fresca, leche evaporada, …) al que podrás añadir hortalizas, carnes, pescados o alguna verdura. Para conseguir un resultado cremoso deberá existir un cierto equilibrio entre las proporciones de líquidos y sólidos. Una buena proporción sería; por cada 200 ml de lácteo 3 huevos, y los otros ingredientes no deberían superar la mitad de la mezcla de los líquidos.

Aunque ya he compartido otras recetas de quiches (las puedes ve aquí)    ¡Esta es mi favorita!   Y ya voy al lío.

COMO SE HACE:

La masa quebrada

– Este paso, como es lógico, sáltatelo si utilizas una masa comprada. De no ser así, coloca en un bol amplio la harina con la sal y la mantequilla muy fría cortada en cuadraditos. Con los dedos ve uniendo los ingredientes hasta formar unas migas gordas. Incorpora el huevo y el agua, integra estos últimos elementos manipulando la masa lo menos posible para no calentarla demasiado. Haz una bola y estírala con el rodillo sobre una superficie enharinada.

– Engrasa un molde para quiche, o ponle papel sulfurizado si luego la vas a desmoldar, coloca encima la masa quebrada estirada cubriendo fondo y laterales. Presiona bien las paredes para que se ajuste a la forma del molde y no se deforme con la cocción. Recorta los bordes con un cuchillo afilado, si quieres puedes hacer algún adorno con la masa sobrante, pero sin que sobresalga demasiado porque lo más probable es que se rompa durante la cocción. Pincha con un tenedor toda la base y deja el molde en el congelador una media hora. Deberá estar muy fría cuando la metas en el horno. (Aquí puedes ver la receta de masa quebrada con más detalle).

– Mientras se enfría la base corta el salmón en trozos no demasiado pequeños, añádele sal y eneldo. Reserva.

– Lava los puerros y córtalos en rodajas finas. Pica mucho la chalota y el pimiento, pela el calabacín y rállalo o córtalo también en trocitos pequeños.

– En tres o cuatro cucharadas de aceite saltea primero la chalota y el pimiento, que son más duros. Después de unos cinco minutos de cocinado incorpora el puerro, revuelve con frecuencia para que no se queme, y al ratito el calabacín. Añade sal, pimienta y deja que se cocinen las hortalizas hasta que estén blandidas. 

– Enciende el horno, espera a que alcance la temperatura de 200º C.

– Saca el molde con la masa del congelador. Antes de meterlo en el horno deberás cubrir con papel  la base y esparcir encima unos garbanzos o habas secas para que hagan peso y evitar que se deforme con la cocción (el papel es para retirar las legumbres después con facilidad). Hornea durante 12/15 minutos, a 160º/180ºC si utilizas aire y 180º/200ºC sin aire, en la parte del horno de la mitad hacia abajo. Transcurrido este tiempo retira el papel con las legumbres y deja que la base se enfríe —no tiene que quedar demasiado dorada—

– En un cuenco amplio bate los huevos con la leche, la nata, la nuez moscada, la sal y el queso rallado, si es que has decidido utilizarlo. Coloca sobre la base de la tarta, una vez fría, una primera capa con el sofrito, también frío. Cúbrelo con los trozos de salmón y vierte por encima la mezcla de los huevos.

– Vuelve a meter el molde en el horno, esta vez a 150ºC unos 45 minutos. Un poco antes de que acabe el tiempo comprueba con un pincho o tenedor si la quiche está cuajada. Lo del tiempo es un poco orientativo, depende de cada horno. 

– Si no tienes demasiada prisa conseguirás una quiche mucho más cremosa.

Acompaña esta quiche de una ensalada para tener un plato completo.

SUGERENCIAS:

Bate bien los huevos con la nata o el lácteo que utilices para conseguir que la crema sea más suave.

Escurre muy bien los ingredientes sólidos antes de añadirlos a la mezcla.

Si tu horno no cuece por igual cubre la quiche con papel de aluminio o una placa de horno colocada en la rendija inmediatamente superior.

Las quiches se pueden servir calientes, templadas e incluso hay quienes las prefieren como plato frío. Y se pueden presentar desmoldadas sobre una fuente, para lo cual el papel facilita mucho la labor o dejarla  en el mismo molde donde se ha cocinado, pero para ello deberás  utilizar uno especifico para este tipo de preparaciones.

Los pasos clave:

Para la masa quebrada

Pon en un bol la harina con la sal y mantequilla.

Con los dedos forma una migas 

e incorpora el huevo y el agua.

Mezcla hasta que se integren los ingredientes.

Estira la masa con un rodillo y cubre el
fondo y laterales de un molde para quiches 
previamente engrasado.
Deja en el congelador una media hora.


Para el relleno

Corta el salmón y ponle sal y eneldo. 
Trocea muy fino el pimiento y la chalota. Corta
en aros el puerro y ralla el calabacín.

Saltéalas la hortalizas, por este orden, en muy 
poco aceite. Salpimienta y cocina hasta que estén 
blanditas.

Saca la base del congelador. Cubre con papel de
horno y unas legumbres secas para que hagan peso
y suba de forma uniforme.
Cuece a 180º entre 12 y 15 minutos. 

En un bol bate la leche, la nata, la nuez moscada,
el queso rallado y sal, y reserva.
Pon el sofrito en la base ya fría, 

cubre con los trozos de salmón 

y vierte por encima la mezcla de huevos.

Cuece en el horno a 150º unos 45 minutos. 
Comprueba con un pincho o tenedor que esté cuajada 
antes de apagar el horno.

¡Ahora a disfrutar!

Polvorones caseros de almedra

 

INGREDIENTES:
  • 500g. de harina de trigo
  • 250g de azúcar glas o molido
  • 250g de manteca de cerdo a temperatura ambiente
  • 200g de almendra molida
  • 1 cucharadita de canela molida
  • Azúcar glas para adornar

 

A todo correr, porque voy a mil, te dejo esta receta de polvorones.

Yo ya los vengo haciendo desde hace unos años y en principio no me había planteado subir la receta al blog (hay miles en la blogosfera), pero esta mañana, día de Noche Buena, recogiendo los últimos encargos para la cena de esta noche, escuche una conversación entre varias personas que hablaban del precio de los polvorones. Al parecer casi salían a dos euros la unidad de los de la marca de un antiguo monarca. ¡Que están riquísimos!, eso nadie lo discute, pero estos que comparto lo están igualmente y mucho más asequibles.

Ya sé que para esta noche no llegó, pero aún quedan las celebraciones de Fin de Año y Reyes — si lo celebras—, ¡o qué caray!, cualquier otro día del año.

También sé que no es obligatorio que haya polvorones en todas las casas, hay otros dulces de navidad tan buenos y tan tradicionales como esta variedad de mantecados, pero por qué no hacerlos en casa si nos gustan, salen más a cuenta y se puede elegir el tamaño y formato que más se adapte a nuestros gustos. La elaboración es muy fácil, solo tienes que tener en cuenta un par de cosas.

En general los polvorones están elaborados a base de harina de trigo, almendra molida, manteca de cerdo, azúcar y algún aromatizante. Todos ingredientes de uso común.

Para conseguir su sabor tan característico debes tostar la harina y la almendra, lo que le da al polvorón una consistencia tan delicada que obliga a envolverlos individualmente en papel de seda.

COMO SE HACE:

Como ya te he dicho es importante tostar la almendra molida y la harina.

Hoy para acelerar, he tostado la harina en la fuente del horno; colócala bien extendida en la bandeja, a 170º unos 20 minutos, debes removerla de vez en cuando. Mientras se tostaba la harina he utilizado una sartén antiadherente para hacer lo mismo con la almendra porque es más delicada y se tuesta antes, así resulta más fácil de controlar; el fuego debe estar suave y debes removerla bastante a menudo. 

La harina adquirirá un tono ligeramente más oscuro y la almendra se volverá parduzca.  Cuando ya estén frías, debes esperar a que pierdan todo el calor para continuar con la receta, mezcla la harina y la almendra en un bol —después de haberlas tamizado—, añade la manteca, el azúcar glas o molido y la canela. Mezcla hasta que se integren todos los ingredientes y se forme una bola homogénea. Este proceso puedes hacerlo a mano o utilizar una amasadora. Envuélvela en film y déjala en la nevera durante una hora, más o menos.

Después del reposo estira la masa entre dos papeles de film, o de horno, o un silpat y film,… Si tienes dos guías, como las que se utilizan para las galletas decoradas, mejor que mejo, así saldrán todos de la misma altura.  Si crees que es imposible estirar y dar forma al «amasijo» que acabas de poner encima de la mesa porque se desmiga, se agrieta en exceso y no obedece gran cosa, ¡no te rindas porque vas bien!, es así. Únicamente necesitas un poco de paciencia y verás como lo consigues.

Utiliza un cortapastas para cortar los polvorones, si no tienes puedes utilizar un vaso pequeño o lo que tengas a mano.

Pon todos los polvorones en la bandeja del horno forrada con papel sulfurizado. Hornea a 180º hasta que cojan un poco de color, unos 15/20 minutos.

Con mucho cuidado— en este momento son muy delicados—pásalos a una rejilla para que enfríen. Por ultimo espolvoréalos con azúcar glas y si quieres envuélvelos en papel de seda.

SUGERENCIAS:

Para este año ya nada, pero para el que viene hazlos unas semanas antes de las Fiestas, verás que ganan muchísimo con el tiempo, les pasa como a los buenos vinos. Deberás guardarlos en botes o latas herméticos. Yo suelo hacerlos en el puente de la «Inmaculada Constitución», el del 6 de diciembre.

Puedes utilizar el azúcar glas comprado o moler en casa el azúcar con molinillo de café, thermomix o similar, …

Si puedes, compra la manteca de cerdo ibérica, no hay mucha diferencia en el precio, pero el resultado es mucho mejor.

Si quieres envolver los polvorones, compra varios pliegos de papel de seda en la librería y córtalos en rectángulos teniendo en cuenta el tamaño del polvorón.

 

 

 

 

Crema de calabaza y castañas

NECESITAS:

  • 500 g de calabaza
  • 1 cebolla mediana
  • 18 o 20 castañas
  • 1 litro de caldo de verduras
  • 1 cucharadita de curri
  • Nuez moscada
  • Sal y pimienta
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Nata liquida
  • Pipas de calabaza

 

¡Tan hartos estamos de lluvia que ya no sabemos hablar de otra cosa!. Vayas a donde vayas y estés con quien estés, sale el tema meteorológico a colación —Creo que nunca ha llovido tanto y tanto tiempo seguido como este otoño—. Está empezando a afectarme, lo digo en serio; es imposible salir a la calle porque te empapas, es imposible organizar nada porque nadie se apunta. Como dicen en la tele, solo apetece sofá y manta.

Aun así, hemos hecho una escapadita para recoger castañas, las últimas de la temporada, pero hemos traído muy pocas, eso sí, a cambio hemos pillado una buena mojadura.

¿Y que te parece el uso que le he dado a tan preciado tesoro?  —más alguna otra cosa que había por la nevera—,  una riquísima y reconfortante crema de castañas y calabaza que, como te puedes imaginar, después del remojón nos ha sentado de maravilla.

Ahora que ya empezamos con la vorágine de las celebraciones navideñas, este plato puede ser una buena opción para un primero, sobre todo si en casa hay niños o personas mayores.

COMO SE HACE:

-Comienza pelando las castañas, que es lo más engorroso de la receta. Deberás quitarles las dos pieles, la exterior más dura y la otra, no importa que se rompan.

-Pon una olla mediana al fuego con cuatro cucharadas de aceite de oliva y sofríe la cebolla troceada hasta que quede blandita.

-Mientras, quítale la piel y las semillas a la calabaza y trocéala también. Rehógala junto con la cebolla, procura que no se dore porque la crema adquiriría un tono parduzco poco apetecible.

-Le toca el turno ahora a las castañas, añádelas a la olla y cocínalas unos minutos.

-Añade a la preparación una cucharadita de curri y una pizca la nuez moscada, remueve inmediatamente para evitar que se quemen e incorpora casi todo el caldo, que cubra un dedo por encima los ingredientes —reserva un vaso más o menos, por si necesitaras rectificar al final—. Añade también sal y pimienta. Tan pronto hierva coloca la tapa medio torcida y deja que cueza a fuego lento una media hora.

-Antes de apagar el fuego pincha una castaña, que es el ingrediente más duro, y si está blandita tritura todo hasta obtener un puré homogéneo.

-Pasa el puré por un chino o un colador y añádele 100 ml. de nata para transformarlo en la irresistible crema de calabaza con castañas que estás preparando.

-Vuelve a poner la olla al fuego, pero antes comprueba el punto de sal por si tuvieras que rectificar y la consistencia de la crema por si necesitaras añadirle algo más de caldo. Cuando vuelva a hervir ya estará lista para emplatar y servir.

Adórnala como más te guste, yo lo he hecho con un chorrito de nata y unas pipas de calabaza saladas.

Sírvete un  plato de esta rica crema tan otoñal y «Que llueva, que llueva …»

¡Espero que te guste tanto como a nosotros! 

LOS PASOS CLAVE:



Deberás tener los ingredientes previamente 
pelados, sin pepitas y troceados.



En una olla con un poco de aceite sofríe la 
cebolla hasta que se ablande.



Añade la calabaza, rehógala sin que llegue a 
dorarse. 



y a continuación incorpora las castañas. 
Cocínalas durante unos minutos.



Incorpora el curri, nuez moscada, sal y 
pimienta.
Añade el caldo y cuece media hora, con la 
tapa mal puesta.



Tritura y cuela. Añade 100 ml. de nata y 
comprueba el punto de sal y consistencia 
por si necesitara más caldo.
Lleva a ebullición otra vez y sirve acompañada 
de un chorrito de nata y pipas de calabaza 
saladas.




SUGERENCIAS:

-Disfrutar de recetas en las que puedas sacarle partido a los productos de temporada no es que solo sea más ecológico, es que también es bueno para tu salud, el paladar y el bolsillo.

-La calabaza es una hortaliza rica en vitaminas y fibras, y pobre en grasas. Y la castaña, como todos los frutos secos, es rica en minerales, pero es más pobre en grasas y más rica en agua que la mayoría de frutos secos. Si prescindes en la receta de la nata o la sustituyes por un poquito de leche desnatada tendrás en un plato muy poco calórico.

-Si quieres utilizar una olla rápida o la exprés acortaras mucho el tiempo de cocinado, con diez minutos de cocción desde que suba la válvula será más que suficiente,

 

Crema de calabaza y pimiento rojo

Necesitas:
  • ½ calabaza violín
  • 1 pimiento rojo
  • 1 cebolla
  • 2 cucharadas de queso fresco, tipo Philadelphia
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta
  • Nuez moscada

 

crema-calabaza-y-pimientos

Una de las formas más sencillas de incorporar hortalizas y verduras a nuestro menú es mediante los purés y las cremas. Una crema caliente en días fríos constituye un reconfortante primer plato y un saludable plato único en la cena, y en verano fría no tienen precio.

Aunque para algunos pecan de sosas y aburridas, a mí no me lo parecen para nada, la clave está en la receta que utilices, así que toma nota de ésta y de algunos consejos y podrás preparar de forma sencilla una dulce, sabrosa y suave crema de calabaza y pimientos rojos  y que te quede perfecta.

¡Espero que te guste!

crema-calabaza-y-pimiento

como se hace:

Pon una olla al fuego con unas tres cucharadas de aceite y rehoga la cebolla troceada, a fuego medio.

Mientras tanto pela y corta la calabaza y los pimientos, no hace falta que los trozos sean pequeños ni regulares porque después habrá que triturarlos. — ¡Echa un ojo a la cebolla!, remuévela de vez en cuando para que no se queme—

Cuando la cebolla comience a ablandarse añade primero los pimientos, deja que se hagan unos minutos y después incorpora la calabaza, — ¡aunque no te lo recuerde, no te olvides de revolver!—

Baja el fuego, añade la sal, pimienta y nuez moscada, y deja que se pochen lentamente las hortalizas. No tengas prisa en este paso, es fundamental para que el plato consiga el sabor suficiente, sin necesidad de recurrir a la “pastillita de caldo”. —¡No dejes de revolver!— 

Observarás como los ingredientes van adquiriendo un tono ligeramente dorado.  En este punto añade agua hasta que los cubra los ingredientes dos dedos por encima. Cuece de 20 a 30 minutos.

Antes de pasar todo por la batidora cerciórate de que no haya demasiado liquido en la olla o te quedará una crema demasiado suelta.  Para ir sobre seguro retira una parte a un vaso y ve rectificando según necesites.  En este paso añade el queso —opcional—. Cuando esté todo bien triturado y hayas conseguido una crema homogénea puedes pasarla por el chino, si quieres un resultado más suave.

Vuelve a poner la crema al fuego y espera a que hierva para evitar que se estropee . —Este paso también es importante—

Los pasos clave:

En una olla con 3 cucharadas de 
aceite rehoga la cebolla troceada, 
unos minutos.
crema-calabaza-y-pimiento
Mientras trocea los pimientos y la
calabaza e incorpóralos a la olla.
Primero los pimientos

crema-calabaza-y-pimiento
Y unos minutos más tarde la calabaza
crema-calabaza-y-pimiento
Sofríe lentamente y añade la sal, 
pimienta y nuez moscada. 
Cubre con agua y cuece hasta que
ablanden, 20/30 minutos.
crema-calabaza-y-pimiento
Tritura primero con la batidora 
y después pasa por el chino.
Si quieres una crema muy suave.
En este paso añade el queso, si
es que has decidido ponérselo

crema-calabaza-y-pimiento

Sugerencias:

Si quieres puedes añadir una patata a la olla y la crema tendrá más consistencia.

El queso fresco puedes sustituirlo por el clásico quesito en porciones o por un chorro de nata, o simplemente pasar…

Haz bastante cantidad y consérvala en botes individuales de cristal, de esta manera tendrás raciones para cuando te apetezcan o necesites una solución rápida. Los botes de mermelada son los ideales; llena los botes con la crema hasta el borde inmediatamente después de hervirla, ponles las tapas y deja que enfríen boca abajo, después guárdalos en la nevera. Aguantan hasta 7 días.

Rape al horno con patatas

Necesitas:

Rape-al-horno-70-1

  • Una cola de rape
  • 3 o 4 patatas
  • 1 cebolla
  • 1 puerro —la parte blanca—
  • ¼ pimiento rojo
  • ½ pimiento verde
  • Azafrán
  • ½ vaso de Oporto —o cualquier otro vino que te guste—
  • Sal
  • Aceite de oliva
  • Harina para rebozara el pescado

Apuesta por cocinar pescado en el horno porque es una apuesta ganadora. Complicándote muy poco puedes obtener un plato exquisito que encantará a todos en casa. Escoge entre los más habituales, merluza, dorada, salmón, lubina, bacalao, … y conviértelos en el plato estrella con el que brillarás en una ocasión especial, o en otro día cualquiera.

Hoy he utilizado el rape —aunque si eliges otra clase de pescado el resultado será igual de bueno— porque como la amiga que me dio la receta la hace con rape, con rape la comparto. ¡Queda espectacular!

Rape-al-horno-33-1

Como se hace:

-Corta la cebolla, el puerro y los pimientos en cuadraditos pequeños (brunoise).

-Limpia las pieles finas que rodean la cola del rape —o pídele al pescadero que te lo haga el—, para evitar que encoja cuando lo cocines. También córtalo en rodajas gorditas, sala y reserva.

-Pela y lava las patatas y córtalas en láminas de medio centímetro (más o menos). Pon una sartén al fuego con abundante aceite, espera a que se caliente y ve friéndolas en tandas, no las añadas a la satén todas de golpe o se romperán. No es necesario que esperes a que se cocinen del todo porque aún tendrán que ir un rato al horno y es aquí donde se acabarán de hacer. Cuando comiencen a cambiar de color retirarlas con una espumadera y ve poniéndolas en la fuente del horno, sala y reserva. Deja sitio para el pescado.

-Enharina el rape y en la misma sartén fríelo brevemente (vuelta y vuelta). Colócalo en la fuente entre las patatas.

-Sofríe la cebolla, puerro y pimientos en el aceite que queda —si crees que es demasiado aceite retira un poco—. Añade sal y espera a que se ablanden.

-En este momento ya puedes ir encendiendo el horno, a 190º arriba/abajo y aire, para que vaya cogiendo temperatura.

-Cuando los vegetales estén bien pochados añade las hebras de azafrán y el vino, sube el fuego para que se evapore el alcohol, un par de minutos, después baja la temperatura y deja que se cocinen unos 5 o 6 minutos más.

-Cubre el pescado con el sofrito y ya puedes colocar la fuente en el horno con la parrilla en la posición central. Cuece durante unos 20 minutos. Transcurrido este tiempo a paga el horno y espera a que el asado repose un ratito dentro antes de servirlo.

Rape-al-horno-43

 

Los pasos clave:

Pela,lava las patatas y córtalas en 
láminas de medio centímetro. Fríelas 
ligeramente y pásalas a una fuente de 
horno. 
Rape-al-horno-79-1jpg

Limpia el pescado, córtalo en rodajas 
y ponle sal. Enharínalo y fríe 
vuelta y vuelta. Colócalo en la fuente 
entre las patatas.
Rape-al-horno-85-1

Corta las cebolla, puerro y pimientos 
en cuadraditos pequeños y póchalos en 
la misma sartén. 
Rape-al-horno-87

Añade el azafrán y el vino,sube el 
fuego para que se evapore el alcohol 
y cocina durante un par de minutos más.
Rape-al-horno-93-1

Cubre el pescado con el sofrito y 
hornea en horno precalentado durante 
unos 20 minutos.
Rape-al-horno-95

Sugerencias:

Preparar un pescado al horno en bastante sencillo y una solución muy práctica cuando hay invitados en casa.

Aunque puedes poner todos lo ingredientes en crudo sobre una fuente y llevarla así al horno, el hecho de pasarlos antes por la sartén nos lleva a ahorrar tiempo de horno y a asegurar el gusto extra que le proporciona la fritura.

Si tienes dudas de cómo conseguir el punto óptimo del pescado —ni crudo ni seco, lo ideal es que la carne pegada a la espina se despegue con facilidad— te puede ayudar el calcular 20 minutos de cocción por el primer kilo y 10 minutos más por cada kilo a mayores de la pieza.

Como siempre, la calidad del producto, fresco o congelado, es importante para un buen resultado, así como también es importante en el congelado el proceso de descongelación. Lo mejor es pasarlo a la nevera la noche anterior, pero si se te fue el “santo al cielo” prueba a meterlo en una bolsa hermética y sumergirlo en un recipiente con agua caliente —la del grifo—, verás cómo en media hora, más o menos, estará prácticamente descongelado. Después lávalo ligeramente y añádele unas arenas de sal. Yo prefiero esta opción a la del microondas.